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Las pistas de desaparecidos que resguarda el Cementerio del Sur en Bogotá

En el Cementerio del Sur,ubicado en el barrio Matatigres de Bogotá, paredes blancas colmadas de bóvedas selladas con lápidas grises conservan los restos de quienes ya no están; son como enormes estantes saturados de retratos en los que nombres, fechas y mensajes de consuelo alivian la pena de quienes siguen vivos. Sin embargo allí no todos tienen rostro, cientos de lozas de mármol llevan grabadas las iniciales N.N., que dan cuenta de “cuerpos no identificados” (CNI) que fueron sepultados sin que se hubiera establecido su identidad, y más aún, sin saber quiénes son sus dolientes.

Datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) determinan que en los cementerios del país están inhumados alrededor de 200 mil Cuerpos No Identificados, una cifra que se puede relacionar con las 82.998 personas reportadas hoy por el Centro Nacional de Memoria Histórica como víctimas de desaparición forzada.

En esta etapa de posacuerdo los camposantos se convierten en lugares estratégicos para iniciar la búsqueda, ubicación, identificación y entrega digna de los restos de las personas dadas por desaparecidas, tal y como se estableció en el Acuerdo Final de Paz firmado entre las FARC-EP y el Gobierno.

Por la cantidad de protocolos registrados en la lápida, los antropólogos identificaron en este proceso hasta 25 individuos sepultados en una misma bóveda.

No es una tarea fácil, ya que solo a partir de 2009 la resolución 1447, del Ministerio de Salud y Protección Social, reglamentó la prestación de los servicios de cementerios, inhumación, exhumación y cremación de cadáveres. Antes de esa fecha no existían registros ni demarcaciones, y además había una mezcla indebida de cuerpos en bóvedas y fosas comunes, entre otras problemáticas, lo que representa un reto para la recién creada Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).

Esta situación la experimentaron en primera persona Laura Melissa Vera y Oscar Prieto, antropólogos de la Universidad Nacional de Colombia (UN), quienes se internaron durante algunos meses en el Cementerio del Sur con el propósito de desarrollar una metodología que permita abordar de manera integral los CNI en los cementerios.

Mapeo de bóvedas de N.N.

Lo primero que hicieron los investigadores fue mapear la necrópolis; aunque no es claro dónde están ubicadas las bóvedas de los N.N., no fue difícil intuir que se trataban de los mausoleos contenidos en los tres únicos pabellones del Cementerio del Sur con enclenques techos de cemento: Virgen del Milagro, San Martín y Santa Rosita. Mientras los demás pabellones están mejor cuidados, en estos tres apenas se observa una que otra flor dejada por visitantes religiosos que al desconocer los nombres de los difuntos los bautizan como “almas benditas” y cada lunes les elevan plegarias, les confían sus necesidades e incluso les agradecen por los favores recibidos.

Los pabellones que contienen a la población de CNI cuentan con lápidas al margen de la regulación u homogeneización, algunas solo tienen mínima información, trastocada por fenómenos como la adopción de almas benditas, es decir la ofrenda de lápidas que no salvaguardan datos como número de individuos dispuestos allí, protocolos de necropsia, fecha de muerte o sexo. Por la cantidad de protocolos registrados en la lápida, los antropólogos identificaron en este proceso hasta 25 individuos sepultados en una misma bóveda.

La investigación se concentró en el periodo 1994-2011, cuando el Cementerio del Sur acogió CNI. El contraste de dicho periodo con el acontecer nacional ofreció información relevante acerca de la relación directa entre la violencia que afrontaba el país y sus expresiones crueles como la desaparición forzada y la “limpieza social” y la aparición de cuerpos sin identificar en cementerios. Junto con ríos y fosas comunes, los camposantos se convirtieron en el destino final de miles de víctimas del conflicto armado.

