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Musicoterapia ayuda a sobrellevar mejor la muerte de un hijo

El duelo es una experiencia inherente a la muerte; cuando se trata de un hijo, cada persona que lo vive pasa por un proceso único, personal y variable. En busca de mecanismos para afrontarlo, la musicoterapia se propone como una alternativa que puede lograr la resignificación de la muerte, pero sobre todo puede lograr que la vida después de perder a un ser querido adquiera un nuevo sentido.

A esta terapia recurrió Emilena después de que perdió a su hija Sandra, quien falleció por un osteosarcoma, cáncer que afecta los huesos y es considerado por los médicos como uno de los más agresivos y comunes en niños y adolescentes.

Su voz sin aliento y su mirada distante se transforman en un brillo en los ojos cuando habla de su hija. Con una sonrisa discreta, ella la describe como “una mujer grande”, porque pese a sus 17 años enfrentó su enfermedad con mucha madurez y valentía. Sandra fue una guerrera que incluso en cuidados paliativos mostró siempre una actitud positiva, entusiasta y alegre frente a la vida, y esto la hacía ver como una chica saludable.

“Muchos me ven por ahí sonriente, algunos me dicen lo bonita que estoy, y otros que hasta parezco saludable…me lo dicen sin saber mi condición; sin saber de mi dolor, sin saber del ahogo y de la tos que me atormentan casi todo el día… y que muchas veces ese dolor deja de ser físico y se convierte en dolor del alma”, escribió la joven en la revista Renovatio (2012) dos meses antes de su muerte.

Con esta misma actitud de luchadora, la adolescente concientizó a su madre acerca de su pronta partida. Los últimos meses fueron muy valiosos para compartir, expresar y comunicar lo que pudiera estar pendiente. También hubo tiempo para despedirse y agradecerse la una a la otra por lo que vivieron juntas. Al final Sandra, después de varios días bajo el efecto de sedantes que paliaban su dolor, falleció con las manos entrelazadas a las de su madre.

“Es muy común que la relación médico-familia se rompa después del fallecimiento del paciente, y quizás ese sea el momento en el que más se necesita de un profesional que apoye el proceso de la familia en duelo”, señala.

Desde entonces ya transcurrieron cinco años. Sin embargo Emilena recuerda ese momento con el mismo sentimiento de aquel día. Aunque hizo todo lo que estuvo a su alcance y le expresó todo lo que pudo a su hija, siempre siente que faltó algo: “tiempo para vivir, tiempo para hacer, tiempo para ser”, afirma.

En Colombia el cáncer es la segunda causa de muerte de niños. Según el Instituto Nacional de Cancerología, cada año se diagnostican cerca de 2.200 nuevos casos, de los cuales, hasta el 40 % no sobrevive, como le ocurrió a la hija de Emilena. Su dolor es el mismo que sobrellevan cientos de familias colombianas.

A partir de esta esta problemática, la doctora Angélica Chantré Castro, médica pediatra y magíster en Musicoterapia de la Universidad Nacional de Colombia (UN), quiso que su labor profesional no terminara con la muerte de sus pacientes pediátricos sino que se extendiera para ayudar a sus familias a llevar mejor su proceso de duelo. “Es muy común que la relación médico-familia se rompa después del fallecimiento del paciente, y quizás ese sea el momento en el que más se necesita de un profesional que apoye el proceso de la familia en duelo”, señala.

Al cabo de tres años de trabajar en el área de Oncología Pediátrica de la Fundación Hospital de la Misericordia, la médica encontró que la musicoterapia podía brindarles a las familias en duelo herramientas que les ayudaran a hacer más llevadero y edificante su proceso.

Con un grupo de seis mujeres –cuatro madres y dos tías de niños fallecidos por algún tipo de cáncer o por enfermedades hematológicas–, la doctora realizó un proceso musicoterapéutico que constó de 10 sesiones semanales, cada una de dos horas.

Durante esos encuentros se trabajaron las cuatro tareas específicas para la elaboración del duelo descritas por el psicólogo William Worden:

  • Aceptar la pérdida.
  • Procesar el dolor.
  • Ajustarse al mundo sin la persona fallecida.
  • Encontrar una conexión duradera con el ser querido para continuar viviendo sanamente.

