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La propuesta del Ministerio de la Familia: una concepción preocupante

La concepción inserta en la propuesta de crear el Ministerio de la Familia es preocupante porque pareciera que quienes legislan tienen una serie de presupuestos ante el alcance del Estado para implantar “una moral familiar”, preestablecida como tal, y presuponen que este está en capacidad de definir sus contenidos.

El peligro de esta propuesta es que sea sobre la moralidad impuesta por unos parámetros estatales. En ella se supone la existencia de una “familia ideal”, considerada como el núcleo de la sociedad. Persiste una visión de la sociedad como si fuera una cebolla conformada por capas, cuyo centro es la familia, a la que se le atribuyen, como grupo primario, la salud mental de la población y la formación moral y ciudadana de las nuevas generaciones.

Tres fuentes idealizadoras del papel de la familia en la sociedad han servido para justificar un imaginario dominante que lleva a entender a la familia como el eje de los problemas sociales y con una sola configuración.

Primero, la tradición heredada de la Iglesia católica y de otras comunidades religiosas –ahora tan en boga– que desde el siglo XVIII la imaginan bajo la metáfora de San José, María y Jesús (Ramírez, 2006). Desde esta figura se constituyen íconos de los cuales se deriva la familia perfecta, sagrada, en la que San José es el padre proveedor, acompañado de María madre humilde, quien continúa siendo virgen aunque procrea a Jesús y además conserva cualidades como la obediencia a la voluntad del Dios, sacrificada y asexuada, y finalmente el hijo, entregado por Dios para redimir a una humanidad doliente y lejana de esta perfección.

Esas imágenes han predominado por siglos –como lo reiteran Cecilia Muñoz y Ximena Pachón (1998, págs. 181, 171)–, y a partir de ellas se recomendaba la vida hogareña:

Ante todo aspirad a formar un hogar según el modelo de la Sagrada Familia. En José aprenderá el hombre a ser trabajador, solícito por el bien de los suyos, abnegado y sufrido [...] En María encuentra la mujer un perfecto dechado de virtudes domésticas: piadosa, amante, humilde, hacendosa, sumisa y obediente. [El mandato de hombre] le ha sido confiado, como piloto de esa nave que está encargada de conducir a través del mar de la vida, al puerto de la eternidad.

El familismo y la visión sociológica funcionalista

La segunda fuente idealizadora del papel de la familia se relaciona con la herencia de la ideología de la domesticidad imperante en Europa desde el siglo XVIII. Proveniente de la Ilustración, esta concepción idealiza la estructura nuclear de las familias y le asigna como tarea central ser la base moral de la sociedad, defendiendo así el orden social y la división sexual del trabajo. Este pensamiento sobre la familia lo he denominado familismo porque supone que la familia debe satisfacer todas las necesidades afectivas y materiales de sus integrantes, aisladas del contexto social (Puyana, 2007).

La tercera ha sido copiada de una sociología positivista y funcionalista que concebía a la familia como el centro de la sociedad. Al deconstruir dichas nociones sobre la familia he encontrado que fueron desarrolladas por sociólogos del siglo XIX, como los franceses Pierre Guillaume Frédéric le Play (1806-1882) y Augusto Comte (1798- 1857), con base en una construcción metafórica obtenida de la biología y trasladada a lo social.

Para garantizar la sociedad consideraron básico el papel de la familia en los ciclos propios de la vida humana. Así, Comte afirmaba que la familia tiene su base espontánea en la naturaleza y que “constituye el primer fundamento del espíritu social, la unidad primordial de la sociedad, en la cual el hombre comienza a vivir para otros” (Ronderos, 1995, p.25).

Posteriormente, el sociólogo estadounidense Talcott Parsons (1902-1979), a mitad del siglo XX, volvió a definir a la familia como la formadora de “personalidades humanas” a partir de la división sexual del trabajo en la que el padre cumplía “un rol instrumental”, como proveedor, y la madre un “rol expresivo emocional”. Por ende, el papel central de las últimas era el de reducirse a las tareas hogareñas. Visiones como la de Parsons han incidido en que nuestros legisladores confundan el concepto de familia con el del hogar nuclear, compuesto por el padre, la madre y los hijos.

Al sacralizar a la familia, al hacerla cargo de un orden social, se hacen invisibles y se estigmatizan otras formas de organización hogareña. Además claramente se asume un papel político, al minimizar el contexto social en el que se desenvuelven los problemas sociales de las nuevas generaciones, de modo que situaciones como la drogadicción, el embarazo de adolescentes y la delincuencia juvenil, entre otros, se consideran ocasionados por la desintegración de la familia conyugal idealizada.
 

Otra visión de las familias

Hoy la sociología, la antropología, la historia y los estudios de género han develado otra visión de las familias, que han venido a considerarse organizaciones históricas cambiantes en intensa interacción con el contexto social.

