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Las tierras raras y otras “armas” secretas de China contra Estados Unidos

En medio de la confrontación tecnológica que libran China y Estados Unidos en campos como la telefonía y el desarrollo de la red inalámbrica de 5ta. generación (5G), la imagen de las exportaciones chinas de telas baratas y artículos de mala calidad parece algo del pasado; es evidente que el país asiático esta tomado ventaja en tecnologías estratégicas.

Por lo anterior, la estrategia estadounidense de imponer y aumentar los aranceles al acero y aluminio chinos; prohibir la utilización de teléfonos chinos en entidades públicas estadounidenses, y proveer componentes para la producción de equipos en China, e incluso suspender de manera abrupta la licencia para que equipos chinos utilicen el sistema operativo Android de Google, no se equipara a las diversas armas que tiene el país asiático para responder más allá de la retaliación comercial bien sea con aranceles o elaborando una lista negra de empresas estadounidenses que sufrirán restricciones de acceso a la segunda economía más grande del mundo.

Tras casi un año, esta confrontación va más allá del comercio de bienes y servicios, de los reclamos acerca de la intervención gubernamental china en el tipo de cambio y de las limitaciones para el acceso de operadores occidentales al sistema financiero y de seguros chinos.

La decisión de las empresas occidentales de trasladarse a China, atraídas por la mano de obra abundante y barata, escondía otras razones como la ausencia de huelgas, la tolerancia con los impactos ambientales, y sobre todo el interés de evadir el sistema de seguridad social.

Estados Unidos y la Unión Europea han denunciado a China ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por cargos de transferencia forzada de tecnología como condición para que las empresas occidentales puedan situarse en las zonas especiales de exportación, en las que gozan de privilegios que van desde la importación de equipos sin arancel y exención de impuestos de renta y patrimonio, hasta la concesión gratuita de edificios y el no pago de servicios públicos. Ante estos reclamos, China suele recordar que fue invadida por Japón, Inglaterra, Portugal y Francia, y que sus inventos como la seda, el cultivo de perlas, la pólvora, la brújula y el papel han sido utilizados milenariamente por Occidente sin reconocer las respectivas regalías.

La decisión de las empresas occidentales de trasladarse a China, atraídas por la mano de obra abundante y barata, escondía otras razones como la ausencia de huelgas, la tolerancia con los impactos ambientales, y sobre todo el interés de evadir el sistema de seguridad social. Ahora que se revela que China aprovechó esa transferencia de tecnología para tomar ventaja en los sectores estratégicos hacia el futuro, la táctica occidental se descubre como suicida y no se sabe si se logrará revertir, pues ya lleva mucha ventaja. (Lea también: La guerra comercial entre EE. UU. y China, una batalla que puede lesionar a todos los países)

Acusaciones de espionaje

Los reclamos de países como Estados Unidos contra China se basan en argumentos acerca del apoyo estatal al plan Made in China 2025 –con el que pretende ser líder en tecnología a escala internacional, por delante de potencias como Alemania, Estados Unidos o Japón–. Así mismo, a partir del hecho de que el fundador de Huawei fue militar, consideran que esa empresa trabaja con el Gobierno chino. Tal presunción produjo la detención en Canadá de Meng Wanzhou, alta ejecutiva de Huawei e hija de su fundador, a quien los funcionarios estadounidenses buscaban por acusaciones de haber roto el embargo contra Irán.

Dichos cargos, lo mismo que las afirmaciones de que los equipos chinos tienen dispositivos de espionaje, están bajo juicio y China por su parte ha demandado esas medidas en tribunales americanos.

 Aunque China todavía depende en gran parte de los desarrollos tecnológicos estadounidenses y europeos, produce 120.000 toneladas anuales (70,5 % de la producción mundial) de tierras raras y tiene 44 millones de toneladas en reservas, lo que corresponde a cerca del 37 % de las reservas mundiales, y un 80 % de la demanda estadounidense por estas se abastece por las exportaciones chinas.

