Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Movimientos sociales, lucha contra la pandemia y poder constituyente

Ironías de la globalización: por primera vez en la historia toda la humanidad está confrontada a la misma crisis, en el mismo tiempo. En un mundo globalizado, todos los Estados, en condiciones desiguales, se ven obligados a enfrentar la pandemia del coronavirus, o COVID-19, con sistemas y servicios de salud en algunos casos colapsados o debilitados.


Las retóricas frente a la pandemia y las dimensiones culturales de las reacciones de Estados y regiones no es la misma, lo que confirma que la globalización establece distinciones a menudo implacables.


Puedes leer: El COVID-19 en la cárcel: ¿llegan primero la ansiedad y el miedo que el virus?.
 

Los movimientos
 

Sin duda, hay un antes y habrá un después de la pandemia. Después de esta crisis sanitaria de escala planetaria, seguramente el mundo no será el mismo que hemos conocido. El remezón planetario generado por el coronavirus ha puesto en evidencia la fragilidad de la humanidad de todos y está sacudiendo los cimientos mismos de la geopolítica y las estructuras políticas puestas en marcha hasta ahora.
 

La pandemia está reacomodando el tablero de la geopolítica en el cual se agudiza la competencia entre Estados Unidos y China, adversarios estratégicos que se juegan su posición en el liderazgo mundial en medio de intereses de dimensiones enormes. La China le disputa a Washington el rol de la mano amiga, mientras el liderazgo de su mandatario, Donald Trump, vacila ante los dictados de la política interna para alcanzar una reelección que se presenta como un proceso difícil, lleno de accidentes en medio de la crisis. 
 

Algunos países del continente europeo reciben los embates letales de la pandemia, generando incertidumbres sobre la forma como la Unión Europea saldrá de esta crisis, si debilitada o fortalecida, para jugar un rol importante en la escena mundial.
 

Una crisis mundial como la del COVID-19 exige una respuesta mundial coordinada, pero infortunadamente no es el caso.


En Brasil, un Gobierno climático-escéptico, liderado por Jair Bolsonaro, optó por hacer negacionismo de la pandemia, que calificó de “invención”, criticando un supuesto ambiente de histeria de fin del mundo, con lo cual pone en evidencia las insuficiencias del populismo para responder a desafíos globales.
 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha hecho un llamado a todos los países para que den una respuesta oportuna a la pandemia según sus capacidades y recursos disponibles, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) intenta ejercer una función de coordinación reuniendo a toda la comunidad científica para determinar las prioridades en investigación y acelerar los avances.
 

El sistema internacional requiere de mayores bríos para enfrentar el problema, ante una división planetaria que no ha perdido significación, pero redimensionada por la globalización.
 

Te puede interesar: Los decretos de la emergencia para mitigar el COVID-19.

 

El norte con capacidad de recursos responde a la pandemia en mejores condiciones que un sur en el que después de varias décadas el sector salud –como una generalidad con contadas excepciones– ha estado en el centro de políticas que lo han puesto al borde del colapso o en evidentes dificultades para responder al desafío sobre todo en infraestructura hospitalaria y en investigación científica. Una forma de entender la globalización estableció sus discriminaciones durante varias décadas. 
 

Es urgente ampliar el espectro de la cooperación internacional para responder eficazmente a las necesidades del sur del planeta, en el entendido de que el control de la pandemia en el norte sería un esfuerzo vano si el coronavirus desencadena sus fuerzas implacables en el sur de América, África, el sudeste asiático y Oceanía.

La pandemia es también un fenómeno de la globalización: las personas pueden aislarse, los Estados no. 


El minúsculo virus ha tenido la fuerza suficiente para afectar también la salud de la economía del planeta. Expertos predicen que el mundo entrará en una profunda recesión arrastrando tras de sí varios sectores de la economía. La convalecencia exigirá varios años y dependerá de la situación sanitaria del mundo entero y de las evoluciones de cada país.
 

Paradojas que la historia trae consigo: el coronavirus se desencadenó, en el tiempo, sobre las estelas de los movimientos sociales que expresaban desconfianza hacia ciertas formas de la política e inconformidad por el “retiro” de los Estados y su pérdida de capacidad de acción frente a problemas como el cambio climático y el recorte a los derechos a la salud, a la educación y al trabajo.
 

Puedes ver: ¿Qué es una pandemia y cómo se determina?.
 