Para lograr este resultado, dichas tareas se adaptaron combinando los cuatro métodos descritos universalmente por la musicoterapia:

  • Improvisación
  • Composición
  • Re-creación
  • Método receptivo

Como cada uno de los procesos de duelo es diferente en cada persona, y las etapas y tareas no se presentan en un orden secuencial, o se viven más de una vez, en la primera sesión la magíster realizó una valoración musicoterapéutica y psicológica por medio del Inventario de Duelo Complicado (IDC), validado para la población colombiana por profesionales de la UN. Su objetivo es detectar los síntomas persistentes que hacen que un duelo sea considerado como patológico.

Teniendo como herramienta principal la música, en las sesiones siguientes las participantes realizaron actividades como la improvisación con instrumentos, la meditación guiada por música, el canto conjunto, el análisis lírico y la re-composición de canciones, entre otras.

En la etapa inicial del proceso se realizó un ejercicio de imaginación guiado, con audios editados o música en vivo, en el que se transportaba mentalmente a las participantes a las horas previas al fallecimiento de su ser querido. En este momento se buscó establecer diálogos escritos con ellos para que las madres y tías pudieran expresarles todo lo que sintieran por ellos y que tal vez, por las circunstancias del fallecimiento, no habían podido decirles.

Para transformar el dolor en algo que fuera motivo de esperanza, las participantes de la investigación cantaron juntas y recompusieron la canción favorita de su hijo, con el fin de darle un nuevo significado y lograr que cuando la escucharan no fuera motivo de tristeza sino un homenaje a su ser querido.

“A mi hija le gustaba la canción La flaca, de Andrés Calamaro. Después de que ella murió, yo lloraba mucho cuando la escuchaba. Sin embargo al recomponerla en los ejercicios de musicoterapia y hacer una nueva versión, una versión mía y de mi hija, se convirtió en algo muy hermoso. Ahora es uno de mis tesoros”, precisó Emilena.

En la última etapa, para reconocer y reafirmar una conexión duradera con su hijo por medio de la meditación, se invitó a las madres y tías a escuchar al niño en el fondo de su propio ser para luego componer una canción entre todas usando las frases que habían salido de su interior. Dichas frases fueron compartidas y musicalizadas usando melodías que las mismas usuarias habían improvisado espontáneamente en el piano.

La pieza musical final fue una canción llena de esperanza, confianza en la vida y reiteración del inmenso amor y conexión que existe con sus seres queridos. Así pudieron brindarle un homenaje póstumo a sus hijos y reconocerse a ellas mismas como seres valiosos y con un sentido de vida.

“A mi hija le gustaba la canción La flaca, de Andrés Calamaro. Después de que ella murió, yo lloraba mucho cuando la escuchaba. Sin embargo al recomponerla en los ejercicios de musicoterapia y hacer una nueva versión, una versión mía y de mi hija, se convirtió en algo muy hermoso. Ahora es uno de mis tesoros”,

“Reconocer e identificar esa conexión con su hijo o hija es lo que hace que la madre pueda continuar con su vida sin que su recuerdo interfiera en su tranquilidad y en su diario vivir” explicó la médica.

Al final del proceso, cuando se aplicó nuevamente la prueba IDC a las participantes, se estableció que la mayoría reportó una disminución favorable en elementos del duelo como la alteración emocional, la falta de aceptación de la pérdida y las sensaciones de vacío, aislamiento y sinsentido.

“Con este proceso me pude dar cuenta de que el dolor se puede procesar mucho mejor con la música, ya que esta facilita la expresión libre y espontánea de los sentimientos y emociones que tenemos represados”, precisó Emilena.

Aunque las actividades en la musicoterapia pueden variar según las necesidades del grupo y del terapeuta, se abre la posibilidad para que la música se use como terapia para la elaboración sana del duelo. Esta herramienta se empieza a mostrar con una respuesta adecuada al interrogante de cómo ayudar a enfrentar el dolor.

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