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Las balas de la Independencia halladas en Boyacá

Debajo de la autopista que de Bogotá lleva a Tunja, a la altura del puente de Boyacá –sobre el río Teatinos– todavía se encuentran proyectiles del último enfrentamiento armado que despejó el camino triunfal del ejército patriota rumbo a Santafé de Bogotá. De hecho, a medida que aran la tierra para cultivar papa, algunos campesinos, como don Clodomiro Quiroga, han encontrado casquetes y balines utilizados en la época.

El profesor José Vicente Rodríguez, director del Laboratorio de Antropología Física, y el magíster en Antropología Luis Daniel Borrero han recuperado algunos de esos elementos para conocer nuevos detalles acerca de este determinante capítulo de la historia del país. Desde hace más de una década estos antropólogos de la UNAL siguen las huellas de la Campaña de Boyacá, gracias a un proceso exhaustivo de documentación, fotointerpretación y trabajo de campo.

Ayudados por georradares (artefactos que localizan objetos, estructuras o cavidades por debajo del nivel del suelo) y detectores de metales, ellos han explorado y medido el terreno; trasegado por las rutas de los caminos reales; excavado y recuperado algunos vestigios de la guerra, en acciones conocidas como “prospección arqueológica”.

Para sus estudios se han pasado al otro lado de la vía, hasta donde no llegan los centenares de turistas nacionales y extranjeros que se agolpan frente al pequeño puente de concreto –originalmente de madera– y donde guías turísticos se ganan la vida contando anécdotas de los protagonistas de esos enfrentamientos, como Bolívar, Santander, Inocencio Chincá o José María Barreiro.

Con más de 25 años en el oficio, “don Julio” comparte el trabajo de guía con Julián Flechas, quien vestido como el Libertador y con tono de orador sumerge a los visitantes en el fervor por las frases lacónicas de Simón Bolívar y en el dolor de las balas que cegaron tantas vidas.

Al menos 600 cadáveres desnudos fueron sepultados en una jornada de tres días adelantada por unos 100 campesinos contratados para esta tarea, según la documentación recopilada por el equipo de investigadores del profesor Rodríguez.

Desde el arco del triunfo –que pasa casi inadvertido para los visitantes del puente de Boyacá– también se aprecian el obelisco y las ruinas de la casa de teja, o de postas, donde se habría producido el primer encuentro entre realistas y patriotas, de la que hoy solo queda un pedazo de pared en adobe. Esta casa fue identificada por el antropólogo Borrero en su tesis de grado en Antropología, pues por mucho tiempo se creyó que la histórica casa era la que hoy pertenece a un boyacense poco amigo de las excavaciones arqueológicas.

En uno de sus tantos recorridos por esta zona, el magíster camina hacia lo alto del “cerro del Tobal”, desde donde reconstruye con su mirada los escenarios en los que se encontraba el ejército realista, comandado por Barreiro, y donde estaba la tropa realista, preparada para sorprenderlos en este combate que, según datos históricos, dejó cerca de 100 muertos.

En este escenario fragmentado por la autopista es poco lo que los investigadores han podido recuperar, dada la vasta remoción de tierra para construir las vías y los monumentos –como el de Banderas o el Ciclorama– que mandatarios del momento ordenaron erigir para honrar la memoria de los héroes de estos cruentos enfrentamientos.

Te puede interesar: “La batalla del Pantano de Vargas. 25 de julio de 1819, Paipa, Boyacá, Nueva Granada. Las otras historias del pasado”; revista Maguaré, Facultad de Ciencias Humanas (UNAL).

Voces de las tumbas

La tarea tampoco ha sido fácil en Paipa, donde se localiza el imponente Monumento a los Lanceros, en el que fuera el Pantano de Vargas, ya desecado y hoy rodeado de viviendas, restaurantes y ventas de artesanías y de postres. Intentar hacer excavaciones en estos terrenos privados es una misión prácticamente imposible.

Sin embargo en los alrededores de esta amplia zona, entre el cerro de la Guerra –o Picacho– y el cerro del Cangrejo –o de los Muertos–, por donde el ejército patriota finalmente pudo derrotar al ejército realista, queda un sector en el que podría estar uno de los más valiosos yacimientos arqueológicos de la época.

