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Las disputas por el aborto en América Latina

Seis de los ocho países del mundo en los que el aborto está totalmente penalizado son de América Latina: El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Honduras, Surinam y Haití. Por eso América Latina es la región del mundo menos favorable en relación con el derecho de las mujeres a decidir sobre su reproducción.

Los países de la región que en cambio tienen permitido el aborto sin ninguna restricción son Uruguay, Cuba, Guyana y Puerto Rico, y en México la ciudad capital, Ciudad de México.

En la mayoría de los países de América Latina el aborto es permitido en algunas circunstancias y se nombra como interrupción voluntaria del embarazo (IVE) o interrupción legal de embarazo (ILE), según cada país. Es el caso de Brasil, Dominica, Guatemala, Paraguay, Argentina, Colombia y Jamaica, donde se permite el aborto en causales como la salud física o mental de la mujer, cuando está en riesgo la vida de ellas, en casos de violación, por cuestiones socioeconómicas, o por malformación fetal[1].

Entre junio y agosto pasado la región presenció la discusión que se dio en Argentina alrededor del proyecto de ley que proponía hacer una transición de un modelo de despenalización parcial basado en causales (vigente desde 1921) a un modelo mixto que contemplara un sistema de plazos y causales para poder acceder a un aborto seguro, sin penalización.

Se buscaba establecer un marco de 14 semanas para ejercer con libertad el derecho a la IVE, y de allí en adelante tener que acreditar ante el sistema de salud la existencia de una de las causales.

Ese proyecto de ley, más allá de haber sido un debate doméstico que condujo a su aprobación en la Cámara de Diputados el 14 de junio de 2018, y posterior negación mayoritaria en el Senado el 8 de agosto, mostró una discusión que encuentra actores y situaciones similares en la región.

Por un lado, el movimiento feminista con una de sus demandas más polémicas, como es la autonomía reproductiva a través de la eliminación de los códigos penales del aborto como delito y la legalización de este, para convertirlo en un asunto del sector salud, que elimine las muertes por abortos clandestinos y vaya acompañado de programas integrales de acceso a información, planificación y, en general, dé una mayor garantía a los derechos sexuales y reproductivos.

El pañuelo verde en Argentina

En Argentina el grupo de mujeres feministas impulsó la movilización social con el símbolo del pañuelo verde, que convocó no solo a hombres argentinos sino incluso a personalidades del ámbito mundial. Esta movilización tuvo entonces un impacto en la región, que les permitió a los movimientos feministas de cada país actuar en red. Por el otro lado visibilizó grupos ultraconservadores, los cuales, al ver el impacto mediático de la movilización, se repite, no solo en Argentina, sino en toda la región, tuvieron variadas movilizaciones, en este lado con pañuelos celestes.

La lucha por la despenalización del aborto se ha entendido como el impulso del feminismo por permitir que todas las mujeres aborten. Sin embargo la ligereza de este argumento es solo una muestra de la enorme desinformación con la cual ha contado este debate, por ser precisamente una de las intenciones de los grupos, personas y movimientos en contra de debatir sobre la materia, y, en algo más profundo, de frenar avances de movimientos libertarios.

Los grupos de mujeres que a lo largo de la historia les han solicitado a los Estados eliminar del Código Penal el aborto como delito, lo han hecho con los argumentos de garantizar el derecho de las mujeres a decidir, evitar el incremento de muertes por causa de abortos clandestinos y sin ningún tipo de seguridad. En tales casos se busca situar el debate como una deuda de la democracia y la igualdad, en el ámbito de la salud y no en el escenario penal.

En la otra orilla, los grupos provida han situado sus discursos en la defensa de las dos o tres vidas, refiriéndose a la vida de madre gestante y persona por nacer en el primer caso, y de padre, madre y persona por nacer en el segundo caso. Generalmente sitúan el discurso como un simple asunto de la vida o la muerte.

Una mirada internacional

Más allá de intentar homogeneizar a cada uno de los actores a nivel internacional, hay varios puntos en común de cada lado que permiten analizar la situación desde una perspectiva internacional.

Aunque con particularidades y manifestaciones locales, estos grupos pueden comprenderse como actores internacionales, con puntos de coincidencia, dinámicas, programas y apuestas similares en la región.

