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Irrespeto de áreas inundables, otra amenaza para los ecosistemas del Amazonas

Los extensos y graves incendios que vienen ocurriendo desde hace unas semanas en la Amazonia, la han convertido en la protagonista de las primeras planas de todos los medios de comunicación del mundo. Sin duda, la pérdida del bosque es un triste referente de la constante deforestación que se genera desde hace décadas en la región.


Aunque sus 483.000 km2 constituyen el 42 % del territorio nacional, la Amazonia colombiana sigue siendo una gran desconocida. Esto a pesar de significativos intentos de darla a conocer, como por ejemplo el realizado con la película El sendero de la anaconda, que le permitió a cerca de 500.000 espectadores conocer una pequeña parte del Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo, en especial el raudal de Jirijirimo sobre el río Vaupés. Sin embargo la importancia de este enorme patrimonio no solo radica en su biodiversidad, sino también en la riqueza étnica, ya que en la región habitan cerca de 26 grupos con culturas y lenguas diferentes.


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Desde hace por lo menos 30 años las transformaciones en el paisaje de la región son cada vez más evidentes. Por ejemplo el tapete boscoso que se extendía en la frontera entre la Orinoquia y la Amazonia se ha perdido; zonas como el sur de San José del Guaviare evidencian las huellas de la deforestación, que incluso se estima que ya llega a las puertas del Parque Nacional Natural de Chiribiquete, declarado Patrimonio Mixto (biológico y cultural) de la Humanidad por la Unesco.


Según el Décimo séptimo boletín de detecciones tempranas de deforestación del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en marzo de 2019 la Amazonia concentró el 75 % de la deforestación del país.


Algo similar sucede en el piedemonte amazónico –confluencia de la cordillera de los Andes y la cuenca amazónica–, el cual abarca los departamentos de Caquetá, Cauca (Bota Caucana) y Putumayo. Esta región afronta presiones y riesgos crecientes de degradación ambiental.

Tal panorama evidencia que con un puñado de funcionarios y de exiguos recursos económicos en instituciones como la Unidad de Parques del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, nunca se frenarán las presiones sobre las regiones afectadas.

 

Bosque y agua, recursos en peligro

 

Cuando se tala el bosque se pierden árboles, arbustos, plántulas y lianas, pero lo más grave es que el suelo –que es muy pobre en nutrientes– queda expuesto al calor solar y al agua, que en la época de lluvia lo lava y erosiona haciéndolo infértil y arrebatándole la posibilidad de recuperarse.


Con la deforestación también desaparece la fauna que acompaña al bosque y se altera la dinámica natural de los miles de arroyos que existen en la región. Al quedar desprotegidos de sus bosques ligados a las riveras de los ríos (riparios o de galería), los sistemas fluviales cambian drásticamente sus patrones de aumento y disminución de caudales, y hasta el color de sus aguas, que ahora transportan toneladas de sedimentos llevándose el suelo.

 

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Esto se está evidenciando más en los ríos de montaña, cuyas corrientes ahora son más agresivas. Un ejemplo de las consecuencias fatídicas de dicha transformación sucedió en 2017 en Putumayo, cuando tras las intensas lluvias se desbordaron los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco produciendo una avenida fluvio-torrencial que dejó más de 300 muertos y miles de damnificados.

Por estar ubicada en el Ecuador climático, las lluvias provocan inundaciones en vastas regiones conexas a ríos, arroyos y quebradas, entre otras, conocidas como rondas hídricas. Por ejemplo en Leticia el río Amazonas anega áreas extensas –conocidas como várzeas– que ofrecen oportunidades de supervivencia a los ribereños, con nutrientes que abonan el suelo inundado y que luego, al bajar las aguas, les permite realizar actividades agrícolas para su sustento. La pesca es la actividad principal de las comunidades; se estima que cada habitante consume entre 18 y 20 kg de pescado al mes.

 

Dicho patrón de expansión y contracción de los ecosistemas acuáticos amazónicos es una de las principales características de la región, que es asumida por los pobladores de manera predecible y natural, nunca vistos como un riesgo tal y como lo plantea el Estado colombiano.

 

Al patrimonio hídrico, el más importante del país, se suma la gran riqueza en diversidad acuática. En 2017 un trabajo de investigación –en el que participaron instituciones como el Instituto Humboldt– evidenció que de las 1.494 especies de peces de agua dulce registradas en el país, 374 son endémicas, es decir que solo tienen presencia en nuestros ecosistemas. De ese total, 706 están en la región hidrográfica del Amazonas, 663 en el Orinoco, 223 en el Caribe, 220 en el Magdalena-Cauca y 130 en el Pacífico.

 

Siendo el agua tan importante como el bosque, cabe preguntar: ¿qué se está haciendo para conservarla? Desde los años setenta el antiguo Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena) estableció con 30 m obligatorios a cada lado de un sistema fluvial o acuático la protección de las áreas “inundadas naturalmente” o rondas hídricas.
 

Importancia de la ronda hídrica

 

Los esfuerzos del Estado por mantener una protección de 30 m no son suficientes porque la Guía para el acotamiento de las rondas hídricas de los cuerpos de agua desconoce las singularidades de cada sistema fluvial. Acotar una ronda hídrica es definir el límite funcional de este sistema acuático, lo cual permite asegurar su integridad y con ello su funcionamiento y la provisión de servicios ecosistémicos a la sociedad.


Además de los ciclos habituales mencionados, en ocasiones también hay ciclos de lluvias multianuales más largos, los cuales incrementan los caudales de los ríos y las áreas conexas que ellos impactan, que además suelen ser zonas habitadas por poblaciones vulnerables.


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En un trabajo piloto adelantado entre el Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia) se aplicó dicha guía metodológica en el río Hacha (Florencia), el río Mulato (Mocoa) y la quebrada Yahuarcaca (Leticia), teniendo en consideración su importancia ecosistémica y su uso como fuente de agua para acueductos.


El resultado evidenció que la medida de los 30 m a lado y lado es ineficaz. En el río Hacha la ronda de la izquierda dio 1.186 m y la de la derecha 962 m; en Yahuarcaca, por ser impactado por el río Amazonas, la distancia que más se ajusta sería de 648 m a la izquierda y 2.350 m a la derecha; y el río Mulato arrojó una ronda de 60,4 m a la izquierda y 462 m a la derecha.


De esta manera se confirma que si se trata de evitar grandes tragedias como las provocadas por la deforestación y los ríos, queda claro que la naturaleza enseña que hay que entenderla y no vale intentar dominarla, pues siempre nos vencerá.

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