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¿En qué va la reforma política en el Congreso?

El primer aspecto positivo es que los proyectos responden a la necesidad de acometer con urgencia un cambio audaz de normas electorales en Colombia, como se insiste desde la publicación ¡Reforma Política Ya! Organización electoral,financiación y partidos (UN Partidos, 2018); su otra virtud es que incluyen dos temas importantes de reforma electoral en el país que han tenido suficiente deliberación previa –intelectual y política–, y por lo tanto un cierto consenso para que merezcan ser aprobados.
 

El primero de esos asuntos es el avance hacia la paridad de género en las elecciones para Congreso, pues con distintas fórmulas todas las propuestas buscan obligar a los partidos a presentar cada vez más mujeres en sus listas. Esto va en consonancia con las conquistas internacionales en ese sentido, y con los esfuerzos previos hechos en Colombia y convertidos ya en normas. Pero sobre todo con las exigencias hechas por la sociedad civil, y las organizaciones de mujeres en particular, para avanzar significativamente hacia esa meta.
 

El segundo tema común y acertado es la creación en todos los proyectos de normas para ir eliminando el voto preferente, es decir que se vaya avanzando hacia un escenario político en el que los electores en Colombia solo voten por listas electorales previamente acordadas en el interior de los partidos, en vez de hacerlo como sucede hoy por candidatos respaldados por maquinarias personalistas. Con esto se busca llegar a lo que en ingeniería electoral se denomina “listas cerradas y bloqueadas”, las cuales se oponen a la actual opción que tiene el partido de elegir si presenta listas de candidatos con un orden determinado o si deja que el elector elija a quién darle su voto. En resumen, se quiere que se vote por partidos más que por candidatos.
 

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Pasando a lo negativo, el principal problema de todas estas propuestas es político, porque han surgido de manera desarticulada y no como un proceso de decantación partidista previo que garantice su aprobación. No son presentadas por coaliciones de partidos importantes que prometen su apoyo en los difíciles 8 debates que supone una Reforma Constitucional, sino por grupos de congresistas, aliados temporalmente con ese propósito. Esto es bastante común en Colombia, por lo cual casi siempre –como también ha sucedido en este caso– unas reformas ni siquiera son llevadas a debate, otras rápidamente resultan archivadas y otras más sobreviven pero con escasas posibilidades de ser aprobadas.
 

Como no se hizo esa articulación previa, queda la esperanza de que en algún momento las élites parlamentarias se den cuenta de la necesidad de unirse en torno a consensos logrados tras años de deliberación, de modo que puedan aprobar al final una buena reforma política. Y no solo en estos dos temas señalados, sino también respecto a otros sobre los cuales es necesario hacer cambios para crear confianza ciudadana en el sistema electoral. Estos son, entre otros, una mayor y más efectiva regulación de la financiación privada en las campañas, y la puesta en cintura de los candidatos que crean agrupaciones políticas temporales para evadir controles.
 

En cuanto a la paridad y lista cerrada también hay que señalar algunas dificultades, a pesar de que sobre ambos se viene dando deliberación suficiente desde la Reforma de 2003, y un cierto consenso. Cada una de las figuras tiene objeciones académicas y políticas, además de obstáculos evidentes para su puesta en marcha una vez aprobadas.
 

Respecto a la cuestión de género, en ninguna de las propuestas se ve claro que la obligación de presentar más mujeres candidatas suponga realmente que ellas tendrán éxito electoral y mayor representación en el Congreso. En otras oportunidades estas cuotas han tenido un efecto simbólico, y si en los partidos no se hacen reformas de democracia interna para hacer efectiva la paridad, se puede correr el riesgo de inutilidad normativa de esa acción positiva.
 

En ese sentido, las listas cerradas, pero sin garantías de participación ampliada en el interior de los partidos, pueden suponer –como algunos contradictores de ese modelo ya lo han señalado– la instauración en los partidos de unas mafias antidemocráticas de concesión de avales. El único antídoto para ello es la creación de mecanismos internos claros de elección de candidatos, lo que supone no solo normas de democracia interna legales y estatutarias, sino también voluntad política de hacerlas cumplir efectivamente en esas organizaciones.
 

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Sobre los actuales intentos de reforma política quedan dos cuestiones adicionales por definir, las cuales también se deben destacar aunque tengan más connotaciones políticas que académicas. Estas son las referentes a la fecha de inicio de las reformas que se aprueben y la manera como el actualmente discutido “nuevo código electoral” pueda afectar dicho proceso de reforma política.
 

Se sugiere que es mejor no aprobar normas electorales que afecten las próximas elecciones sino las siguientes, salvo que sea de manera gradual.


Es decir que algunas cuestiones vayan en la dirección deseada en alguna medida para la próxima contienda, pero que sea para la siguiente cuando ya esté consolidado el cambio decidido de las reglas. Eso en cuanto a aspectos como las listas cerradas y hasta la paridad, pero sin perjuicio de que aquellas normas saneadoras de los vicios electorales en Colombia –como las de financiación y controles– sí entren a regir cuanto antes. Es decir, aumentar desde ahora la cuota aspirando a la lista “cremallera” para las siguientes elecciones y restringir el voto preferente en algo, dejando para 2026 su prohibición definitiva.

En cuanto al código electoral, es adecuado que el caos normativo existente se esté armonizando, porque además han confluido varias instituciones en ese esfuerzo. Sin embargo esta debe ser una labor puramente técnica, por lo que aquellas normas de ese código que hagan cambios radicales en el ordenamiento electoral –sobre todo modificando las reglas de juego político– no deberían ser aprobadas hasta que no haya una gran deliberación intelectual de los expertos, la sociedad civil y los partidos, como corresponde a toda gran reforma política.

 


1 https://unperiodico.unal.edu.co/pages/detail/tres-propuestas-de-reforma-politica-y-electoral-en-el-congreso/

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