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Para cumplir con Acuerdo de París, Colombia debe penalizar la deforestación

Sin paños de agua tibia: así es como 91 científicos de 44 países analizaron más de 6.000 estudios sobre cambio climático para elaborar el reporte especial titulado “Calentamiento global de 1,5 oC”, una contribución fundamental para la Conferencia sobre el Cambio Climático que se celebrará en diciembre del presente año en Katowice (Polonia), donde los Gobiernos examinarán el Acuerdo de París suscrito por 195 países, entre ellos Colombia.

El trabajo realizado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ofrece los detalles sobre una serie de impactos del cambio climático que se podrían evitar limitando el calentamiento global a 1,5 oC en vez de 2 oC, o más.

El mundo afronta hoy las consecuencias de haber calentado el planeta en 1 oC, lo cual se puede apreciar en climas más extremos, en la alteración de los regímenes hidrológicos, en el aumento del nivel del mar, en la disminución del hielo del Ártico, en el derretimiento de los glaciares de las altas cumbres, incluyendo los glaciares Andinos, etc. Un calentamiento de 1,5 oC supondrá mayores riesgos tanto para la salud asociados con el clima como para los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria, al suministro de agua y el crecimiento económico. Más allá de los 2,0 oC, los científicos esperan daños más significativos a los ecosistemas globales.

Para ilustrar el caso, en 2100 el nivel del mar aumentaría 10 cm menos con un calentamiento de 1,5 oC que con uno de 2 oC. La probabilidad de que el océano Ártico se quede sin hielo en el verano sería de una vez por siglo (1,5 oC), comparado con una vez por década (2 oC). Los arrecifes coralinos desaparecerían en entre un 70 y 90 % (1,5 oC), mientras que prácticamente todos desaparecerían (más de 99 %) con un calentamiento de 2 oC.

Dicho límite de 1,5 oC también daría más posibilidades tanto de adaptación a las sociedades y los ecosistemas como de no cruzar umbrales peligrosos; además reduciría los impactos sobre la salud humana, los ecosistemas y el bienestar de las sociedades, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

El reporte señala que para limitar el calentamiento global a 1,5 oC se requerirán transformaciones rápidas y ambiciosas en la agricultura, la energía, la industria, los edificios, el transporte y las ciudades, para reducir en 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 45 % con respecto a las de 2010, y alcanzando un “cero neto” hacia 2050.

Menos petróleo y más alternativas

Los cambios drásticos que se deben realizar exigen reemplazar la matriz energética basada en combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas, gasolina, diésel, ACPM) por una basada en energías limpias y renovables (solar, eólica, mareomotriz, de hidrógeno, geotérmica, térmica oceánica, etc.).

También es urgente detener la deforestación de los bosques, que contribuye en un 20 % al calentamiento global (por pérdida tanto de almacenamiento de carbono como del servicio ecosistémico de enfriamiento que provee la evapotranspiración de los árboles), y que además destruye la biodiversidad.

En ese sentido, es urgente penalizar económicamente la deforestación, además de poner un impuesto a la ganadería extensiva que la propicia. También es esencial poner impuestos serios y permanentes a la quema de combustibles fósiles, algo que ya han recomendado el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Las serias amenazas que enfrentan los pueblos y los ecosistemas como consecuencia del calentamiento global se suman a la destrucción y contaminación que los humanos les están causando a los sistemas de soporte a la vida (agua, aire, suelos, bosques, peces). Desde 1970 se han disminuido en un 60 % las poblaciones de mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

Atorados por el plástico los animales que quedan luchan por sobrevivir en océanos más calientes –que destruyen los arrecifes coralinos– o enfrentan una vida en bosques tropicales que están siendo talados de manera imparable. Esto se puede exacerbar en la Amazonia con la elección del candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil, cuyos anuncios preelectorales son macabros para el medioambiente, con consecuencias para todos los países que forman parte de la cuenca Amazónica.

Deforestación retrasa desarrollo económico de Colombia

Tanto la ampliación de las fronteras agrícola y ganadera como la minería de gran escala son factores que han jugado un triste papel protagónico en el proceso irracional de deforestación de los bosques colombianos.

La deforestación agudiza los periodos de sequía en épocas de poca lluvia, o las inundaciones en tiempos de lluvias intensas; está relacionada directamente con los enormes impactos (sociales, ambientales, económicos y ecológicos) provocados por los fenómenos de El Niño y de La Niña, y además impacta el ciclo hidrológico en regiones tropicales, pues un alto porcentaje de las lluvias que caen proviene del agua evapotranspirada por esos mismos bosques.

Preservar los bosques no implica quedarse inmóviles ante la belleza de la naturaleza; los páramos y bosques tropicales son unos “tesoros” por descubrir, pues en ellos se pueden hallar nuevos productos y patentes, fármacos, cosméticos, compuestos químicos, nuevas moléculas, colorantes, odorizantes, saborizantes, resinas o productos genéticos; todos ellos se podrían aprovechar de forma sostenible con altísimo valor agregado.

Para comprender el valor de toda esa riqueza hace falta investigación científica de punta que convoque a las ciencias exactas, físicas y naturales, incluyendo la hidrología, la climatología y las ciencias del agua; además es necesario poner en marcha todos los procesos de innovación y desarrollo biotecnológico que ello demande.

Esta es quizá la única –y tal vez la última– esperanza de que el país sea una potencia económica mundial, pero la deforestación está acabando con ese enorme potencial. Por eso es obligatorio detener la desaparición de nuestros bosques, para lo cual es vital conseguir una regulación sólida del Estado, además de una valoración honesta de los sistemas de soporte a la vida, de tal manera que se los podamos preservar a las generaciones futuras.

Ya mismo Colombia se debe poner como meta un propósito nacional de cero deforestación; no del 20 % ni para el 2030 como se comprometió a hacerlo en el Acuerdo de París, pues ese compromiso es muy pobre y muy tardío.

 

* El profesor Poveda también es miembro de Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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