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Estudios generales: hacia profesionales íntegros y buenos ciudadanos

Según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de 2018 (en el que 0 puntos es muy corrupto y 100 es ausencia de corrupción), elaborado por la organización no gubernamental Transparencia Internacional (TI), Colombia ocupa el deshonroso lugar 99 del mundo, con un puntaje de 36 sobre 100, descendiendo varios puestos desde 2015 y muy por debajo del promedio mundial, que es de 44 puntos.

El fenómeno de la corrupción en el país no es aislado o esporádico; es más bien una tendencia arraigada en nuestra cultura, que influye de manera profunda en los propios códigos morales.

Ante esta situación surge la pregunta: ¿por qué hay tanta corrupción en Colombia? Y una respuesta clara es la falla en los sistemas de educación superior, que todavía se concentran en el modelo de la universidad napoleónica de comienzos del siglo XIX, en la que se forman técnicos, tecnócratas y tecnólogos –cuyo único fin es tener un título para conseguir una mayor retribución económica en el mercado laboral–, pero no forma ciudadanos.

Pero es necesario preguntarse: ¿con este modelo de preparación de tecnócratas se están formando buenos profesionales? A los arquitectos e ingenieros se les cae el edificio Space de Medellín, el puente Chirajara en la autopista al Llano, ¡y qué decir de Hidroituango! Entre los médicos se crea el “Cartel de la hemofilia” y entre los abogados el “Cartel de la toga”.

Formación para la vida

Según el cardenal John Henry Newman, forjador de la universidad moderna y cuyo libro La idea de una universidad(1852) es considerado como un clásico de la educación superior, “en las universidades británicas había una crisis por causa del utilitarismo reinante, basado en la técnica, la experimentación y la aplicación práctica del conocimiento. […] En plena Revolución Industrial, la universidad se tornaba altamente profesionalizante, con el consiguiente descuido de los conocimientos que trascendieran lo puramente utilitario”.

Newman otorgaba máximo valor al conocimiento universal como fin en sí mismo –independiente de su aplicación–, un real desafío abierto en el medio utilitarista: el cultivo de la mente por medio de la educación liberal. Es así como define a la universidad: “el lugar donde se enseña el conocimiento universal […] su objeto no es más que el cultivo y la excelencia del intelecto”.

Es fundamental que el universitario, antes de la especialización y profesionalización, conozca los lenguajes generales de las humanidades, las artes y las ciencias, para que después, en su trabajo como profesional o investigador, sea capaz de llevar a cabo una actividad creativa inter y transdisciplinaria que le permita contextualizar y relacionar sus saberes con una gran diversidad de disciplinas y áreas del conocimiento.

“Esta educación liberal forma un hábito intelectual que dura toda la vida, cuyos atributos son la libertad, la equidad, la ecuanimidad, la moderación y la sabiduría”. Este es un modelo de universidad en el que la formación es una vivencia en un ambiente de cultura y de creación del conocimiento, cuyo objetivo principal es formar al ciudadano como una persona culta y con una conciencia ética de su existir, conocedor de sus derechos pero también de sus deberes en la sociedad. Esto se logra con la introducción de los estudios generales como fundamentación para adquirir la cultura general antes de iniciar su carrera profesional.

Teniendo en cuenta las dinámicas contemporáneas de la investigación y la generación del conocimiento, los estudios generales cobran hoy mayor vigencia; el conocimiento se construye en especial por medio de la inter y transdisciplinariedad, puesto que los problemas que pretenden resolver los investigadores se contemplan y abordan desde su complejidad.

En este sentido, la hiperespecialización en un tema concreto del saber por sí sola no aporta a la sociedad ni al desarrollo de las ciencias si no es capaz de conectar sus descubrimientos e interpretarlos a la luz de múltiples áreas del saber. Es fundamental que el universitario, antes de la especialización y profesionalización, conozca los lenguajes generales de las humanidades, las artes y las ciencias, para que después, en su trabajo como profesional o investigador, sea capaz de llevar a cabo una actividad creativa inter y transdisciplinaria que le permita contextualizar y relacionar sus saberes con una gran diversidad de disciplinas y áreas del conocimiento.

Hoy, un estudiante con capacidades de pensamiento crítico, relacional y universal, consolidado gracias a la formación en estudios generales, tiene mayores posibilidades de aportar a su área de especialidad, al conocimiento en general y a la sociedad, por su enorme capacidad transdisciplinar. Aunque suene paradójico, a pesar de que las ciencias tiendan a la especialización, los mayores aportes al conocimiento se presentan en la intercesión entre las disciplinas y los espacios nuevos del saber, que solo pueden ser abordados por mentes inter y transdisciplinares formadas en el conocimiento universal.

