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Panorama laboral en Colombia: situación reciente y desafíos

Durante el gobierno de Juan Manuel Santos se observan situaciones diferentes en los indicadores laborales en ambos cuatrienios de su mandato:

  • En el primer mandato, una reducción notable de la tasa de desempleo que alcanzó casi el 20 % en cuatro años; la misma tendencia pero en menor magnitud del empleo informal, y un aumento leve (mucho menor que los años precedentes) de la participación laboral.
  • En el segundo periodo las cifras evidencian un deterioro en materia laboral, por cuanto aumenta el desempleo, se estanca la reducción de la informalidad y la generación de empleo y se da una leve reducción de la participación laboral.

En marzo de 2017 el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, afirmaba que “lo peor ya pasó para la economía colombiana”. Sin embargo un año después el desempleo continuó aumentando.

La bonanza petrolera no se aprovechó para invertir en infraestructura y política sectorial que permitiera enfrentar un contexto diferente, como el presentado en el segundo mandato Santos, cuando el precio del petróleo se redujo a más de la mitad en seis meses y empezó la tendencia de la devaluación del tipo de cambio.

A pesar de los potenciales beneficios que la devaluación podría tener para la industria, con baja demanda de importables, durante estos años el mejoramiento registrado en este sector económico no fue significativo. El país se ha visto seriamente afectado por la reducción en el precio del petróleo; en marzo de 2017 el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, afirmaba que “lo peor ya pasó para la economía colombiana”. Sin embargo un año después el desempleo continuó aumentando.

Empleo por ramas de actividad y posición ocupacional

De los cerca de 1.800.000 nuevos ocupados en el primer cuatrimestre entre 2010 y 2018, más de 500 mil fueron trabajadores cuenta propia (personas que trabajan con sus propios medios, que no contratan y no son contratados). Además, el 25 % de los nuevos asalariados no accedió a derechos laborales en su empleo.

Un aspecto crítico es que, del empleo urbano generado, la industria manufacturera –que en promedio tiene mejores puestos de trabajo– es la que presenta peor desempeño en el periodo reciente.

En ese sentido, el balance en materia de empleo vinculado con los nuevos puestos de trabajo sería relativamente positivo porque entre 2010 y 2018 la tasa de desempleo se redujo en 13 % y la informalidad en 11 %. No obstante, ese mismo resultado evidencia las limitadas mejoras en los indicadores porque la informalidad sigue siendo alta y el desempleo urbano está por encima del 11 %.

Un aspecto crítico es que, del empleo urbano generado, la industria manufacturera –que en promedio tiene mejores puestos de trabajo– es la que presenta peor desempeño en el periodo reciente. De hecho, contrario a lo esperado por la devaluación, esta industria fue la única rama de actividad que redujo el total de ocupados en las ciudades (ver cuadro). Incluso le fue peor que entre 2010 y 2014, cuando el dólar estuvo por debajo de los 2.000 pesos, casi en todo el periodo.

Heterogeneidades geográficas

Colombia presenta grandes diferencias geográficas en cuanto a su problemática laboral. Como se observa en la gráfica, mientras en las principales ciudades de la costa Caribe la tasa de desempleo es de un dígito, en Armenia, Cúcuta y Quibdó supera el 15 %.

A esto se suma que la calidad del empleo también difiere en función de la estructura productiva y la situación y los cambios en las economías regionales. Mientras que Bogotá y Tunja tienen el mejor desempeño comparadas con las demás ciudades, existen graves casos extremos como los de Cúcuta, con una tasa de empleo informal superior al 70 %, y Quibdó, que presenta un nivel de desempleo de 18 %.

En el primer caso, la ciudad ha sido impactada por el aumento de la oferta laboral asociada con la migración de Venezuela, que implica en el corto plazo que la población acepte puestos de trabajo informales o se inserte en el “rebusque”, mientras que en Quibdó persiste el abandono institucional y el rezago económico que conduce a que, a pesar de no tener una elevada participación laboral, la tasa de desempleo sea la más elevada del país.

Situación de grupos poblacionales

Un aspecto importante de la problemática laboral del país es la situación que enfrentan grupos poblacionales como las mujeres, los jóvenes y los trabajadores pobres y de baja calificación. Las mujeres tienen una participación laboral inferior en 20 % respecto a la de los hombres; aun así, su desempleo es considerablemente mayor (13,9 % y el de los hombres 9,2 %), lo que evidencia su exclusión en el mercado laboral. A esto se suma la segregación en actividades de baja calidad como el empleo doméstico y el trabajo no remunerado. Un aspecto que sigue siendo problemático es la menor remuneración a las mujeres por el mismo trabajo y nivel de calificación que los hombres (en promedio 14 %).

La tasa de desempleo de los jóvenes es de 23,5 %; ellos presentan mayor inestabilidad en el empleo y aunque se ocupan menos como independientes, lo hacen en una buena proporción como asalariados sin ningún tipo de contrato ni garantía laboral.

Un aspecto que sigue siendo problemático es la menor remuneración a las mujeres por el mismo trabajo y nivel de calificación que los hombres (en promedio 14 %).

Finalmente, los trabajadores de baja calificación (experiencia, nivel educativo) son los que enfrentan mayor probabilidad de tener empleos de mala calidad y bajas remuneraciones, por lo que terminan integrando hogares cuyo nivel de vida no alcanza a superar el umbral de pobreza.

Desafíos y políticas laborales

A diferencia de como lo planteó el presidente electo en su campaña, la problemática laboral no se puede solucionar solo fomentando la reducción de costos salariales y la demanda de trabajo, ya que esta se deriva del incremento del nivel de producción y esto solo tiene sentido si hay población con ingresos suficientes para mantener su nivel de consumo.

Por lo tanto, incentivar a los empleadores a contratar más trabajadores reduciendo el costo laboral y los impuestos es solo una parte de las posibilidades de política. La intervención en materia laboral también debe considerar la importancia de la oferta y el nivel de ingreso de los trabajadores.

Para contrarrestar los bajos niveles de crecimiento económico es fundamental pensar en políticas de empleo y sectoriales que garanticen el sostenimiento del consumo y que se articulen con objetivos de reducción de pobreza y desigualdad.

La intervención en materia laboral también debe considerar la importancia de la oferta y el nivel de ingreso de los trabajadores.

De ahí que sea perentorio ejecutar políticas laborales focalizadas sobre los grupos que refuerzan el ingreso familiar, como los jefes de hogar, y en sectores que generan empleos formales como la industria; pero también políticas sobre grupos con alto nivel de desempleo e informalidad como las mujeres y los jóvenes, además de trabajar de manera cercana con los gobiernos locales para luchar contra los grandes problemas laborales de ciudades como Cúcuta y Quibdó.

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