El incremento que en el ámbito político han tenido en la región los grupos cristianos evangélicos, que tienen demandas puntuales en contra del aborto y las personas LGBTI, da una perspectiva de cómo a nivel regional las ideas ultraconservadoras convierten en actores políticos a estos grupos que, en alianza con otros, aparecen como importantes protagonistas de la deliberación pública.

En el Congreso de Brasil, por ejemplo, se constituyó una bancada evangélica que ha frenado acciones legislativas en favor de las personas LGBTI, y fueron actores clave en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

En Costa Rica el ataque a la llamada por los grupos conservadores “ideología de género” ha hecho que estos grupos con representación política tenga alianzas con otros actores y logren manifestaciones como marchas públicas en contra de la población LGBTI. En Paraguay lograron que el Ministerio de Educación prohibiera los libros que abordaran la sexualidad en los colegios. Y en Colombia, en el plebiscito para refrendar los acuerdos de paz de La Habana, el discurso de la “ideología de género” fue empleado como factor generador de miedo en la sociedad, y contribuyó muy posiblemente al rechazo de los acuerdos con las FARC, el grupo guerrillero más antiguo de la región.

No se puede deducir de manera simple que la agenda cristiana tiene todos esos objetivos; lo que sí queda en evidencia es que, al tener un poder manifiesto y en crecimiento en la región, encuentra puntos de convergencia con agendas propias de grupos de derecha y conservadores, que pueden articularse a favor o en contra de fines comunes, como sucedió en Brasil con la destitución de la presidenta, o en Colombia con el plebiscito.

Los grupos conservaduristas

La dinámica en la región es la misma. Estos actores (iglesias evangélicas y grupos similares) llegan a zonas vulnerables en las que logran una gran masa de seguidores que actúan en la mayoría de los casos con los lineamientos que el pastor manifieste.

A la par de esto, quienes lideran los grupos se rodean o forman parte de asociaciones políticas y económicas de poder en cada nación. Son ejemplo de cómo los liderazgos religiosos pueden lograr objetivos políticos, no solo en votaciones, sino en el posicionamiento de un discurso a través de la supuesta defensa de la moral, los valores tradicionales y la familia.

El crecimiento del conservadurismo en la región se refleja en que el péndulo, que estaba del lado de Gobiernos de izquierda en la región, ha venido variando su dinámica hacia el lado opuesto, con lo cual quizá puede quedar pendiente en materia de aborto el avance en las causales, y sobre todo en la despenalización del aborto. Esto vale especialmente en países como El Salvador, en donde en la actualidad las mujeres pueden purgar penas de hasta 40 años por abortar.

La estrategia de crear miedos injustificados en aspectos esenciales para mucha gente: su familia, sus hijos y su religión, trasciende los países, ya que es una estrategia internacional que sitúa el debate del aborto no como un asunto local de las jóvenes de los pañuelos verdes sino como un tema a partir del cual se puede medir el pulso político de la región.

No hay que perder de vista que la limitación de los derechos de las mujeres, particularmente los sexuales y reproductivos, y los de los sectores sociales LGBTI, son la principal carta que estos grupos conservadores se juegan cuando se trata de negociar con cada actor político local, o la que más exhiben al convertirse cada vez más frecuentemente en actores autónomos con importante fuerza en la región.

Resulta vital, entonces, hacer seguimiento a situaciones locales, como la del candidato presidencial Jair Bolsonaro en Brasil, con grandes masas de adeptos, el segundo lugar en Costa Rica, del presidente apoyado por los sectores cristianos, o la alianza del actual presidente de Colombia con pastores cristianos que han manifestado que su apoyo político se “ha despertado como cumplimiento a una palabra profética lanzada años atrás, donde el señor (Dios) declaraba que se levantarían personas preparadas, con temor de Él y de Su Reino, para ocupar cargos gubernamentales”[2].

 


[1] Datos extraídos de http://clacai.org/situacion-del-aborto/

[2] Palabras dadas por el pastor Miguel Arrázola, líder de la iglesia Ríos de Vida en Cartagena, el cual promovió la creación del movimiento “coalición despierta”, cuyo foro de 2018 contó con la asistencia de quienes en este momento ostentan desde la Presidencia hasta ministerios, embajadas y Senado (Marta Lucía Ramírez, Carlos Holmes Trujillo, Paloma Valencia, Iván Duque, Rafael Nieto, Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe Vélez) El pastor fue un acérrimo líder del No en Cartagena. En: www.kienyke.com/politica/cristianos-unidos-por-la-fe-separados-por-la-politica

 

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