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    Hallan en el Atrato nueva especie de tortuga

Es la representante de la ola migratoria más antigua que habita el norte de Suramérica desde hace ocho millones de años. Su nombre científico es Trachemys medemi, en homenaje a Federico Medem, herpetólogo de origen alemán. Pese a ser nueva para la ciencia, ya está amenazada por el comercio ilegal.

Por cerca de ocho millones de años, los ojos pequeños y acuosos de Trachemys medemi han observado desde el Pacífico colombiano el devenir de la Tierra. Así lo revelan sus nidos, hallados en los departamentos de Chocó (municipios de Acandí, Unguía y Río Sucio) y Antioquia (Chigorodó y Turbo), en cercanías del río Atrato.

Aunque no supera los 22 centímetros de largo, los procesos evolutivos le han concedido una colorida magia a esta integrante del grupo de los quelonios, conocida también como icotea del Atrato; su cuerpo está atravesado por gruesas líneas de color amarillo intenso, que al llegar a su cabeza se encuentran con otras de color naranja, y por debajo su caparazón es anaranjado intenso.

El hallazgo de esta especie endémica estuvo a cargo de los investigadores Mario Vargas Ramírez, director del Grupo Biodiversidad y Conservación Genética, del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia (un), y Uwe Fritz, director del Instituto de Investigación Senckenberg de Dresde (Alemania), además de otros científicos.

A paso lento, pero llenos de confianza, los investigadores realizaron estudios genéticos de 14 especímenes para determinar la historia de la tortuga encontrada: “los análisis moleculares indicaron que se trataba de una nueva especie, que le daba un vuelco a lo que se creía era la biogeografía de las tortugas icoteas en Suramérica”, comenta el profesor Vargas Ramírez.

“Los análisis moleculares indicaron que se trataba de una nueva especie, que le daba un vuelco a lo que se creía era la biogeografía de las tortugas icoteas en Suramérica”.

“Familiares” lejanos

El investigador explica que todos los organismos vivos sobre la tierra tienen la información genética codificada, y que ella se encuentra en los cromosomas y la mitocondria, que son las estructuras que hacen del individuo lo que es, y allí también se encuentra todo rastro de la historia evolutiva. En ese sentido, cuando se accede a algunas partes del genoma, por ejemplo al mitocondrio –organelo celular que tiene información que permite saber acerca del destino evolutivo–, este revela las diferencias de adn entre una especie y otra.

Así es posible conocer su familia, variedad y procedencia, e incluso aspectos poblacionales como si existe una reducción de la especie a consecuencia de eventos biogeográficos propios que afectaron su evolución.

“Para observar las relaciones evolutivas analizamos genes mitocondriales y genes nucleares y así descartamos la relación con la icotea Trachemys venusta callirostris, que habita la zona norte de Colombia, pero encontramos que Trachemys medemi es hermana de Trachemys dorbigni, especie conocida del Río de la Plata y del sur de Brasil”, señala el investigador de la UN.

Ante este hallazgo se preguntaron ¿cómo una especie encontrada en el bajo Atrato está emparentada con otra que habita a unos 4.500 kilómetros de distancia? El profesor Fritz, quien ha estudiado las tortugas por más de 30 años, indica que la historia evolutiva de la familia Trachemys se divide en dos periodos: se originó en Norteamérica y después empezó a conquistar hábitats en el sur del continente, por Mesoamérica –sur de México–, y por las islas del Caribe.

El experto del Instituto Senckenberg sostiene que “la primera ola de ‘conquista’ se dio hace unos siete u ocho millones de años, lo cual dio como resultado Trachemys medemi y la especie de T. dorbigni.

La ola más reciente sucedió hace dos o tres millones de años, dando origen a las especies que se encuentran en el Magdalena y Sinú, Trachemys venusta callirostris, y una subespecie venezolana, Trachemys venusta chichiriviche”.

Para desenredar la madeja, los científicos se apoyaron en la técnica “reloj molecular”, que sirve para conocer aproximadamente en qué momento se separaron las especies.

Esta relaciona el adn con información geológica y paleontológica para saber cómo los eventos fuertes de la formación de la Tierra afectaron los orígenes de las especies. Aplicando el reloj molecular, constataron el gran intercambio biótico en América: “su proceso migratorio hacia el sur se dio gracias a la formación de lo que hoy es Panamá; por ahí pasaron grandes mamíferos y otros grupos como las tortugas. Investigaciones recientes estiman que el tránsito por ese ‘puente’ pudo suceder desde el Mioceno, hace 17 millones de años”.

Primeros avistamientos

En 1956, el investigador Federico Medem –considerado el pionero de la investigación de tortugas y cocodrilos de Colombia y Suramérica– fue uno de los primeros científicos en avistar la especie. De hecho en 1958, 1962 y 1975 se refirió a una tortuga que habitaba en el bajo Atrato, que era diferente a la icotea que se encontraba en la cuenca del Sinú y del Magdalena.

El profesor Vargas Ramírez afirma que por mucho tiempo se pensó que Trachemys medemi era la variante de Trachemys venusta, proveniente de Mesoamérica, pero lo que realmente sucedió es que nunca se interpretaron bien las características descritas por el herpetólogo alemán.

Varios años después, tras intensas conversaciones sobre tortugas, fue cuando los investigadores cayeron en la cuenta de que aquella especie a la que se refería el científico Medem era propia del territorio colombiano, y que además no estaba clasificada; en ese momento inició la aventura que condujo a su descubrimiento. Por eso, en su honor, decidieron nombrarla medemi.

Especie amenazada

Hasta el pasado viernes 13 de octubre, cuando se dio a conocer el hallazgo de una nueva especie para la ciencia, Colombia solo tenía tres especies endémicas: la tortuga del Magdalena o Podocnemis lewyana, la tortuga carranchina o Mesoclemmys dahli, que habita en la Costa Atlántica, y la tortuga de barro de Dunn o Kinosternon dunni del Chocó.

El descubrimiento de la cuarta tortuga endémica de Colombia, Trachemys medemi, se convierte en una responsabilidad para todos los colombianos. Los investigadores Vargas Ramírez y Fritz advierten que aunque los individuos que habitan en el Parque Nacional Natural los Katíos y en la Reserva Nacional de Bosques Protegidos Río León están resguardados, la situación no es la misma en otros sectores.

Dentro de las principales amenazas se encuentran el comercio ilegal intenso; el hecho de que “miles de ejemplares son capturados cada año para consumo humano en Semana Santa; y la ampliación de la frontera agrícola, para la cual se queman bosques y se introducen pastos para el ganado”.

“Miles de ejemplares son capturados cada año para consumo humano en Semana Santa; y la ampliación de la frontera agrícola, para la cual se queman bosques y se introducen pastos para el ganado”.

En ese sentido, hasta que se examine el estado de conservación de la icotea del Atrato recomiendan incluirla en la categoría “Vulnerable” de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (uicn). De pronto así el Gobierno y las instituciones de conservación emprendan acciones que permitan preservarla como una de las más antiguas “conquistadoras” de las tierras colombianas.

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