La estructura actual de los programas de pregrado de la UN está dispuesta para acoger de manera amplia los estudios generales en su Componente de Fundamentación.

Preparar a los estudiantes en los conocimientos, competencias y habilidades de una sola disciplina o profesión, dejando de lado la realización humana, solo busca entregar un título y el simple entrenamiento laboral que claramente no prepara al individuo para tratar con los diversos y muy complejos problemas del mundo contemporáneo, que afectan profundamente nuestra vida en comunidad. Los estudios generales son, pues, el más pertinente y eficaz inicio de una formación ciudadana, de individuos éticos, conectados con la ciencia y la cultura, y de profunda conciencia social.

Modelo de estudios generales en la estructura curricular

La muy alta deserción estudiantil que se registra en nuestras universidades se debe en gran parte a que a los diecisiete años (edad promedio de los bachilleres, aunque es frecuente encontrar de quince años) el estudiante no está seguro de su plan de vida, y con frecuencia se equivoca al elegir una carrera. Y al ingresar a programas como Ingeniería, Derecho o Medicina (cinco o seis años), no posee una sólida cultura general porque no ha sido formado como un ciudadano culto, ético y responsable, sino como un tecnócrata en una profesión.

En el modelo anglosajón (se usa el término como modelo, pero el esquema no es exclusivo de esa cultura), el estudiante madura intelectualmente durante cuatro años de estudios generales (humanidades, artes y ciencias), y solo hasta los veintiún años en promedio ingresa a la carrera profesional, que es más corta (cuatro años).

La primera columna del gráfico 1 muestra el modelo colombiano de la universidad profesionalizante; la segunda, el modelo anglosajón con cuatro años de estudios generales (college universitario); la tercera, el modelo propuesto para reintroducir dos años de estudios generales, como fundamentación del currículo profesional de doce semestres de duración. En los dos años aparecen algunas materias que hoy se consideran como básicas o preclínicas, en el caso de Medicina.

La UN posee hoy el instrumento para reintroducir los estudios generales, el Acuerdo 033 de 2007, que define la estructura general y los lineamientos básicos de la conformación de todos los programas curriculares que ofrece la Institución. Gracias a esto se puede decir que la estructura actual de los programas de pregrado de la UN está dispuesta para acoger de manera amplia los estudios generales en su Componente de Fundamentación.

Por ejemplo la Facultad de Medicina, en desarrollo del Acuerdo 239 de 2013 (Acta 45 del 5 de diciembre del Consejo de Facultad), que establece el Componente de Fundamentación, ofrece 72 créditos de asignaturas optativas, pero en la práctica esto aparece muy débil, tal vez por su carácter optativo, como se ve en la tercera columna del gráfico 2.

En la cuarta columna del gráfico 2 parece la propuesta para reintroducir los estudios generales en la Facultad de Medicina.

Además es necesario contemplar otros escenarios curriculares que permitan introducir los estudios generales para programas profesionales o disciplinares de ocho a diez semestres. En este sentido, se propone que para carreras de ocho o nueve semestres se reserven los dos primeros para formar a los estudiantes en el saber universal de los estudios generales, y para las de diez semestres, los primeros tres.

Es importante señalar que en el caso de los programas disciplinares de las facultades de Ciencias Humanas o Sociales, Ciencias Básicas y Artes, cuyo desarrollo desde el inicio está inmerso en una gran área de los estudios generales, solo será necesario incluir materias en sus currículos que complementen su gran área de conocimiento. Así, para las Humanidades y las Artes será indispensable enfocar los estudios generales en asignaturas de Ciencias Básicas.

La muy alta deserción estudiantil que se registra en nuestras universidades se debe en gran parte a que a los diecisiete años (edad promedio de los bachilleres, aunque es frecuente encontrar de quince años) el estudiante no está seguro de su plan de vida, y con frecuencia se equivoca al elegir una carrera.

Para las Ciencias las asignaturas complementarias serán de Humanidades y Artes. En cualquier caso, teniendo en cuenta la actual disposición de todos los currículos de la Universidad, la inclusión de los estudios generales no requiere reforma o reestructuración alguna, solo la modificación de los contenidos de las asignaturas y un gran plan de revitalización y articulación de las áreas básicas del saber.

Esta propuesta sería el primer paso para abandonar el modelo de la universidad profesionalizante, formadora de tecnócratas, para avanzar en el futuro hacia la universidad que enseñe el conocimiento universal para formar ciudadanos, profesionales e investigadores con una fuerte concepción ética de su existir y dueños de una sólida cultura general y capacidad transdisciplinar. Es hora de una verdadera reforma de la educación en Colombia, y debemos comenzar con la principal institución de educación superior pública del país.

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