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Iniciativas de paz: apuestas de los excombatientes en proceso de reincorporación

Lo que nos enseña el escenario del posacuerdo entre el Gobierno y las FARC-EP es que la paz va mucho más allá de una negociación o un acuerdo entre el Estado y un actor armado, y que más bien se construye en el nivel microsocial de la vereda o el barrio, con la comunidad y entre quienes enfrentan las conflictividades sociales y orientan sus esfuerzos para construir el tejido social.

Encaminados a ello, los diferentes actores de la sociedad civil adelantan esfuerzos que responden a múltiples orígenes, retos y propósitos, conocidos como “iniciativas de paz” y asumidos desde distintas perspectivas, lo que genera que sus reivindicaciones varíen en función de la posición relativa que han ocupado estos actores en la esfera social.

Precisamente por esta multiplicidad de reivindicaciones y de las numerosas conflictividades a las que responden, en Colombia se han gestado innumerables iniciativas de paz que no han recibido la atención mediática ni el reconocimiento público que merecen.

Por una parte, organizaciones civiles han creado iniciativas de paz enfocadas en la reconstrucción de la memoria y la visibilización, mientras que otras se han enfocado en justicia y reparación.

A su vez, como producto de los procesos de negociación con distintos grupos armados, en Colombia han surgido con fuerza iniciativas de paz de excombatientes en proceso de reincorporación, un grupo social sometido a escenarios tanto de marginación social y económica como a prácticas de violencia física y simbólica.

La dificultad de construir paz dentro de un escenario hostil

Es necesario reconocer que el desenvolvimiento de las iniciativas lideradas por excombatientes varía significativamente en relación con los retos y desafíos que deben enfrentar. En especial, se presentan disonancias entre las normativas institucionales –creadas con la intención de incentivar y regular las iniciativas de paz– y su desarrollo concreto.

No obstante, la realidad es que el gobierno del presidente Iván Duque –como lo han evidenciado varios centros de pensamiento, entre ellos la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA)– tuvo poca voluntad para implementar el Acuerdo de Paz.

Es por ello que, aunque el objetivo fundamental de estos actores es contribuir desde sus iniciativas a la construcción de paz, sus intenciones se han visto truncadas por la escasa voluntad política.

Al respecto, en entrevista con El Espectador, la presidenta de la WOLA, Carolina Jiménez Sandoval, reconoció que “no ha sido una sorpresa el que Duque carezca de voluntad política para implementar el Acuerdo, pero lo que sí nos sorprende aquí en Washington es que él pretenda mostrar logros y avances del Acuerdo que ni siquiera han dependido de su voluntad, sino más de las comunidades, de las organizaciones de la sociedad civil, de gobiernos amigos que siempre han acompañado este proceso y de Naciones Unidas, que ha cumplido un papel tan fundamental en Colombia”.

Por este motivo, sumado a la persecución armada de las que son víctimas los excombatientes, las iniciativas de paz que ellos lideran han tenido que desenvolverse dentro de un clima hostil, situación que no solo condiciona en gran medida su visibilización, sino que además pone en riesgo la sostenibilidad de las iniciativas y con ello los procesos de reincorporación.

Lo que arroja el estudio de las iniciativas

Durante los últimos seis meses, el Observatorio Pazando el Conflicto, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), ha adelantado un ejercicio de rastreo e identificación de la situación en la que se encuentran las iniciativas de paz adelantadas por los excombatientes, o que aun siendo originadas en el seno de otros actores sociales, sus destinatarios son excombatientes.

A raíz de este ejercicio, hasta hoy ha sido posible identificar alrededor de 181 iniciativas locales, regionales e incluso nacionales, las cuales presentan una vasta variedad, considerando una serie de criterios definidos por el Observatorio.

En el primer boletín bimestral del Observatorio se presentaron los resultados de una primera etapa orientada a la exploración, sistematización y análisis de las iniciativas de paz creadas por y para los excombatientes. Producto de ello se han identificado diferentes modalidades en las que estas iniciativas se expresan: culturales, productivas, educativas, de memoria, de acompañamiento, y de asistencia técnica, entre otras.