Después de crear la base de datos con los cuerpos estudiados en el Cementerio del Sur, esta fue cruzada con la base de datos del programa Hagamos Obligatorio Poder Encontrarlos (Hope) del INMLCF, la cual incluye fotografías e información de víctimas de desaparición.

Más del 80 % de las personas desaparecidas se encuentra en cementerios lícitos, aunque “la falta de información o el estado de esta (papel, trastocada, incompleta) es y será uno de los mayores retos que deberá afrontar la UBPD”.

La correlación no fue precisamente la parte más sencilla del trabajo, pues el estado de la información –contenida en documentos físicos– supuso una ardua labor de sistematización. Ahora, gracias a esta labor, ya es posible consultarla, analizarla, y sobre todo salvaguardarla por medio de una base de datos que contiene variables como sexo, edad, fecha de muerte y localización dentro del cementerio, entre otras.

Violencia enterrada

Como resultado del censo en el Cementerio del Sur se identificaron 1.982 individuos entre CNI y “Cuerpos identificados no reclamados” (CINR). Al revisar la manera del deceso (violenta, natural o en estudio), 805 reportaron “Violenta”, que abarca muertes accidentales, suicidios y homicidios, entre otras. Los 805 casos compartían, además de la manera de muerte, una relación con respecto a la edad: la mayoría eran hombres de entre 18 y 35 años (edades productivas). El hallazgo concuerda de manera casi sincrónica con el perfil de personas desaparecidas brindado en 2016 por el Centro Nacional de Memoria Histórica en su informe Hasta encontrarlos.

El antropólogo Óscar Prieto afirma: “queríamos ver cómo se relacionaban los CNI con el fenómeno de la violencia en Colombia, entregarles a las instituciones gubernamentales y organizaciones de víctimas insumos que sirvan para encontrar a las desaparecidas”.

Al respecto, el profesor José Vicente Rodríguez, coordinador del Laboratorio de Antropología Física de la UN, señala que más del 80 % de las personas desaparecidas se encuentra en cementerios lícitos, aunque “la falta de información o el estado de esta (papel, trastocada, incompleta) es y será uno de los mayores retos que deberá afrontar la UBPD”.

El resultado fue de 114 coincidencias en aspectos como sexo, rango de edad, fecha de desaparición y fecha de muerte, lo que evidencia que la investigación adelantada por la UN ofrece información clave en las labores de búsqueda de personas desaparecidas y da luces sobre la importancia de implementar una metodología que acerque cada vez más dichas labores al cumplimiento del objetivo.

Bogotá, inmersa en la violencia nacional

Una conclusión del trabajo de los antropólogos de la UN es que aunque se cree que la capital del país ha estado poco relacionada con las manifestaciones de violencia del ámbito nacional, sí ha tenido un contacto continuo con los flagelos más hostiles de la guerra.

Para buscar los hilos que conectaran las cifras con el contexto social, político e histórico y que dieran respuesta al incremento o disminución de CNI en cementerios, el estudio no se limitó a la interpretación estadística de datos inconexos, sino que también se utilizaron herramientas propias de la antropología, la investigación documental y la etnografía; para ello fueron entrevistados sepultureros, administradores de los cementerios Sur y Central, y antropólogos forenses, entre otros.

De esta manera se determinó que el mayor número de registros de CNI fue en 1996, 1997, 2002, 2003, 2005, 2007, 2008 y 2009, años en los cuales se configuraron los vicios precedentes de la guerra en el territorio bogotano. Entre 1996 y 1997 Bogotá vivió el fenómeno de la mal llamada “limpieza social”, violencia sectaria que afectó sobre todo a los jóvenes de las localidades del sur, de manera representativa Ciudad Bolívar.

Aunque los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica muestran el inmenso subregistro de las víctimas de crímenes urbanos, la capital registró al menos 346 asesinatos que respondían a un intento por erradicar la inseguridad y el consumo y expendio de drogas ilegales, además de las problemáticas asociadas con la adhesión de jóvenes a determinado grupo violento desmovilizado.

