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Identidad e individualismo, causas principales del rechazo a migrantes

La construcción de muros, la creación de zonas especiales en ciudades, el destierro, los dispositivos sociales para la exclusión y la marginación son algunas de las muestras de rechazo que dominan algunas partes del mundo.

Esto incluye la agresión directa, la marginación, el rechazo explícito, la exclusión, la estigmatización y el odio. En el artículo, “La segregación, ¿un sentimiento íntimo? Algunas consideraciones desde el psicoanálisis”, publicado en la revista Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en 2019, se dan luces para entender por qué hay tanto rechazo hacia los inmigrantes con el resurgimiento del nacionalismo.

El caso italiano con Open Arms

En octubre de 2013 el Gobierno de Italia emprendió una serie de acciones navales y aéreas para abordar el incremento de la inmigración irregular a través del mar Mediterráneo que había ocasionado tragedias de embarcaciones de migrantes frente a sus costas.

Durante esta operación de búsqueda y rescate –denominada Mare Nostrum–, al menos 150.000 migrantes llegaron a salvo a Europa, provenientes especialmente de África y Medio Oriente. La operación terminó en noviembre de 2014 ​y fue reemplazada por la Operación Tritón, que se centró en la protección fronteriza y no en acciones de búsqueda y rescate de migrantes.

Desde entonces la tasa de mortalidad de migrantes en el Mediterráneo aumentó en diez veces entre 2014 y 2015.​ En abril de 2015 ocurrieron dos grandes catástrofes por el naufragio de embarcaciones, que ocasionaron la muerte de más de 1.000 personas. Ante la falta de una respuesta eficaz por parte de los Gobiernos, algunas ONG –como SOS Méditerranée, Médicos del Mundo y Proactiva Open Arms fletaron barcos de rescate para hacer frente a la crisis.

En agosto de este año, un barco de Open Arms con más 107 inmigrantes rescatados recibió negativa de Italia para desembarcar en sus puertos, negativa que además estuvo acompañada de amenaza de cárcel a los inmigrantes y de retención y multas a la embarcación si llegaban a tierras italianas. La situación en barco se fue complicando y generó la alerta mundial.

Según un informe publicado en 2018 por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los fallecimientos por vía marítima en la ruta a Europa han descendido: en 2016 fueron más de 5100, en 2017 más de 3100 y en 2018 fueron 2262. La mayoría de ellos fueron en arribos por mar a Italia, Chipre y Malta.

La explicación desde el psicoanálisis

Hechos asociados a diferencias étnicas, raciales, territoriales, o también como rechazo a las diferencias género, de religión, de costumbre, y en particular a las diferencias políticas y sociales.

¿Cómo entender estos hechos y estos sentimientos? El concepto de “segregación”, definido inicialmente como separar, marginar, excluir o apartar. En ese sentido, la segregación se aplica en contextos en los cuales se considera que ciertas personas (con ciertas características físicas, psíquicas o culturales, por ejemplo) son inferiores, inadecuadas, inconvenientes o peligrosas, y que por lo tanto deben ser separadas.

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La segregación constituye una forma de violencia compleja de ver, de reconocer. Se trata de una rivalidad, una hostilidad con el otro, un odio, una enemistad, es un asunto vinculado a su condición de persona con la naturaleza de sus relaciones; se trata de un fenómeno que reaparece permanentemente en el seno de las culturas y de las relaciones, y que pareciera ser propio del ser humano.

Esta se expresa como un sentimiento de desprecio y odio por otros, como un sentimiento de no aceptar, no tolerar al contrario, con la idea de querer destruir a otros porque son diferentes, extraños o extranjeros. Este hecho está presente en el ser humano desde su origen y constitución. En la psicología del desarrollo del niño, es posible percibir la segregación como un movimiento que permite la constitución del “yo como una entidad diferente a los otros”.

Para Freud y Lacan la segregación da lugar a la forma como nos relacionamos con los otros, retomando la idea de que en un principio se genera un rechazo, un sentimiento hostil contra lo externo, lo ajeno, que luego se volverá en sentimientos de hermandad, solidaridad y de un interés social.

