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La educación superior en Colombia no escapa a la inequidad y la desigualdad

La desigualdad y la inequidad en la educación en Colombia muestran una correlación negativa entre distintos indicadores de pobreza y desempeño de las pruebas Saber 11, es decir que a mayor desigualdad e inequidad, menor desempeño en estos exámenes (ver gráfico 1). Ambas están asociadas con las regiones que votaron a favor del Sí en el plebiscito por la paz, o sea aquellas donde la presencia del Estado ha sido casi nula y que tienen la esperanza de que el posconflicto las incluya como región en una senda de desarrollo. La educación entendida como un bien común, como un derecho al “estar bien educado”, y “tener una educación de calidad” implica combinar todos los bienes de mercado y no mercado que aseguren que el derecho a la educación sea una realidad.

El modelo educativo ha contribuido a fortalecer la persistencia de la inequidad y la desigualdad al privilegiar la educación privada por encima de la pública en todos los niveles de formación. Tal como lo menciona el informe de la Unesco (2015), “las políticas de privatización entendida como el proceso que permitió transferir actividades, activos, administración, funciones y responsabilidades relacionadas con la educación desde el Estado o del sector público a instituciones y agencias privadas” (p. 73) no tuvo el resultado esperado.

Las políticas de privatización y disminución del tamaño del Estado en la provisión de bienes tradicionalmente públicos –más conocidas como políticas neoliberales– crearon un modelo educativo en el que el derecho de la educación proveído por el sector privado terminó excluyendo a muchos, mediante el precio y el número de cupos ofrecidos.

En muchos casos esta situación ha traído consigo procesos de segregación social en los que muchos de los colegios privados de Colombia se han convertido en clubes a los que se accede si se forma parte de la comunidad lingüística o si se tiene un conjunto de relaciones sociales y económicas.

Como se refleja en el informe de la Unesco, el problema no radica en que el sector privado no se involucrara en el educativo; lo que cambió fue que incrementó su participación en una perspectiva más de negocio y una mayor penetración en todas las esferas de lo educativo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) –a la que aspira pertenecer Colombia– ha presentado las causas y soluciones a las crecientes desigualdades, en las que la educación juega un papel central dentro de la nueva sociedad del conocimiento. Sin embargo la perspectiva del actual Gobierno es la de seguir tratando la educación como un bien público, más aún: como un bien público cuyas políticas privilegian el fortalecimiento de las instituciones privadas.

Los resultados en las pruebas Saber y el ranking por colegios de alta calidad evidencian que solo algunas escasas experiencias educativas de algunos colegios públicos los ubican dentro de los primeros 300 colegios. En dicha clasificación, los mejores colegios privados –la mayoría concentrados en Bogotá– tienen una pensión que puede estar entre dos y cuatro salarios mínimos (alrededor de 1.600.000 y 3.100.000 sin incluir bonos y otros gastos), los cuales les han permitido un mejoramiento continuo de su calidad educativa mediante la ampliación y las mejoras en infraestructura educativa.

Esta realidad contrasta con la de la mayoría de los colegios públicos en términos de instalaciones, equipamientos y bibliotecas, en los que la política de campaña “Colombia la más educada” no pasa de ser un eslogan. La inequidad y la desigualdad se reflejan en los resultados de la prueba Saber 11, como lo evidencian los gráficos 2 y 3, en los que se muestra la relación entre los resultados de la prueba Saber 11 y el indicador de pobreza, o brecha de pobreza. Existe una relación negativa (a mayor pobreza, menor desempeño educativo) como lo indican los rombos verdes (ganó el Sí en plebiscito por la paz) que entre más cercano a 70 en el eje horizontal (pobreza), mayor pobreza tendrán un desempeño bajo en las pruebas Saber 11 (10).

Además de la relación negativa entre pobreza y desempeño educativo, estos resultados muestran que en la mayoría de los departamentos que votaron por el Sí en el plebiscito por la paz se concentran los niveles más altos de pobreza y los de peor desempeño en las pruebas Saber 11.

El gráfico 4 muestra un ranking de los resultados de la prueba Saber 11 para 2015 y lo cruza con los resultados de la votación por el plebiscito. En los departamentos en color verde, donde ganó el Sí, y los naranja, donde ganó el No, se muestra claramente la brecha.

Las regiones más abandonadas, como Chocó, obtuvieron 10 puntos de desempeño en las pruebas Saber 11 y pertenecen a un departamento donde ganó el Sí (verde), en contraposición a Santander, donde ganó el No (naranja) y su desempeño en las pruebas Saber 11 fue de 50 puntos. Aquí se refleja la diferencia de 40 puntos de Chocó y hace patente la brecha regional.

 

El analfabetismo promedio en el campo es del 23 % al tiempo que la pobreza rural alcanza el 45,7 % según el censo nacional agropecuario (DANE). La desigualdad y el abandono regional se centran en regiones más pobres, donde la tasa de analfabetismo es más alta, lo que lleva a trampas de pobreza persistentes.

Las regiones donde el analfabetismo ha estado por debajo de la medida nacional son las zonas campesinas y ganaderas con mayores y mejores oportunidades en el tiempo. Allí se ha concentrado un flujo importante de regalías mineras en los últimos años. En el gráfico 5 se muestra que las regiones más pobres es donde se concentran los desempeños más bajos en dichas pruebas.

Finalmente, en un país donde el sistema educativo a cambio de cerrar las desigualdades tiende a aumentarlas, el ingreso a la educación superior de calidad para la población que vive en las regiones más pobres es claramente una ilusión. El ciclo de pobreza tiende a reforzarse y a persistir en el tiempo (reducción de recursos con bajos desempeños o analfabetismo; posibilidades mínimas de finalización del bachillerato e ingreso a la educación superior; bajo nivel educativo y bajos ingresos que limitan el acceso al financiamiento). Esta situación se mantiene, máxime cuando permanecer o superar la situación actual implica una o dos generaciones.

En ciudades como Medellín, Pereira, Armenia y Manizales el desempleo de jóvenes profesionales es altamente preocupante. En las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas el desempleo juvenil alcanza el 17 % y los sectores en los que se emplean más fácilmente son comercio, hoteles y restaurantes. En esas actividades se contratan jóvenes no calificados o con un nivel educativo de técnico o tecnólogo. En Colombia la mitad de los desempleados son jóvenes menores de 29 años.

 

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