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La inútil ciencia que solamente sirve para cambiar el mundo

Primero, porque los seres vivos desarrollan mecanismos naturales de defensa y, segundo, porque la ciencia ha provisto a la humanidad con poderosas herramientas para hacer uso eficiente de estos mecanismos naturales de defensa. Les llamamos vacunas y son consideradas el logro científico más grande en la historia de la humanidad en el siglo XX, a pesar de haber sido utilizadas desde mucho antes.

La viruela era un mal conocido por los faraones, los romanos y por varios imperios como el británico y español, quienes lo utilizaron, sin saberlo, como una efectiva arma de batalla para eliminar poblaciones nativas de los territorios que deseaban conquistar, como sucedió en América. Al final del siglo XVIII la epidemia de viruela era tan grande que mató a cinco monarcas europeos e innumerables posibles herederos a los tronos.

En 1796 el científico británico Edward Jenner probó una hipótesis sobre un fenómeno conocido: las personas que ordeñaban vacas parecían no contraer la enfermedad; las lecheras tenían un tipo de viruela de las vacas que no era letal. Jenner tomó un poco de los líquidos emanados de las cicatrices de las vacas e hizo una serie de experimentos con niños, incluyendo a su propio hijo, y mostró que ellos ganaban una inmunidad a la viruela. Dicho hallazgo  le tomó más de 20 años de investigaciones.

Los avances en diferentes ramas de las ciencias, incluyendo la física, la química y la biología, lograron que durante el siglo XX no se reportaran muertos por viruela. Las prácticas de Jenner serían más cuestionadas en nuestros días que en los suyos pero, de nuevo, tenemos a la ciencia que nos ha provisto con técnicas que permiten a las investigaciones avanzar sin sacrificar a nuestros hijos como conejillos de indias. El término vacuna (vaccine en inglés) lo acuñó Jenner del latín vacca (vaca).

Jenner tomó un poco de los líquidos emanados de las cicatrices de las vacas e hizo una serie de experimentos con niños, incluyendo a su propio hijo, y mostró que ellos ganaban una inmunidad a la viruela.

De no ser por la capacidad del científico de observar, proponer una hipótesis, experimentar, anotar cuidadosamente los resultados y persistir, además del apoyo del Parlamento Británico e, incluso, las críticas de la comunidad científica de la época -lo que permitió determinar que siempre hay efectos secundarios que se han controlado a niveles de una persona en un millón-, la humanidad se hubiera demorado mucho más en descubrir las miles de vacunas que tenemos hoy. Un descubrimiento científico que cambió el mundo. En la actualidad, la vacunación es tan normal en nuestros hijos menores de seis años, que encontrar niños sin vacunar produce el repudio de la sociedad.

En el pasado, el gobierno colombiano ha realizado alianzas para lograr que la investigación básica termine apoyando a la sociedad. La vacuna contra la aftosa fue desarrollada después de varios años gracias a los esfuerzos de varios gobiernos que impulsaron un programa dentro de la Universidad Nacional de Colombia (UN) para obtener la vacuna.

Una alianza efectiva entre gobiernos que reconocen las dinámicas científicas y proponen planes de largo aliento en colaboración con las comunidades científicas es la clave del éxito.

La experiencia fue tan exitosa que hoy existe la empresa mixta del Estado de base tecnológica, Vecol, que posee programas de investigación en varias líneas, algunas de las cuales desarrolla en colaboración con la UN, y contribuye a mantener a Colombia y a varios países, libres de aftosa y otras enfermedades.

Su impacto fue tan grande que aún uno de los edificios de la Facultad de Veterinaria dentro de la Universidad es conocido como Vecol. Este es uno de los muchos ejemplos notables de transferencia de conocimiento de la UN en una alianza efectiva con el Estado, para beneficio del mundo.

La ciencia per se no cambia el mundo. En cambio, una alianza efectiva entre gobiernos que reconocen las dinámicas científicas y proponen planes de largo aliento en colaboración con las comunidades científicas es la clave del éxito.

La ciencia más que una profesión es una forma de vida. Y la manera como ha desarrollado metodologías para aumentar nuestro conocimiento - lo que reafirma nuestra naturaleza humana por querer saber por saber- y como ha logrado que parte de ese conocimiento impacte y cambie al mundo, es posible solo si los gobiernos reconocen que la ciencia debe ser parte integral de sus planes de gobierno, sin pretender que esto les permita perpetuarse en el poder. Investigamos por el futuro de nuestra sociedad, no por el presente de nuestro gobierno.

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