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Estrategias para integrar el Caribe insular

El territorio del Caribe insular comprende un área de 180.000 km2 que incluyen tres islas mayores (San Andrés, Providencia y Santa Catalina), siete islas cayo (Serrana, Serranilla, Albuquerque, Roncador, Quitasueño, Bajo Nuevo y Cayo del Este y Sudeste) y sus aguas circundantes, lo que lo convierte en la región más extensa de Colombia.

Desde comienzos del siglo XX el Estado ha impulsado cinco diferentes tentativas de integración, las cuales hasta ahora han sido ineficaces. El presente análisis aborda algunas de las principales implicaciones de dichas iniciativas y propone una serie de estrategias para lograr una integración adecuada del Caribe insular colombiano, considerando su importancia geoestratégica.

La creación de estrategias de integración surge a inicios de la segunda década del siglo XX debido a la preocupación del Estado colombiano por las relaciones con Estados Unidos. Desde 1853 los plantadores de San Andrés se dedicaron a cultivar la palma de coco, demandada en el mercado estadounidense, y entre 1883 y 1920 hubo un gran auge en las exportaciones de coco, lo que trajo progreso a los habitantes del Archipiélago. Pero entre 1929 y 1932 la situación económica de la Isla se deterioró por sequías y caída de precios en el mercado internacional a causa de la Gran Depresión.

En 1912, tras una intensa campaña dirigida por Francis A. Newball desde el periódico The Searchlight (El Faro), se aprobó la Ley 52 del 26 de octubre, que creó la Intendencia de San Andrés y Providencia como territorio nacional separado del departamento de Bolívar, del cual formaba parte. Ese mismo año surge la primera integración.

El fin de tal integración era tener un mejor control sobre las islas y evitar preocupaciones institucionales por la seguridad en sus fronteras marítimas. La intendencia implicaba independencia económica y política para el Archipiélago, además de una comunicación directa con el Gobierno central en respuesta a las denuncias de sus habitantes, quienes manifestaban indiferencia e ineficacia en el fomento de la colombianización por parte del departamento de Bolívar.

También en 1912 surge el segundo proceso de integración, la misión católica colombiana en cabeza de Santiago Guerrero, inspector general del Censo Nacional, quien propone el plan de “identidad nacional” que debía ser desarrollado en las islas. Este consistía en la prohibición del idioma inglés en los colegios y en los documentos públicos de las islas como respuesta a las preocupaciones estatales por la afinidad del Archipiélago insular con Estados Unidos. Vale la pena resaltar que es en esos inicios del siglo XX cuando empieza el proceso de “integración” hacia una identidad colombiana, y no con la llegada del puerto libre como se piensa.

Hasta ese momento de su historia las islas habían seguido un desarrollo bastante desligado de Colombia y sus pobladores mantenían su cultura anglo-afro-caribeña heredada de sus antepasados. De esta manera, la creación de la intendencia empieza a generar vacíos culturales y descontentos en la población, ya que propicia la autonomía administrativa al mismo tiempo que genera una dependencia sociocultural nacional.

El tercer proceso integrador, muy ligado a la seguridad de las fronteras marítimas, fue el Tratado Esguerra-Bárcenas de delimitación con Nicaragua, de 1928, el cual reconoce la soberanía nicaragüense sobre la costa de Mosquitos, a la vez que Nicaragua reconoce la soberanía de Colombia sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (islas, islotes y arrecifes).

El cuarto y quinto proceso de integración se enfocaron en la conexión efectiva del Caribe insular con el resto del país, la creación del aeropuerto en 1950 y la designación de “puerto libre” al Archipiélago, en 1953.

La construcción del aeropuerto unió por primera vez el Archipiélago con el territorio continental colombiano, promoviendo así un intercambio entre sus gentes. A su vez, la designación de puerto libre se utilizó como mecanismo integración después del decaimiento de las plantaciones de coco, abrió y expandió nuevas perspectivas al desarrollo comercial, económico y social.

Estrategias para mejorar la integración

La importancia geoestratégica del Caribe insular se ha basado en las conexiones económicas, comerciales y sociales con otras islas del Caribe, lo que le imprimió dinamismo y flujo de exportaciones importantes. Para reformar la integración se debe entender que este se constituyó y se sigue constituyendo como una región multiétnica, multirracial, multirreligiosa y multilingüe.

Si bien las tentativas de integración desarrolladas por el Estado colombiano han estado enfocadas en la reafirmación tanto de sus fronteras como de una identidad nacional conjunta, ha faltado una mirada enfocada en el reconocimiento del Caribe insular como sociedad que históricamente ha estado anclada a procesos globales.

Como afirma el economista Jairo Parada Corrales, se debe repensar “la visión andinizada del desarrollo”, revisando la experiencia de otras regiones que hayan realizado esfuerzos por la valorización de espacios contiguos en la búsqueda de una inserción regional y global. Así, es posible reflejar un esfuerzo de buscar no formas empobrecedoras de inserción, sino estrategias basadas en innovación y calidad que ayuden a la integración nacional de regiones marginalizadas.

De esta manera, implementando estrategias integradoras enfocadas en el valor estratégico del Archipiélago, se debe asumir que este se constituye como la distancia más corta entre Colombia y el Caribe anglófono, o, en otras palabras: entre Colombia y el mundo.

Una de las estrategias de integración sería reafirmar un interés en mantener una relación activa con las demás islas del Caribe anglófono, profundizando en la cooperación, el comercio, y sobre todo en la seguridad compartida del Caribe, teniendo en cuenta que a partir de la consolidación del Caribe insular como puerto libre, desde 1985 los carteles del narcotráfico encontraron una posición geográfica privilegiada para las rutas de comercio mundial, el mismo interés que justificó en un comienzo su designación.

En síntesis: se necesita la puesta en marcha de una política exterior integradora del Caribe insular, con el fin de lograr una verdadera cooperación fronteriza y política con los demás países del Caribe anglófono que asegure un desarrollo integral de la región.

Sin embargo, para que esto sea posible, es importante no solo reconocer que el Estado colombiano es el único ejecutor de políticas internacionales para el Caribe, sino también reconocer el papel y la participación de actores y de grupos académicos y culturales del Archipiélago, partes integradoras para una efectiva inserción con el resto del país.

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San Andres writer Hazel Marie Robinson narrates stories of events and people who were born and raised in the islands. Her novels, No Give Up, Maan!...

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