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La Antártida no es tan fría como se piensa

En la plataforma del buque más grande y complejo que se ha construido en la historia de Colombia, el ARC 20 de Julio de la Armada Nacional, se dispuso un laboratorio oceanográfico móvil, dos botes de guardacostas y un helicóptero Bell 412, entre otros instrumentos que 32 científicos colombianos utilizaron en un viaje adelantado entre noviembre de 2018 y enero de 2019 –verano del hemisferio sur o austral– durante la V Expedición Científica de Colombia a la Antártica “Almirante Campos 2018- 2019”, con el objetivo de profundizar en la comprensión del cambio climático.
 

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En el buque se encontraba la única ingeniera oceanóloga del país, la profesora Nancy Villegas Bolaños, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien ha adelantado sus investigaciones en el estrecho de Gerlache, un cuerpo de agua con una extensión de 100 millas de largo, con el fin de entender los cambios en la termodinámica de las aguas que circundan las islas del continente y la teleconexión entre procesos de interacciones océano-atmósfera como El Niño Oscilación del Sur (ENOS), la Oscilación Atlántico Norte (OAN) y la Oscilación Antártica (OAA).

Al respecto, la científica explica que el comportamiento de las aguas del Caribe y del Pacífico colombiano son diferentes, pues “las del Pacífico son menos saladas que las del Atlántico y más cálidas en la cercanía con Panamá y más frías hacia La Guajira”.
 

Los hallazgos obtenidos hasta el momento por la profesora Villegas durante sus dos expediciones a la Antártida servirán para crear una estación científica permanente de Colombia en territorio austral, la cual permitirá seguir generando conocimiento que dé pistas para entender el fenómeno del cambio climático.
 

Estos forman parte del proyecto “Variabilidad en la termodinámica de las aguas superficiales del estrecho de Gerlache y de regiones marinas de Colombia, asociada con el calentamiento global y la teleconexión entre El Niño-Oscilación del Sur, la Oscilación Atlántico Norte y la Oscilación Antártica”, aprobado por el Programa Antártico Colombiano, de la Comisión Colombiana del Océano (CCO).
 

Reacción en cadena


Para desarrollar su investigación, la profesora Villegas y su equipo se han apoyado en estudios previos en los que se afirma, por ejemplo, que el monzón –viento estacional que se produce por el desplazamiento del cinturón ecuatorial– se activa anticipadamente en ciertas épocas en las que se intensifica la Oscilación Antártica que sucede en el polo sur, e influye en una región que se encuentra en las mismas latitudes que el Pacífico y el Caribe colombianos.

La expedicionaria señala que “debido al cambio climático el fenómeno atmosférico OAA se intensifica en su fase positiva (verano austral), haciendo que varíen tanto la temperatura superficial del mar como la salinidad, las corrientes y precipitaciones de la región. Las intensificaciones hacen que un fenómeno detone al otro y el otro al siguiente (ENOS y OAN), logrando que los parámetros meteorológicos y oceanográficos en las regiones objeto del proyecto empiecen a cambiar”.
 

Puedes ver: ABC: expertos colombianos investigan en la Antártida


Indica además que en 2014 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) advirtió que la fase positiva de la oaa es la más recurrente en los últimos años, lo que hace que el sector de la Patagonia se vuelva cada vez más cálido produciendo sequías e incendios y que el continente austral se vuelva más frío, generando a su vez mayor diferenciación de climas.
 

En búsqueda de la evidencia


Los vientos que circulan en el continente austral hacen que la península Antártica sea la más vulnerable al calentamiento global, por eso en esta zona del continente –en especial el occidente– es donde se han centrado las investigaciones de la profesora Villegas.

La primera vez que viajó al continente, durante la tercera expedición colombiana a la Antártica en el verano austral 2016-2017, se instaló por un mes en una estación chilena, donde llevó a cabo tomas oceanográficas y meteorológicas con el fin de identificar las diferencias de clima entre las islas Doumer y Anvers, las cuales, a pesar de estar tan cerca –el recorrido entre las dos tarda unos 30 minutos en bote–, tienen valores de temperaturas y parámetros oceanográficos diferentes.
 

Una de las razones de este fenómeno –que es uno de los resultados del trabajo de la científica de la UNAL– “es que se debe a la exposición de la isla Anvers a las condiciones marinas de la región, y a la protección de la isla Doumer de las montañas rocosas que tiene a su alrededor” explica ella misma.
 

Durante la segunda visita adelantada en el verano austral 2018-2019, la ingeniera oceanóloga centró su atención en otras islas del continente haciendo un recorrido desde las islas Rey Jorge y Livingston, en el estrecho de Bransfield, hasta las islas Trinidad, Brabante, Anvers y Doumer, del estrecho de Gerlache. Durante un mes tomó datos de las condiciones marinas, la temperatura del aire y del mar, la presión atmosférica y la salinidad superficial del mar, entre otros, en cada una de las cinco estaciones dejadas en cada isla.
 

Además: Colombia busca señales de cambio climático en la Antártica.

 


Por ejemplo, en esta fase de la investigación encontró que la temperatura del aire en la isla Anvers es de 1,1 o C mientras que la de Doumer es de 6,8 o C,y que esta última presenta una humedad relativa baja en comparación la de Anvers, cuya humedad relativa es alta.


La experta señala que “con esta información sobre las islas de la parte occidental de la península Antártica tenemos mayor claridad de cómo parametrizar un modelo numérico con valores certeros con el que se pueda representar la distribución real de las condiciones oceanográficas encontradas en el área de estudio, las cuales muestran que: desde Bransfield hasta Gerlache hay tres diferenciaciones, una de temperaturas del mar relativamente altas, otra de bajas, y la última nuevamente de altas.


Para contrastar los datos in situ encontrados en la expedición se analizaron series mensuales entre 1979 y 2018 de temperatura del aire, precipitación,temperatura superficial del mar y fracción de hielo que cubre el sector, de cinco puntos entre el estrecho de Bransfield y el de Gerlache, y se concluyó que existen diferencias océano-atmosféricas locales.


Los resultados de este trabajo de investigación no solo permiten manifestarle a la CCO que el oeste de la Antártica es el sector más atrayente para la investigación científica –por su diferenciación de climas– y el más favorable para establecer una estación científica permanente de Colombia, sino que además existe una teleconexión entre los procesos de interacción océano-atmósfera estudiados que influyen en el comportamiento de las aguas del Pacífico y del Caribe colombianos.

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