La diversidad familiar ha sido nuestra constante histórica, desde el contraste cultural que significó el encuentro entre los españoles y los aborígenes. Desde esta perspectiva, el Consejo de Estado la define en 2013 de la siguiente manera: “una forma de unión de personas que asumen lazos de solidaridad, apoyo, cariño, amor y convivencia”.
En relación a su conformación, el mismo Consejo de Estado refiere así a los grupos familiares a partir de la diversidad familiar:

La familia podrá estar constituida por un padre y una hija, o por una madre soltera con su respectivo primogénito, o por la tradicional decisión libre y voluntaria entre un hombre y una mujer de hacer vida conyugal, o por la decisión libre y voluntaria de dos personas del mismo sexo, que se profesan amor y desean realizar vida conyugal. (Consejo de Estado 2013)

Si en su devenir concreto las familias son organizaciones sociales, no se les puede imponer como condición preestablecida que sean armoniosas y funcionales. En los grupos familiares persiste solidaridad y apoyo, pero a la vez existen relaciones de poder, dadas las inequidades de género y generacionales en su dinámica misma.

Al mismo tiempo pueden aparecer conflictos, como acontece en todo grupo humano. Por eso no es posible para ningún Estado garantizar la armonía en la familia cuando lo propio de una institución humana es su carácter de dinámicas, complejas, conflictivas y ambivalentes.

En el proyecto de ley se recomienda fijar la investigación científica sobre la familia a partir de dos categorías: la funcionalidad y la disfuncionalidad familiar. La insistencia acerca de esta dicotomía se asocia con los imaginarios ya señalados. Así, la forma nuclear conformada por padre, madre e hijos, que no corresponde sino al 33 % de los hogares colombianos, se consideraría funcional. Las otras formas, que corresponden a la mayoría de las familias en Colombia, serían disfuncionales.

Un Ministerio de Desarrollo Social

La estructura de las familias contiene formas diversas, como lo ha demostrado Virginia Gutiérrez de Pineda desde la mitad del siglo XX y como lo ratifica la Encuesta de Profamilia de 2015. En esta se ve que existe una conformación compleja de los hogares en nuestro país. La familia extensa corresponde al 35 % de los hogares. Y las que tienen mujeres como jefes de hogar son el 36 % (Profamilia, 2015).

Lo propio de la familia en Colombia es la diversidad. Persisten formas culturales heterogéneas de familias, por lo que es imposible demarcar unas como funcionales y otras como disfuncionales. No resulta lógico, en definitiva, que el Estado defina las bases de la normalidad familiar.

Con este enfoque sobre la familia se abre la posibilidad de volver hacia atrás en la historia y de que se propongan medidas restrictivas a las formas familiares diversas. ¿En qué queda, entonces, el derecho a la intimidad definido por la Constitución Política de 1991?

Ante esta perspectiva, resulta inconveniente crear un Ministerio de Familia, en medio de una concepción familista y desarraigada de la realidad cultural y diversa de los grupos familiares actuales. No se puede crear un Ministerio para brindar una moralidad basada en imágenes ahistóricas y regidas por un imaginario de familia propio del siglo XIX ¿Acaso no requiere el Estado legislar con base en el devenir histórico y cultural de la sociedad?

Resultaría más pertinente crear un Ministerio de Desarrollo Social que ponga en práctica el Estado social de derecho planteado en la Constitución de 1991, tenga en cuenta las tendencias actuales de la familia y armonice todas las leyes que se han derivado de esta.

Ese ministerio podría encargarse de coordinar las políticas de equidad de género, sobre la infancia, del cuidado de los adolescentes, de la juventud, de los adultos mayores, entre otras funciones.

La propuesta es articular políticas e interrelacionar entre sí programas en los cuales tanto las familias como sus integrantes sean sujetos de derechos, sin atribuirle a la familia la responsabilidad de ser “armoniosa” y de allí derivar todo el equilibrio de la sociedad.

Es claro que ni las políticas de familia, ni las de niñez, ni las de adultos mayores pueden seguir a cargo del Ministerio de Salud, porque son más que esto. La perspectiva de un desarrollo social sostenible facilitaría el andamiaje social necesario para el desarrollo social.

Referencias

Gutiérrez de Pineda, Virginia. (1996). Familia y cultura en Colombia. Medellín: Universidad de Antioquia.

Muñoz, Cecilia y Pachón, Ximena. (1998). La familia en Colombia a lo largo del siglo XX, Bogotá: Banco de La República.

Parsons, Talcott. (1970). La estructura social de la familia. En: E. Fromm, Horkheimer, La familia. Barcelona: Editorial Península.

Puyana, Y. (2007). El familismo una crítica desde la perspectiva de género y el feminismo. Familias, cambios y estrategias En: Puyana, Y. y Ramírez M.H. Familias cambios y estrategias. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Profamilia. (2015). Encuesta de demografía y salud. Bogotá.

Ronderos, Jorge. El concepto de familia en Augusto Comte. Manizales: Universidad de Caldas, Facultad de Desarrollo Familiar.

Ramírez, M. H. (2006). De la caridad barroca a la caridad ilustrada: Mujeres, género y pobreza en la sociedad de Santa Fe de Bogotá, siglos XVII y XVIII. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Rieza, Jorge. (2007). La concepción moral en el sistema de Augusto Comte. Salamanca: Editorial San Esteban.

República de Colombia. Consejo de Estado. (2013). Sala de lo Contencioso Administrativo, sección tercera.  Sentencia nº 05001-23-31-000-1995-01843-01

Wills, Juan Carlos. (2018). Proyecto de ley para la creación del Ministerio de Familia en la rama ejecutiva.

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