Freud construyó una historia mítica en la que postula que el hombre en un estado natural, primitivo, estuvo en guerra contra el hombre, fue capaz de destruir y aniquilar sin miramientos y sus necesidades sexuales y agresivas no tenían límite, hasta que un orden artificial, un marco de leyes y restricciones fuertes, externas, un sistema de leyes sociales le impuso privaciones y prescripciones, un pacto social que es una hipótesis explicativa del orden social.

Así los sentimientos de segregación y el odio serían primitivos y tras grandes acontecimientos serían dominados por lo que une a las personas y las hace amarse como hermanos, con la idea de que todos son iguales y comparten una condición común.

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Este mito del origen de la segregación da lugar a la fundación del lazo social, a la fraternidad, al amor al prójimo, a las organizaciones sociales, a la religión. A partir de allí surge un empeño en ser todos hermanos, amarse unos a otros, respetarse, sentirse copartidarios, connacionales, en no matarse.

Este esfuerzo de las leyes civiles y religiosas (puesto en constituciones, leyes, tratados, mandamientos, etc.) para que las personas se vean como iguales, como hermanos y no como enemigos.

Ser hermanos es una tarea difícil, de respeto hacia el otro y esto implica un gran esfuerzo, por eso, para que la no agresión y el respeto puedan sobreponerse, se deben disponer de grandes esfuerzos en la cultura, la civilidad y la religión.

La dificultad de aceptar la diferencia

A pesar de todas estas leyes y principios, lograr consolidar la fraternidad ha sido difícil, pues el odio y todas sus expresiones posibles se manifiestan hoy día en el seno del malestar social de mil formas, pero especialmente con un despertar del nacionalismo, el incremento de los integrismos religiosos, del antisemitismo, las diversas formas de xenofobias y a todas las diferencias.

Esta identificación al tiempo que congrega, que une, pone en evidencia que las comunidades están desunidas y que se debe realizar un gran esfuerzo por volver a tener la unión como factor principal y estar conscientes de que existe inicialmente la segregación. Según Lacan el origen de la fraternidad es la segregación, “cuanta más energía ponemos en ser todos hermanos, tanto más se hace evidente que no lo somos”.  

Esta búsqueda de identidad a través de la identificación como hermandad paradójicamente implanta y resalta a la vez la diferencia. Y se establece más aún en esta época de globalización, de comunicación universal, de rompimiento de todas las barreras y límites que resaltan las diferencias raciales, culturales, de religión, de clase, de sexo, regionales, nacionales; en el nivel subjetivo, en el fuero particular de cada uno, el individualismo promovido por el capitalismo difunde un rechazo, una dificultad, una imposibilidad para aceptar la diferencia y promueve la segregación.

El odio al “otro diferente”

La segregación es entendida como el odio a las formas de ser del otro. Este nuevo orden impuesto por las recientes dinámicas relacionales del mercado y de la sociedad actual ha implicado que todos debemos seguir un mismo ideal, unas mismas prácticas, unas mismas formas de relación.

El discurso de la ciencia propone una universalización, una homogeneización, esto supone “suprimir” las diferencias y ser (o deber ser) todos iguales.

Estos cambios conducirán a excluir, marginar y desconocer al otro diferente, en particular a través de diagnósticos y procedimientos médicos, así como de otros dispositivos contemporáneos (algo ya señalado por otros autores como Foucault).

La segregación se hace presente con un ordenamiento, una forzosa igualdad, la necesidad de ser todos iguales y no aceptar los diferentes que serán apartados, señalados, excluidos, podrán ser considerados enfermos, anormales, pero también podrán ser considerados malos, peligrosos, enemigos.

En el caso de Open Arms, hicieron eco las palabras del ahora ex primer ministro italiano, Matteo Salvini, cuando el bloqueo de aguas de su país mantuvo estancados a 107 migrantes a bordo:

“¿Timidez? ¿Apelar a una falsa concepción de ‘humanidad’? ¿Puertos abiertos? ¿Llegadas de miles de personas? ¡No en mi nombre!”

Lea el texto completo de investigación “La segregación, ¿un sentimiento íntimo? Algunas consideraciones desde el psicoanálisis” aquí.

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