El coronavirus está redimensionando, desde ya, las desigualdades expresadas con más contundencia por los movimientos sociales y también por organizaciones internacionales reconocidas por la seriedad de su trabajo, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
 

En Chile, para citar un caso cercano, el gobierno de Sebastián Piñera decretó un aislamiento por una semana, desde el 26 de marzo, solo para 7 de las 32 comunas de Santiago, medida cuestionada por el Colegio Médico, que la calificó de tardía, después de haber reclamado que varias medidas fueron decretadas para toda la región metropolitana. El referendo del 26 de abril para la adopción de una nueva Constitución Política ha sido aplazado para octubre.
 

Las evoluciones de las respuestas a la pandemia y las transformaciones del sistema internacional se sumarán a los “factores de poder” que definirán los nuevos procesos constitucionales en el mundo. Si las tecnologías y los desarrollos científicos marcarán la evolución de la pandemia, las decisiones que definirán esos nuevos procesos constitucionales –propuestos en Chile y promovidos en Francia por los “Chalecos Amarillos”– tendrán que ser políticas.
 

La tarea: constituir
 

El nuevo constitucionalismo está para ser repensado, pero es una obviedad que frente a la amenaza de una pandemia que ataca a todos sin ninguna distinción, la prioridad es la solidaridad. Sobre todo, hay que poner la voluntad de resistir a la muerte.
 

Ha llegado la hora de dejar los conflictos armados, para concentrar esfuerzos en el verdadero combate de nuestras vidas, como ha expresado el secretario General de la ONU, António Guterres.
 

Es también hora de que los Estados concentren esfuerzos en el apoyo al sector salud, a los profesionales y operarios de la salud: la prioridad es la salud. Los apoyos de los Estados al sector empresarial y a los servicios financieros deberían estar condicionados a la exigencia de contribuciones, como contraprestación, para sumar esfuerzos a la lucha contra la epidemia. 

Puesto que se expresan preocupaciones por la economía, no sería exagerado sugerir programas de reconversión industrial para la producción en escala de instrumental, equipos médicos e investigación científica para combatir o mitigar la pandemia actual y prever las evoluciones futuras.
 

Si algo queda claro es que no estamos en guerra sino en una lucha por la supervivencia, de la cual muy probablemente saldrán, no “vencedores” y “vencidos”, sino nuevas ciudadanías y formas de participación política en las que ciudadanos y pueblos puedan reivindicar sus derechos, incluyendo el derecho a la supervivencia.
 

Además: Medidas económicas por COVID-19, ¿funcionan?.
 

De la pandemia actual quedará que, como en el célebre ensayo de Emmanuel Sieyès, los ciudadanos y los pueblos que hoy no son nada, puedan contar para algo, para construir otras formas de democracia y participación. Luigi Ferrajoli, jurista italiano, ha sugerido que hoy están dadas las condiciones de una esfera pública planetaria.
 

En línea con un constitucionalismo global, Ferrajoli ha propuesto un proyecto que ha llamado “Costituente Terra”, afirmando, en tiempos del coronavirus, que “por primera vez en la historia existe un interés público y general mucho más amplio y vital que todos los diferentes intereses públicos del pasado: la supervivencia de la humanidad y la habitabilidad del planeta”.
 

Se podría replicar que estas reflexiones son demasiado prematuras. Y que la prioridad es responder a los desafíos sanitarios inmediatos de la pandemia, lo cual es absolutamente cierto. Pero podría contribuir a la esperanza pensar que después de esta crisis quedará un mundo por construir.
 

Reivindicar derechos de los pueblos y reclamar un poder constituyente mundial para la estructuración del sistema internacional debe ser la trascendencia política del constitucionalismo clásico, en concordancia con los tiempos pandémicos y de globalización inconclusa que vivimos.
 

Hay que darle el sentido de “acto de creación”; de acto constituyente de la mundialización. Va quedando claro lo que está juego en esta crisis que afecta a toda la humanidad: nuestra propia supervivencia.

Relacionados

1918,2946,127,3047

Un análisis encendió la alerta sobre el COVID-19 al referirse a él como una “sindemia” y no como una pandemia. El profesor Juan Carlos Eslava, del...

A few days ago, the prestigious journal medical The Lancet published an editorial with a controversial header “COVID-19 is not a pandemic” 1. Beyond...

El reporte más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) mostró que durante la pandemia por el COVID-19 una cuarta parte...

Hace pocos días la prestigiosa revista The Lancet publicó un comentario editorial con el provocador título de “COVID-19 no es una pandemia”1. Más allá...

The capital of the Province of Amazonas has close to 50,000 inhabitants and 100,000 visitors a year and has the intention of turning into a national...

Consejo Editorial