En el sitio de Barital, en jurisdicción de la vereda Vargas, del municipio de Paipa, parece estar una de las fosas comunes más grandes de la guerra. El cambio del color de la vegetación en una franja de este lote de 10 x 40 m parece confirmar que ahí, al lado de un antiguo vallado, se habría excavado para enterrar los cuerpos de soldados realistas y patriotas; de llaneros y británicos; de haitianos y de otros soldados abaleados en el combate, e incluso de mujeres que auxiliaban al bando patriota. Al menos 600 cadáveres desnudos fueron sepultados en una jornada de tres días adelantada por unos 100 campesinos contratados para esta tarea, según la documentación recopilada por el equipo de investigadores del profesor Rodríguez. Estos restos podrían dar cuenta de aspectos que no se han abordado en los documentos existentes sobre la campaña libertadora, que abarcó desde los Llanos de Venezuela hasta la entraña de la Nueva Granada, en la entonces Santafé de Bogotá.

La presunta fosa común, producto de la dura contienda que habría transcurrido entre las 8 de la mañana y las 6 de la tarde en medio de una fuerte temporada invernal –que los investigadores asocian con el fenómeno de La Niña–, permitiría saber si los protagonistas de esta guerra venían de tierras cálidas o frías, de qué se alimentaban, cuál era su edad, sus enfermedades y su capacidad de resistencia, entre otros aspectos de los que hoy se ocupa la bioarqueología.

Sin embargo, como el terreno forma parte de una finca privada, no se ha podido intervenir debido a que el municipio todavía no cuenta con su Plan Especial de Manejo Patrimonial (PEMP), el cual permitiría adquirirlo para adelantar los respectivos estudios arqueológicos.

Al respecto, el secretario de Planeación de Paipa, Gustavo Cantor, dijo a UN Periódico que tristemente el Pantano de Vargas es el único monumento nacional que no cuenta con el PEMP, y que aunque desde 2008 se ha intentado conseguirlo, hace alrededor de seis meses se pasó el documento con algunas correcciones, pero que ni la Secretaría de Cultura de Boyacá ni el Ministerio de Cultura lo han aprobado.

Sobre la inquietud del profesor Rodríguez en relación con la zona donde se cree que estaría la fosa común, el secretario señala que, en efecto, pertenecería al área de patrimonio, ya que se encuentra a unos 200 m de la falda del cerro histórico.

Esta declaratoria también permitiría recuperar otras instalaciones importantes, como la “Casa de las seis ventanas” –cuartel del jefe del Ejército español, José María Barreiro–, que infortunadamente se ha derruido, constituyéndose en el primer paso para congelar y empezar a proteger el área de interés patrimonial que en este momento, se encuentra “sin Dios ni Ley”, según el funcionario.

El profesor Rodríguez explica que aunque el área de la fosa es de 10 x 40 m, con una profundidad aproximada de 2 m, el municipio tendría que adquirir un terreno con el triple de esa área, ya que se requiere un espacio similar para depositar la tierra excavada y otro para montar el campamento y mantener las herramientas de trabajo.

El equipo de expertos rescató documentos y estableció que además de la fosa común hubo otros dos entierros: uno en El Arenal, sitio donde se erigió el Monumento a Los Lanceros y que fue destruido, y otro en camino a El Cacical, que fue prospectado pero del cual no se hallaron vestigios.

Como la investigación arqueológica incluye las fases de documentación, fotointerpretación, trabajo de campo y reconstrucción histórica, el grupo de trabajo ha obtenido información que va mucho más allá de la representación del Monumento de Los Lanceros que, según el profesor Rodríguez, solo refleja una parte de la realidad.

Escenarios de guerra

Gracias a la documentación histórica y paisajística, al trabajo de campo, e incluso a testimonios como el de don Bartolomé Hurtado, un poblador que siendo niño encontró un cuaderno con testimonios de guerra, el docente y su equipo reconstruyeron el recorrido de las tropas –con apoyo del Batallón de Duitama– y levantaron un mapa del escenario de batalla que se extiende por detrás del “Cerro de la Guerra” y que se puede apreciar en el Museo del Pantano de Vargas.

En este espacio se destaca el atajo conocido como “arrastraculo”, que –según don Bartolomé– el campesino Fructoso Camargo les mostró a los patriotas, y eso les permitió sorprender al enemigo. En el recorrido de este atajo se hallaron balines y se amplió un poco más el escenario del combate, detrás del Cerro de la Guerra.

El trabajo documental y de campo de esta y otras batallas de la Independencia muestran rostros ocultos que también formaron parte activa y heroica de las batallas comandadas por el general Francisco
de Paula Santander, desde las mujeres que con su ropa interior cosieron camisas para los combatientes, hasta algunos sacerdotes que apoyaron a los patriotas al margen de los designios de la Corona, haciendo colectas de ropa y mercado entre sus feligreses, dentro de las iglesias.

