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En avispa diminuta estaría la forma de combatir plaga de la caña de azúcar

Las larvas del barrenador (del género Diatrea sp) perforan el tallo de la caña –en especial nudos y entrenudos–, se introducen en él y se alimentan de la planta desde adentro arrebatándole sus nutrientes, entre ellos la sacarosa, esencial en procesos industriales.

Hasta la profundidad del tallo, donde no llegan los plaguicidas químicos (razón por la cual es una de las plagas más difíciles de controlar), sí lo hace la hembra de la avispa Cotesia flavipes, que atraída por el olor del excremento de las larvas se da sus mañas para llegar hasta las galerías donde habitan y depositar sus huevos sobre ellas.

Leidy Julieth Salamanca Canizales, candidata a doctora en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Palmira, explica que Cotesia flavipes es un insecto parasitoide, ya que su descendencia se desarrolla en el cuerpo de las larvas barrenadoras provocándoles la muerte. “Cuando la avispa pica a la larva, implanta tanto sus huevos como unas sustancias que le suprimen el sistema inmunológico, lo cual favorece el desarrollo de su descendencia”.

La investigación adelantada por la bióloga arrojó que, en condiciones de campo, las avispas provocaron la muerte de entre el 40 y el 50 % del grupo de larvas estudiadas, pertenecientes a las especies Diatraea indigenella, D. busckella, D. tabernella y D. saccharalis, las que más afectan la producción de azúcar y biocombustibles en el valle del río Cauca, principal zona industrial del cultivo en el país, compuesta por Risaralda, Cauca, Quindío y Valle del Cauca.

Ante la imposibilidad de combatir esta plaga por medio de químicos, a finales de 2017 el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) expidió la Resolución 017848, en la que se establecieron las medidas que los productores de caña del país debían implementar para la vigilancia y el control de las larvas de Diatraea. Entre la lista se encuentran acciones como la siembra de flores nectaríferas junto a los cultivos de caña para favorecer el establecimiento de los enemigos naturales de las larvas, además del uso de moscas y avispas parasitoides como estrategias de control para la producción nacional tanto de azúcar como de panela.

Hacia el establecimiento del parasitoide

La investigación se adelantó en equipo con el Centro de Investigación de la Caña de Azúcar de Colombia (Cenicaña) y contó con la dirección del doctor Germán Vargas, entomólogo del Centro, y la profesora María del Rosario Manzano, de la UN Sede Palmira.

En la investigación de la bióloga Salamanca se trabajó con dos poblaciones de avispas, la primera recolectada en cultivos de Santander y la segunda comprada en una casa comercial. “Cuando estuvimos en campo cortamos las plantas en donde vimos excrementos de las larvas barrenadoras y extrajimos estos insectos. Llevamos las larvas a laboratorio y en algunas encontramos el desarrollo de las avispas, con las que establecimos una colonia”.

Después de este paso se evaluó la biología de las avispas y se cuantificó las veces en que las avispas se acercaban a cada muestra de excremento, concluyendo que en general presentaban atracción hacia las cuatro especies de Diatraea.

Después se liberaron simultáneamente las avispas de campo y las comerciales en 20 fincas cañeras con presencia de las larvas Diatraea. La doctoranda describe que buscaban determinar los niveles de parasitismo, es decir cuando las avispas logran dejar descendencia. Así, “encontramos que parasitaron entre el 7 y el 13 % de las larvas de las cuatro especies estudiadas, lo cual es un indicador prometedor que mejoraría a medida que las avispas logren aclimatarse a la región, como ha sucedido en otros países”.

Sin embargo, para que el establecimiento se pueda dar es necesario que quienes venden las avispas reemplacen con regularidad los ejemplares que utilizan para la cría. “La reproducción entre parientes reduce el tamaño y la capacidad de reproducción, y además podrían perder el instinto para reconocer los olores naturales del excremento cuando se multiplican en laboratorio para su venta”, sostiene la bióloga.

En esa línea, dentro de los resultados del estudio se evidenció que las poblaciones de avispas obtenidas en campo tienen un mejor desempeño que las compradas comercialmente, en cuanto a tamaño y capacidad de búsqueda.

Cuatro décadas de retos en control biológico

El entomólogo Vargas recuerda que en los años setenta la agroindustria azucarera introdujo a Colombia Cotesia flavipes, originaria de la India, para el manejo de los barrenadores Diatraea. En aquella época no hubo una buena adaptación de este enemigo natural a las condiciones del valle del río Cauca, y por lo tanto los esfuerzos en investigación se concentraron en las moscas taquínidas y en las avispas Trichogramma. Con el brote reciente de la plaga se retomó la investigación con Cotesia y los resultados son alentadores.

El panorama empezó a variar desde 2013 en el valle del río Cauca. Según una de las hipótesis que se maneja en el sector, el auge del maíz transgénico, que es resistente a algunas de las plagas, provocó que dos especies de barrenadores D. busckella y D. tabernella se trasladaran a la caña de azúcar. A partir de esto, la avispa cuenta ahora con más especies hospederas y por ello podría proliferar en los cultivos azucareros.

La bióloga Salamanca agrega que “la producción de azúcar en la región pasó de ser impactada por dos especies a ser afectada por cuatro, ante lo cual las alternativas que se venían utilizando no son suficientes. Allí radica la importancia de encontrar en Cotesia flavipes un parasitoide complementario”.

Para determinar la disminución que las larvas de polillas Diatraea genera en la producción de un cultivo de caña, los investigadores eligen 100 tallos al azar dentro de este, y examinan y contabilizan sus entrenudos (secciones de la planta). Si los daños se evidencian en 1 de cada 100 entrenudos (1 %), el cultivo perderá aproximadamente 143 kilos de azúcar por hectárea en la cosecha. “Por cada unidad porcentual que aumente el nivel de daño de entrenudos, se perderán otros 143 kilos de azúcar”, explica.

Con la reciente llegada de D. busckella y D. tabernella a los cultivos de caña, advierte, se superó el promedio del 2,5 % de nivel de daño en la región. A través de la avispa, la investigación plantea disminuir ese nivel para que no genere pérdidas económicas considerables.

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