De este primer ejercicio de sistematización, categorización y análisis (y en función de criterios preestablecidos durante el desarrollo del estudio), el boletín dio cuenta de que las iniciativas identificadas se pueden clasificar en distintas áreas.

Los resultados arrojan que la tendencia o categoría con mayor incidencia dentro de las iniciativas de paz son aquellas orientadas exclusivamente a la promoción del desarrollo económico, social y cultural, pues estas representan el 71,9 % de las identificadas.

Tal vez esto nos indica que el desarrollo de iniciativas de paz se enmarca principalmente en la óptica de la productividad y la estabilidad económica, como si ello se tratara de una condición esencial para un “efectivo” proceso de reincorporación a la vida civil.

Por su parte, aunque a una enorme distancia, es de destacar aquellas iniciativas conducidas al acompañamiento y soporte a comunidades, organizaciones o individuos en zonas de conflicto, que representan el 16,4 %.

Aquí se evidencian los esfuerzos de organizaciones sociales privadas nacionales e internacionales así como la práctica asistencialista de la institucionalidad colombiana.

Las otras tres categorías abarcan en total un 11,7 %. Este es otro de los elementos problemáticos que el Observatorio identifica en su ejercicio, pues esta es una cifra preocupante por cuanto estas iniciativas versan sobre elementos centrales de la construcción de paz como lo es la resistencia frente a la violencia, la mediación y transformación de conflictos, la educación para la paz, la memoria y la participación democrática.

Otro aspecto de suma importancia es observar el factor de la georreferenciación de las iniciativas. A partir de ello es posible dar cuenta de las condiciones y las potencialidades que tienen las diferentes regiones y zonas del país para adelantar estas acciones colectivas encaminadas a la construcción de una cultura de paz en sus territorios.

Para examinar de manera más precisa lo anterior, el Observatorio Pazando el Conflicto desarrolló un mapa interactivo que da cuenta de esta georreferenciación y que permite contemplar detalladamente el nombre, la ubicación, el periodo de desenvolvimiento, los actores involucrados, el nivel territorial de incidencia y la línea temática de cada una de las iniciativas rastreadas.

De este ejercicio se desprenden dos conclusiones principales. La primera es el impacto del enfoque territorial con el cual se blindó el Acuerdo de Paz, pues solo dos de las iniciativas rastreadas tienen un nivel de incidencia internacional, mientras aquellas orientadas a incidir en el ámbito interno presentan números muy similares: nacional con 77, regional con 70 y local  con 107 iniciativas.

La segunda conclusión a la que se llega por esta misma vía es la coincidencia geográfica de las iniciativas con las subregiones de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Con ello se evidencia el impacto que la creación de estas zonas y sus objetivos tiene sobre el desarrollo y la promoción de iniciativas de paz.

No obstante, esta sincronía no es estricta, puesto que el mapa de georreferenciación muestra un número considerable de iniciativas con nivel de incidencia en la zona central del país, en departamentos que no integran esas subregiones PDET,  como por ejemplo el Eje Cafetero, Tolima, Cundinamarca, Boyacá, Meta y Antioquia (con excepción de la subregión del Urabá).

Lo anterior permite comprender que la priorización de las subregiones PDET atendió a la perspectiva de la paz negativa, pues estas zonas son las más afectadas por el conflicto y la violencia, de modo que antepuso las lógicas de ausencia de violencia sobre otras como la educación, el desarrollo humano y la justicia social.

Lo segundo necesario es manifestar es precisamente ese rol protagónico con que las iniciativas buscan hacerles frente a las lógicas y enfoques predominantes de la paz negativa.

De esta manera, el Observatorio viene contribuyendo no solo a que estas iniciativas de paz tengan la posibilidad de ser más visibles, sino que también se estudien de manera paralela los avances y desafíos en los que estas se desenvuelven. Un ejercicio que implica un esfuerzo no solo de largo aliento sino también de multiplicidad de perspectivas.

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