Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
El salto del petróleo a la transición energética

Según el Plan energético nacional de Colombia: ideario energético 2050, publicado en 2015 por la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), la transición energética es el “conjunto significativo de cambios en los patrones de uso de energía en una sociedad que afecta los recursos, los portadores, los equipos y los servicios energéticos”. Este concepto está en el centro de las definiciones políticas.

Para algunos se trata de la tercera revolución industrial, basada en energías renovables, mientras que la primera estuvo asociada con el carbón y la segunda con el petróleo. Estas revoluciones comportan cambios tanto en la manera de producir electricidad, bienes industriales, agrícolas y transporte como en los patrones de consumo, que requieren tiempo.

Tal transición puede haber comenzado en los años setenta con la preocupación por el cambio climático del Club de Roma, pasando por la Cumbre de la Tierra organizada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Río de Janeiro, y el compromiso de este organismo con una década para la transición 2014-2024.

Los países desarrollados han avanzado con programas concretos; por ejemplo Alemania se ha propuesto para 2050 generar un 60 % de la electricidad con recursos renovables, mientras Inglaterra busca en el corto plazo (2020) hacerlo hasta en un 15 %. Sus programas persiguen la eficiencia energética, la seguridad del suministro, el estímulo a las renovables y la captura de carbono.

Por su parte Estados Unidos plantea cambiar los patrones de consumo, estimular la innovación y las redes inteligentes para hacer posible el cambio de un modelo eléctrico, con una generación lejana a los lugares de consumo, por un patrón de energía distribuida que no requiere las pesadas líneas de transmisión actuales.

Por ejemplo Alemania se ha propuesto para 2050 generar un 60 % de la electricidad con recursos renovables, mientras Inglaterra busca en el corto plazo (2020) hacerlo hasta en un 15 %.

El gobierno de Donald Trump le apuesta ahora a la explotación del carbón y los hidrocarburos de esquistos –los cuales se obtienen mediante fracking– y a la relajación de las restricciones ambientales.

Pese a los avances de Alemania, Estados Unidos e Inglaterra, China, la India y Brasil son los tres países responsables del 90 % del crecimiento de la demanda de energía mundial a 2035; por tanto, la viabilidad de la transición energética dependerá en gran medida de sus políticas públicas.

Sostenible 

La importancia que ha adquirido la transición energética en las agendas públicas obedece a varias causas, la primera de ellas es que dentro de 20 años la energía consumida en el mundo habrá aumentado un tercio. Sin embargo la Agencia Internacional de Energía proyecta que en 2035 habrá 1.000 millones de personas en el mundo sin acceso a la electricidad y 2.700 millones sin acceso a combustibles limpios para cocina y calefacción en Asia y África.

La pregunta es cómo suplirla de forma sostenible. En segundo lugar, la preocupación por el calentamiento global tiene un mayor eco entre las nuevas generaciones, y la difusión de los hechos del cambio climático es más amplia; en tercer lugar, se teme por la seguridad del suministro del petróleo, un recurso no renovable que podría estar llegando a su punto máximo de producción frente a su consumo creciente; en cuarto lugar, aumentan las dificultades para construir grandes hidroeléctricas y redes de transporte de electricidad e hidrocarburos debido a la oposición de las comunidades. Todo ello suscita interés en fuentes alternativas de energía menos contaminantes y modelos de suministro que acerquen la oferta y la demanda.

Los gobiernos y las grandes empresas de energía son los actores centrales de la transición. Los primeros mediante estímulos y castigos fiscales, además de la asignación de recursos públicos para investigación y desarrollo (I+D), y los segundos mediante la diversificación de los negocios tradicionales de electricidad e hidrocarburos hacia divisiones dedicadas a las renovables. Empresas como Shell y Enel asignan importantes recursos tanto a I+D y a la formación de capital humano, como a los proyectos piloto de eficiencia energética y energías alternativas.

La transición como alternativa para garantizar la estabilidad y sostenibilidad del suministro no está exenta de dificultades: “pensemos por ejemplo en las cantidades de acero que se precisan para la construcción de los aerogeneradores, o en los materiales como el indio y el germanio que se utilizan en los paneles fotovoltaicos cuyos recursos son muy limitados [...] ‘deberán establecerse y fortalecerse los sistemas de reciclaje de los materiales necesarios para un desarrollo energético sostenible. […] Estos incluyen materiales voluminosos como el cemento, el cobre y el acero, además de materiales más raros o tóxicos como el neodimio o el cadmio’”1.

Los gobiernos y las grandes empresas de energía son los actores centrales de la transición.

Todos los sectores deberán ser objeto de medidas públicas. Son conocidas las iniciativas para usar combustibles limpios en los sistemas de transporte masivo, pero también urgen acciones en sistemas como los alimentarios, los cuales “consumen actualmente el 30 % de la energía disponible en todo el mundo; más del 70 % de este consumo se produce fuera de las explotaciones agrícolas y genera más del 20 % de las emisiones mundiales de efecto invernadero”; un 85 % de esa energía se basa en combustibles fósiles2.

Avance ordenado 

Las inversiones requeridas para la transición son enormes. En países como Colombia los recursos son limitados y tanto la pobreza como los problemas de acceso continúan siendo altos. El aporte de los impuestos, las regalías y los dividendos petroleros son importantes para el Gobierno nacional y para las administraciones territoriales.

Entonces, el desafío consiste en planear cuidadosamente la transición energética a mínimo 30 años; eliminar paulatinamente subsidios y subvenciones a actividades contaminantes, y reorientar esos recursos a la diversificación de las economías locales, a la gestión del ambiente y a la inversión en investigación y adaptación al cambio climático.

Colombia es consciente de la realidad de la transición, por lo que el Plan de Desarrollo del próximo Gobierno debería incluir medidas para:

  • Comenzar a financiar la transición con recursos que provengan de combustibles fósiles.
  • Contar con el aporte de los consumidores, los productores y las autoridades para reducir las emisiones y elevar la eficiencia energética.
  • Construir otras competencias productivas en las regiones petroleras financiando esos programas con regalías.
  • Mejorar la institucionalidad y la gestión ambiental y asegurar el acceso a renovables.
  • Invertir en investigación, desarrollo e innovación para viabilizar la eficiencia energética y la expansión de renovables.

La transición energética ya comenzó pero toma tiempo. Es posible avanzar en ella de manera ordenada y paulatina, usando los recursos disponibles para financiarla.

 

1, 2 Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. S.f.circa 2012 La transición energética. Una nueva cultura de la energía.

Relacionados

1075,1076,1077,1078,968

El Informe de la Junta Directiva del Banco de la República presentado al Congreso este año ratifica la dependencia histórica del país a las...

En 2002, junto con la implementación en el país del nuevo régimen político de la Seguridad Democrática –que reemplazó al frentenacionalista y que con...

La emergencia vivida por el proyecto hidroeléctrico más grandes del país, a raíz del taponamiento de uno de los túneles de desviación y sus...

Su producción no incide en los precios internacionales del crudo. De los 93 millones de barriles que se producen al día, el país solo aporta 856 mil y...

Consejo Editorial