Uno de los casos de interés encontrados en esta investigación es el del atentado ocurrido el 7 de agosto de 2002 contra la Casa de Nariño, cuando una granada de mortero fue lanzada dejando heridos a varios miembros de seguridad que vigilaban el lugar.

En seguida otro atentado se registró en la “calle del cartucho”, ubicada a cuatro cuadras del Capitolio Nacional, que dejó 14 personas muertas y 59 heridas. “Los fallecidos eran habitantes de calle, y 13 de ellos, que fueron llevados al Cementerio del Sur, también son considerados víctimas del conflicto armado. Hasta el momento ninguna institución se ha preocupado por saber quiénes son sus familiares o si alguien los sigue buscando”, precisa la antropóloga Vera.

“Entre 2006 y 2015 se reportan picos elevados de desaparecidos, como en 2007, época en la que aumentaron no solo la desaparición forzada sino también los asesinatos colectivos y los secuestros.

A la oleada de violencia se suma la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática (PCSD) propuesta por el Gobierno en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010, en la que se establecieron los objetivos estratégicos hacia los que se enfocaron todos los esfuerzos de las instituciones del sector Defensa. Una de las controversias a esta política se reveló a finales de 2008 con el escándalo de los “falsos positivos”, que involucra a miembros del Ejército Nacional en el asesinato de civiles inocentes para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate.

Entre los documentos encontrados por los investigadores de la UN está el registro de inhumación de una persona que luego de tres años fue exhumada, pues después de que las autoridades judiciales verificaron se comprobó que fue sepultado con una identidad errónea y que en realidad se trataba de un hombre originario del municipio de Vergara (Cundinamarca) que murió de manera violenta y había sido reportado como desaparecido.

Son miles los casos que permanecen en tumbas de todo el país esperando a que se devele la verdad para salir de la lista de víctimas que aún se mantienen en el anonimato.

“Entre 2006 y 2015 se reportan picos elevados de desaparecidos, como en 2007, época en la que aumentaron no solo la desaparición forzada sino también los asesinatos colectivos y los secuestros.

El Centro Nacional de Memoria Histórica reporta otro pico entre 2002 y 2003, cuando creció el número de los desaparecidos, con cifras descomunales de casi 5.000 reportes”, detalla el profesor Rodríguez. Otros CNI hallados en el Cementerio del Sur pertenecen a tres guerrilleros abatidos en la Operación Sodoma, una acción militar contra las FARC adelantada por el Ejército y la Policía Nacional el 22 y 23 de septiembre del 2010 en La Macarena (Meta), en la que resultó muerto el jefe de ese grupo insurgente, Víctor Julio Suárez Rojas, alias “Mono Jojoy”. En el acta de la Fiscalía General de la Nación los sujetos son referenciados como: guerrillero / guerrillera y registra puntualmente el día del fallecimiento y el lugar de procedencia; ahora permanecen en una de las bóvedas del Cementerio como N.N. masculino y N.N. femenino.

Como estos, son miles los casos que permanecen en tumbas de todo el país esperando a que se devele la verdad para salir de la lista de víctimas que aún se mantienen en el anonimato. La investigación realizada por los antropólogos de la un ofrece el Plan de Manejo Arqueológico-Forense, metodología que se puede aplicar en los camposantos para facilitar la localización de los cuerpos de manera sistemática. Esta contiene desde la contextualización histórica del cementerio –mapeo, censo y diagramación, sistematización de la información, etnografía, recolección y contextualización– hasta el análisis antropológico-forense de la información.

Articular los datos de las diferentes instituciones gubernamentales y relacionarlos con el contexto nacional significa cruzar un puente que parece obvio, pero que hasta ahora ha implicado esa histórica desconexión que sigue perpetuando para miles de familias la eterna angustia de no saber dónde están aquellos que aún les hacen falta.

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