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Medicamentos biológicos, caros para tratar la artritis

gicos representa entre 30 y 42 millones de pesos al año.

Para atender la artritis reumatoide temprana –aquella que se detecta de manera precoz–se utilizan medicamentos tanto de síntesis (farmes) como biológicos. Los primeros, según el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), son “fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, elaborados con compuestos químicos, que ralentizan e incluso detienen su evolución, al modificar el sistema inmunológico, y además son más económicos y efectivos”.

Los segundos están constituidos por moléculas de gran tamaño formadas por las proteínas que producen los organismos vivos (es el caso del cartílago o del gluten, presente en el trigo o la cebada), como por ejemplo la insulina o las vacunas.

En la investigación adelantada por el profesor Jorge Augusto Díaz Rojas, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UN), se constató que mientras un paciente con artritis reumatoide temprana tratado con farmes le cuesta al sistema de salud entre 700.000  y 1.300.000 de pesos al año, uno atendido con biológicos representa entre 30 y 42 millones de pesos al año.

“Lo más llamativo es que no hay diferencias clínicas significativas en cuanto a efectividad y seguridad entre estos dos grupos de medicamentos”, revela el primer estudio comparativo y prospectivo realizado en el país en torno a esta enfermedad que padecen alrededor de 200.000 personas en Colombia, según la Guía de práctica clínica para la detección temprana, diagnóstico y tratamiento de la artritis reumatoide, del Ministerio de Salud y Protección Social.

El profesor Díaz, doctor en Ciencias Farmacéuticas de la UN, afirma que los costos de producción tienen implicaciones en la política de precios de los medicamentos porque la industria farmacéutica tiene ánimo de lucro y busca recuperar la inversión en recursos en investigación, desarrollo, producción y comercialización, además de lucrar a los accionistas. “Por esta razón manejan precios altos, a pesar de que en general el aporte en los resultados de salud de los usuarios sea mínimo con respecto a lo existente”.

Se trata de una situación preocupante si se tiene en cuenta que aunque los costos directos –como especialistas, pruebas de laboratorio, imágenes diagnósticas y medicamentos– están cubiertos por el sistema de salud, estos últimos representan el 90 %.

Con respecto a los costos indirectos asociados a la enfermedad –invalidez, incapacidad laboral y ausentismo laboral–, la investigación estimó que las incapacidades médicas de la población estudiada sumaron alrededor de 559 millones de pesos.

Más costoso no siempre es mejor

Durante los años  2014 a 2016 y con la cooperación de dos EPS de Bogotá, se hizo el seguimiento trimestral de 345 pacientes con artritis reumatoide temprana, de los cuales 272 fueron tratados con medicamentos de síntesis y 73 con medicamentos biológicos. Las categorías para el seguimiento del estado de la artritis reumatoide temprana, empleadas son: remisión, cuando el paciente está en buen estado de salud, y según el estado de avance de la enfermedad, que puede ser leve, moderado o alto.

Uno de los principales hallazgos de este estudio fármaco-económico es que el costo final de los 272 pacientes tratados con medicamentos de síntesis fue de 963 millones de pesos, mientras que de los 73 pacientes con medicamentos biológicos fue de 6.126 millones.

El profesor Julián López, profesor del Departamento de Farmacia y director del Centro de Información de Medicamentos de la UN (CIMUN), señala que la investigación del doctor Díaz evidencia que los medicamentos biológicos tienen muy pocas ventajas frente a los de síntesis química, y sin embargo se han sobrevalorado. “No siempre nuevo y costoso significa mejor”.

Según los protocolos de prescripción avalados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo se pasa de farmes a biológicos “en caso de que se presenten eventos adversos, como una infección grave, insuficiencia cardiaca o daño renal, o cuando no haya respuesta del paciente a los medicamentos de síntesis.

Al respecto, la profesora Claudia Vaca, directora del Centro de Pensamiento, Medicamentos, Información y Poder; recuerda que en Colombia las guías de manejo de la enfermedad indican que el tratamiento de artritis reumatoide se debe empezar con medicamentos de síntesis química, y después se hace la transición al medicamento biológico, siempre y cuando esté justificado.

Sin embargo, mientras que en Europa se presenta una tasa del 7 al 10 % de uso de medicamentos biológicos, en algunas EPS colombianas dicha tasa oscila entre el 25 y el 40 %, según se reporta en el libro Situación de la artritis reumatoide en Colombia, publicado en el portal Cuentadealtocosto.org, del Fondo Colombiano de Enfermedades de Alto Costo.

“Se está pagando muchísimo por una innovación que retrasa la enfermedad, pero no la cura; pese a ello, el incentivo de los laboratorios para usar medicamentos biológicos es muy alto”, subraya la profesora Vaca.

Atención temprana es primordial

Según los cálculos realizados por el profesor Díaz, reducir el uso de biológicos hasta unos niveles compatibles tanto con las recomendaciones nacionales e internacionales como con la historia natural de la enfermedad y la epidemiología, puede representar un ahorro en el presupuesto del sistema de salud y una reducción de su participación sobre la unidad de pago por capitación, mecanismo colectivo de aseguramiento (Resolución 5268 de diciembre de 2017).

Por ejemplo, afirma que lo que se ahorre en medicamentos se puede invertir en atender un mayor número de pacientes. Así, si se lograra bajar el uso de los biológicos se llegaría a un ahorro de 1.500.000 unidades de pago por capitación (UPC) –valor anual que se da por cada afiliado al sistema de salud– en el grupo de edad entre 45 a 59 años, el más susceptible a padecer la enfermedad. Esto equivaldría al aseguramiento de un 1.500.000 de pacientes en cinco años.

Además, la reducción del uso de medicamentos  biológicos le ahorraría al país 4,29 billones de pesos en cinco años, es decir más del doble del presupuesto destinado para la educación en 2019.

El investigador afirma que la atención temprana es primordial: “lo ideal es que los pacientes tengan acceso, cobertura y oportunidad dentro del sistema de salud, independientemente de que pertenezcan al régimen contributivo o al subsidiado, lo que significa que puedan tener manejo con un especialista y recibir el tratamiento lo más temprano posible, máximo seis meses después del inicio de los síntomas de la enfermedad”.

Otras recomendaciones del estudio adelantado por el profesor Díaz son: consolidar un registro nacional de la información clínica y sociodemográfica de los pacientes, que sea oportuno, transparente y accesible, y que permita desarrollar la investigación y hacer seguimiento al uso adecuado de los biológicos; que las instituciones reguladoras del país mejoren y complementen las medidas de control y seguimiento de las tecnologías de muy alto costo pero de bajo valor o aporte clínico; e iniciar en las escuelas de salud la enseñanza de la atención consciente de los costos.

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