También se determinan otros datos, como por ejemplo que aunque históricamente se ha creído que los ejércitos realistas estaban integrados por españoles, según una carta enviada al rey de España, el general Morillo destacaba que “hemos perdido 3.000 venezolanos de las tropas más aguerridas de la Tercera Brigada”, que se encontraba en el Nuevo Reino de Granada.

El término “arqueología de los campos de batalla” implica un aspecto limitado del estudio del conflicto humano, que se enfoca solo en los hechos armados y en su campo de acción sin indagar sobre otros aspectos como el estudio de los hospitales de campaña, campamentos, fortificaciones, arsenales, campos de prisioneros, entre otros.

En cuanto a las tropas patriotas, se ha documentado que en sus filas había negros haitianos, una legión británica y muchos indígenas y granadinos, además de los llaneros de Casanare y Venezuela, quienes hicieron el recorrido que hoy une a Tibasosa y Duitama.

Asimismo establecieron que la famosa frase que habría pronunciado Bolívar: “General, salve usted la patria”, no iba solo para el general Rondón, sino para los tres frentes de guerra patriotas, dirigidos por los comandantes Infante, Mellizo y Carvajal, porque todas las tropas atacaron al mismo tiempo a los realistas hasta doblegarlos.

Igualmente se supo que tras la batalla del Pantano de Vargas se utilizaron cerca de 100 uniformes de realistas caídos para vestir a igual número de llaneros en Toca, quienes creían que la guerra se había perdido. Al llegar a Tunja fueron recibidos con honores pensando que se trataba de realistas, lo que les sirvió para volver a sorprender a las fuerzas enemigas de la Corona española.

De la descripción del Pantano de Vargas solo se recuerda que se podía cruzar en canoa o bordeándolo por el oriente por el camino real, por donde hoy corre la vía Paipa-Duitama. Sus aguas traspasaban ese trayecto hasta el borde de las colinas donde se ubica la “Casa de las seis ventanas”, hoy también de propiedad privada.

Se abriría campo de estudio

Con ayuda de un detector de metales los investigadores hallaron ocho proyectiles esféricos en la parte posterior del cerro de La Guerra, cerca del atajo arrastraculo; un par de ellos fueron impactados (deformados) y el resto está sin impactar. Corresponden a dos calibres diferentes: .69, los cuales pertenecían a fusiles franceses o norteamericanos y .73 para fusiles británicos. También encontraron un guardamonte de bronce que servía para proteger el gatillo de un fusil británico de modelo comercial y una guarda de espada de caballería española modelo 1796.

Si solo con la documentación histórica y paisajística se han hallado nuevos datos, el profesor Rodríguez está seguro de que la excavación de la fosa común abrirá un amplio campo de estudio sobre la procedencia y las condiciones de vida y la forma como murieron los actores del conflicto, entre los que se contaban criollos, españoles y británicos. Desde ya se tiene acordado hacer un estudio genético para establecer de dónde venían y a qué grupos poblacionales pertenecían los soldados patriotas y realistas.

En la reconstrucción del teatro de operaciones, los proyectiles de la época –según su tamaño, peso y grado de deformación y ubicación– permitirán delimitar las diferentes posiciones militares, especialmente sobre los cerros.

Este trabajo de investigación es lo que diferentes historiadores y expertos han llamado arqueología de los combates, arqueología de la guerra o arqueología del conflicto, es decir el estudio científico del terreno donde sucedieron estos hechos bélicos, con el fin de entenderlos mejor.

A estos conceptos se suma el término “arqueología de los campos de batalla”, el cual implica un aspecto limitado del estudio del conflicto humano, que se enfoca solo en los hechos armados y en su campo de acción sin indagar sobre otros aspectos como el estudio de los hospitales de campaña, campamentos, fortificaciones, arsenales, campos de prisioneros, entre otros, explica el docente.

“Los datos recopilados hasta ahora por el equipo investigativo de la UNAL, a los que se sumarían el estudio de los restos de la fosa común, permitirán, doscientos años después, contar una nueva historia, la de las voces de las tumbas”, concluye el profesor Rodríguez.

Por lo pronto, el Banco de la República ha anunciado que financiará el proceso de excavación, pero habrá que esperar a que el PEMP de Paipa se apruebe para tener acceso al terreno. Aquí, utilizando la frase que el historiador Leonidas Peñuela le adjudica al Libertador, podría decirse: “ministra de Cultura, ¡salve usted la historia!”.

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