De otra parte, frente a la decisión de Qualcomm Inc. de no venderle chips a China, en seguimiento de la política de Donald Trump, Huawei anunció que ya está desarrollando un nuevo sistema operativo llamado HongMeng, y que avanza en el desarrollo de chips iguales o mejores que los producidos por la compañía estadounidense.

Es importante no perder de vista que –según Emerging Technology from arXiv, de la revista MIT Technology Review, propiedad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)– China es la primera en el ranking de la fabricación de los computadores más poderosos (publicado por The TOP500 Project), con 229, mientras que Estados Unidos solo tiene 121.

Las “tierras raras”, responsables del milagro económico de China

China ha advertido que podría limitar la exportación de las “tierras raras”, de cuya existencia y uso no se conoce mucho en la opinión pública. Se trata de 17 elementos químicos: escandio, itrio y 15 elementos del grupo de los lantánidos como lantano, cerio, lutecio, samario y neodimio. Estos forman parte del periodo 6 de la tabla periódica y son fundamentales para la fabricación de celulares, computadores, drones, carros eléctricos y robots. Por sus grandes propiedades electromagnéticas se usan en las industrias energéticas, aeronáuticas y de biotecnología.

Aunque China todavía depende en gran parte de los desarrollos tecnológicos estadounidenses y europeos, produce 120.000 toneladas anuales (70,5 % de la producción mundial) de las “tierras raras” y tiene 44 millones de toneladas en reservas, lo que corresponde cerca del 37 % de las reservas mundiales, y un 80 % de la demanda estadounidense por estas se abastece por las exportaciones chinas.

 En el ámbito internacional China es el mayor prestamista del Gobierno de Estados Unidos. Alrededor del 45 % de la deuda soberana –no privada– está en manos de inversores extranjeros (el porcentaje restante está en manos de inversores internos), pero de ellos China posee el 18,7 % (Japón el 17,2 %, Irlanda el 5 % y los porcentajes de otros países son inferiores).

No sería la primera vez que China considere restringir las exportaciones de estos minerales. En 2010, en medio del conflicto con Japón, utilizó esta herramienta para tener ventaja en las negociaciones, y por tanto doblegó al país nipón. De suerte que si China decide utilizar esta estrategia, podría paralizar tanto la investigación como la producción de tecnología estadounidense, lo cual afectaría enormemente a la economía mundial.

Venta de bonos del Tesoro de EE. UU., otra arma

En el ámbito internacional China es el mayor prestamista del Gobierno de Estados Unidos. Alrededor del 45 % de la deuda soberana –no privada– está en manos de inversores extranjeros (el porcentaje restante está en manos de inversores internos), pero de ellos China posee el 18,7 % (Japón el 17,2 %, Irlanda el 5 % y los porcentajes de otro países son inferiores).

Dada la balanza comercial superavitaria del gigante asiático, el exceso de dólares en su economía –producto del alto ingreso proveniente de las exportaciones– pudo haber causado una reversión en su balanza de pagos y una inevitable pérdida de competitividad. Para evitarlo envió ese exceso de divisas a su país de origen, Estados Unidos, a través de la compra de activos financieros en el mercado más grande y con rendimientos más altos en inversiones seguras, como los bonos del Tesoro estadounidense a diez años. Así, China se consolidó como el mayor acreedor de bonos del Tesoro, con cerca de 1,2 billones de dólares.

Durante años el país asiático utilizó la compra o venta de los bonos estadounidenses para regular los movimientos en el renminbi (moneda oficial de China), alterando su gran posesión de reservas internacionales, de suerte que los movimientos estaban justificados. Sin embargo en los últimos días China vendió casi 20.000 millones de dólares en bonos del Tesoro sin justificación alguna, o al menos justificación aparente, desatando incertidumbre en todo el mundo, pues no sería descabellado pensar que podría estar planeando utilizar esta gran posesión de activos estadounidenses como otra arma en la guerra comercial.

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