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Formación y atención remotas, desafíos para la práctica médica

Asistir al laboratorio clínico, al odontólogo, o a realizarse una endoscopia, son actividades que han cambiado en los últimos meses, y no es claro cuándo se retornará a la “normalidad”.


Con la pandemia provocada por el nuevo coronavirus, aspectos como el número de personas infectadas e inmunes (a los que la infección no les repite o lo hace de forma considerablemente más leve) y las nuevas medidas de bioseguridad necesarias para el desempeño de ciertas prácticas han transformado las áreas de la salud de forma sustancial.


Dos elementos fundamentales harán que varios de estos cambios persistan en la pospandemia. El primero es la transmisibilidad del virus, el cual va de persona a persona a través de gotas de saliva o aerosoles, y del contacto con las manos de las personas infectadas.


El segundo es la manera como afecta a distintos grupos de personas. La tabla 1 muestra la mortalidad según grupos de edad en Colombia a 30 de mayo de 2020 (en años). Así, se observa que la mortalidad es considerablemente más alta a partir de los 60 años, uno de los fundamentos del aislamiento social y físico de este grupo etario.
 

Cambios en las medidas de protección del paciente


El riesgo de adquirir una infección en los escenarios de atención en salud ha sido una preocupación de larga data. Con la nueva pandemia se ha hecho más evidente que en circunstancias y lugares específicos en los que se efectúan procedimientos o se administran tratamientos que generan aerosoles puede haber infecciones (al trabajador de la salud o al siguiente paciente en turno) en áreas como cirugía, odontología, gastroenterología o cardiología.


Algunos de dichos procedimientos son: intubación endotraqueal, broncoscopia, aspiración abierta, administración de un fármaco por nebulización, ventilación manual antes de la intubación, giro del paciente a decúbito prono, desconexión del paciente de un ventilador, ventilación no invasiva con presión positiva, traqueostomía y reanimación cardiopulmonar.


En este momento los procedimientos quirúrgicos ya se han adaptado: cirujanos y anestesiólogos utilizan equipos para protegerse y las salas de cirugía requieren de condiciones especiales para su funcionamiento. Sin embargo, para realizar procedimientos odontológicos, de endoscopias digestivas o ciertos tipos de ecocardiogramas, se requiere la adaptación de los espacios físicos para garantizar la seguridad del paciente y del equipo de salud. Tales cambios requieren, entre otros aspectos, inversiones económicas y ajustes de infraestructura y de ingeniería, por lo que pueden tomar un tiempo en aplicarse.
 

Medicina a distancia


Mientras no se disponga de una vacuna, la seguridad para salir, asistir a un consultorio, sentarse en una sala de espera y hacer una consulta directa con un médico o terapeuta seguirá siendo limitada, en especial para las personas con enfermedades subyacentes y para los adultos mayores.
 

Por eso, muchas actividades relacionadas con la atención médica –y no solo centrada en COVID-19– se seguirán haciendo mediante asistencia remota, por ejemplo a través de teleconsulta, teleasistencia y telemedicina. Así se garantizará que sea menos necesario salir a una consulta, a reclamar medicamentos o a tomarse pruebas de laboratorio.
 

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las teleconsultas son una herramienta esencial para usar durante una pandemia. En situaciones en las que no hay una planificación adecuada y medidas de mitigación, los servicios de salud pueden estar expuestos al riesgo de colapso causado por una sobrecarga de consultas que podrían ser atendidas por medios virtuales.
 

“Las teleconsultas son una forma segura y efectiva de evaluar casos sospechosos y guiar el diagnóstico y el tratamiento del paciente, minimizando el riesgo de transmisión de la enfermedad. Estas permiten que muchos de los servicios clínicos clave continúen operando regularmente y sin interrupciones, tanto en la preparación como en el curso de una emergencia de salud pública”, señala la OPS.

Educación en salud


Otro cambio está relacionado con la forma en la que se educará a los estudiantes de las áreas de la salud, ya que tradicionalmente el contacto con el paciente se ha privilegiado para obtener vivencias directas y aprendizaje con personas que cuentan sus historias, su afección, su manera de entender la enfermedad.
 

La educación requerirá que tanto estudiantes como pacientes estén seguros en sus encuentros, es decir que durante un tiempo se limitarán –por razones de bioseguridad– los contactos, o se realizarán con una mayor protección. En este escenario, los modelos, la simulación y el contenido virtual tendrán un mayor peso en la educación. Por ejemplo, el Real Colegio de Cirujanos tanto de Inglaterra como de Irlanda desarrollaron las herramientas e–STEP y BeST, respectivamente, como medios de educación quirúrgica virtual en programas de 1 a 2 años. Dichos programas cuentan con foros de discusión, acompañamiento académico y personal, y casos clínicos, además de diferentes módulos en los cuales se desarrollan diversos temas de cirugía.
 

Investigación


Aunque se han realizado importantes y rápidos avances con respecto al conocimiento del nuevo coronavirus, todavía falta mucha información por indagar acerca de este, como por ejemplo ¿con qué frecuencia los que se enferman ya no repetirán? ¿habrá una vacuna? Y si la hay, ¿qué tan efectiva será y qué costos tendrá? Los avances en los próximos meses permitirán entender si los cambios son transitorios o definitivos.


En el caso colombiano, se han impulsado nuevas estrategias diagnósticas que faciliten la identificación de los pacientes, el desarrollo de ventiladores (aparatos para soportar la respiración de los enfermos graves), e incluso la investigación de medicamentos, cuyos resultados en los próximos meses brindarán una guía de mejores formas de diagnosticar, tratar y prevenir la infección.
 

¿Para dónde vamos?


Las dimensiones por el nuevo coronavirus SARS-COV-2 y su enfermedad, el COVID-19, ha removido, como sucedió con otras pandemias, los cimientos de nuestra forma de pensar y actuar.


La pospandemia es el escenario en el cual se moverá la atención en salud durante varios años, y su éxito dependerá de si hemos logrado ajustarnos, conocer y controlar los nuevos riesgos, y ser solidarios con quienes –por razones de enfermedad, situación económica, o simplemente por una decisión personal– se exponen y se infectan con este virus que llegó para quedarse.


Las técnicas, la tecnología y la forma de prestar la atención habrán cambiado, pero no la esencia de los servicios de salud y los principios éticos: acompañar, ayudar, algunas veces incluso curar, pero nunca hacer daño.
 

Puedes ver: Telemedicina: qué es y cómo funciona en tiempos de pandemia.

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