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Líneas de defensa en el sistema financiero ante la pandemia

La situación económica se vuelve cada vez más crítica y el sector financiero es uno de los que corre más riesgos por estar en medio de choques simultáneos entre oferta y demanda; sin embargo, también es uno de los más flexibles para prestar soluciones ante el grave contexto actual.
 

Mantener constantes los ciclos de pago ante una reducción de los ingresos de los deudores colombianos no era nada viable para el sector. Por ahora se estima que alrededor de 11,6 millones de ellos han visto afectados sus ingresos y han solicitado ayuda a los establecimientos financieros tendientes a recibir alivios como una opción para sobrellevar sus deudas sin caer aún en la morosidad.
 

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Al realizar una investigación sobre el tema en cuestión, según cifras con corte de julio de la Superintendencia Financiera de Colombia, cerca de 16,56 millones de créditos son de personas tanto naturales y jurídicas, los cuales han sido sujetas a prórrogas y periodos de gracia en lo que lleva la pandemia (esto es desde la última semana de marzo 2020).
 

Esto refleja que el riesgo de impago de muchos compromisos crediticios era evidente por aspectos como: (i) el desempleo ampliado, (ii) la negociación de salarios a la baja, y (iii) la reducción de ingresos adicionales como arriendos, ventas e ingresos de actividades informales, entre otros.
 

Por eso, el pasado 1 de agosto se extendió el Programa de Acompañamiento a Deudores, en el cual la Superfinanciera señala instrucciones adicionales a todos los establecimientos de crédito para que estipulen las condiciones en la redefinición de las obligaciones adquiridas por los deudores. Algo positivo es que estará vigente por lo que resta del año, es decir hasta el 31 de diciembre de 2020.
 

Para ampliar estos análisis, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) realizó un seminario virtual a fin de discutir temáticas relacionadas con la solidez del sistema financiero en tiempos del coronavirus, y de este ejercicio se destacaron algunas ideas interesantes.
 

Inicialmente, al estimar el efecto de la pandemia sobre este sector, se obtuvieron diferencias sustanciales en comparación con la crítica coyuntura anterior a la crisis financiera de 2008. En esta ocasión, los bancos iniciaron un año atrás con mayores niveles de capital y mejores estándares de liquidez. Por ende, ahora el sistema tuvo una mayor solvencia de los bancos antes de que estallara la crisis.
 

Por lo mismo, se proyecta que el sistema financiero colombiano podría absorber ordenada y progresivamente los choques derivados de la pandemia. Las medidas que se han tomado limitarían la prociclicidad del sistema financiero ante la crisis económica que se concentra cada vez más; esto hace referencia a la multiplicación de los flujos de capital en un contexto favorable, y que luego desaparecen de repente ante un cambio de contexto provocando efectos desmesurados; prácticamente se trata de pasar del derroche a la austeridad excesiva, o viceversa.
 

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Por lo pronto, las proyecciones del Gobierno nacional estiman que existe la capacidad de gestionar la situación, pero eso depende de la gran incertidumbre, ante la cual nadie se atreve aún a hacer un estimado más preciso: la velocidad de la reactivación económica. Y que, dada la situación del cierre masivo de negocios, pérdidas de empleos, golpes sectoriales, entre otras, la recuperación se hace cada vez más lejana.
 

Al respecto, la lucha que ha dado el sistema financiero se resume en cuatro líneas de defensa:
 

i) El funcionamiento adecuado del sistema de pagos. Aquí, el Banco de la República ha sido clave para ampliar la entrega de liquidez en pesos y en dólares para todos los agentes que lo requieran.
 

ii) Aliviar las pérdidas de ingresos de las familias y las empresas. Al respecto, el Gobierno ha realizado giros masivos para programas nuevos y existentes tendientes a subsidiar el pago de nóminas de empresas, e incluso de independientes afectados. De igual manera, la bancarización ha sido clave para apoyar a grandes colectivos y para reducir los costos de transacción.
 

iii) Visibilizar la pérdida de ingresos de las empresas y las familias. Se ha autorizado diferir las cuotas hasta diciembre de 2020, se han flexibilizado las reglas para contabilizar el deterioro de clientes y para el uso de provisiones.
 

iv) Mantener el flujo de crédito a las empresas y familias colombianas. Esta última línea es clave en el proceso de restauración. El Gobierno nacional ha brindado garantías públicas para el acceso al crédito, de tal forma que sirva para capital de trabajo, otra forma de solventar el pago de nóminas y mitigar el impacto a nivel regional y sectorial.

La tensión en el sector ha sido controlada por políticas públicas rápidas, y, se espera, efectivas. Pero la constante viene siendo el reto tan grande que significa mantener el flujo del crédito en medio de esta situación pandémica, y gestionar algunos de los riesgos más contundentes para los establecimientos financieros. El deterioro de las carteras es notable.


Por lo pronto, Colombia tiene periodos de gracia con un alcance mucho más amplio en comparación con países como Chile. Y la cartera que ha recibido este y otros alivios es muy amplia. Es claro que tanto los hogares como las empresas colombianas se han mostrado más cautelosos a la hora de adquirir nuevas deudas y obligaciones financieras ante la incertidumbre de la reactivación sectorial en la coyuntura actual.


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Si bien el sector financiero tiene con qué soportar la crisis, no hay que sobreestimar su capacidad, pues es necesario seguir evaluando el cumplimiento de la banca. Lo que está pasando implica un riesgo al sistema que requiere consistencia y visión de largo plazo. Es preciso preservar el orden en el sentido de que quienes pueden pagar lo hagan, y redefinir las deudas que no se puedan pagar como se realizó, pero teniendo estricto control de abusos en cobro de intereses u otros sobrecostos bancarios.


Ya Colombia conoce y el mundo ha visto los efectos catastróficos de una crisis financiera, y nadie le puede apostar a pensar en ello en nuestro mercado. Hoy día evidenciamos muchos deterioros y también alguna capacidad de gestionarlos, pero eso no significa caer en la tentación de no pagar. Que el sistema financiero no se desplome depende de la reactivación económica y del comportamiento de los deudores; las obligaciones se deben pagar, y todo esto parte del consumidor de servicios financieros.


Por otra parte, las entidades bancarias tienen mucho que mejorar en imagen, y esto arranca por dar muestras de solidaridad ante la situación económica de muchos de sus clientes. Aquí cabe la pregunta: ¿la banca si lo está haciendo plenamente?

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