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El Salado: a 20 años de un hito de violencia

Diversas conmemoraciones responden a la manera como se ha construido un relato colectivo sobre dicho territorio, que no es por azar que esté allí y que las luces se concentren sobre él. ¿Qué ha significado El Salado para la región de los Montes de María y para el país desde la perspectiva del conflicto armado y la reconfiguración territorial que se ha desarrollado?
 

Puedes escuchar: Catatumbo, en medio de una pelea de poder.


El corregimiento de Villa del Rosario-El Salado, comúnmente llamado El Salado, forma parte de la región de los Montes de María, a 18 km de la cabecera municipal. Desde finales del siglo XX fue reconocido por la producción de tabaco negro, “desde los años setenta recibió mayor atención por la presencia de movimientos sociales en su interior y desde los ochenta se vio marcado por la violencia y la disputa territorial por grupos armados al margen de la ley, lo que provocó el fraccionamiento del tejido social y las estructuras económicas tradicionales” [1].
 

En 2013 en el corregimiento había unos 1.287 habitantes [2], es decir cerca del 17 % de la población que tenía en 1997, cuando se contaban alrededor de 7.000 personas.
 

Aquí comienzan a entenderse las dinámicas de violencia y desplazamiento que se sufrieron: en 1997 se dio la primera masacre que dejó como resultado cinco personas asesinadas a manos de “los Méndez”, paramilitares locales. Todos sus habitantes huyeron, y luego regresaron cerca de 4.000.
 

Puedes leer: Iván Mordisco y el asesinato de indígenas en el Cauca.

 

Entre 1997 –cuando se organizan las AUC– y 2000 el corregimiento estuvo sometido a la violencia de los paramilitares contra el territorio y quienes lo habitaban; este ejercicio de fuerza y control por parte de las guerrillas en la región montemariana se remonta a los años sesenta, con el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejército Popular de Liberación (EPL).
 

La masacre


La matanza perpetrada por las AUC en 2000 –con 450 hombres divididos en 3 grupos– dejó más de 60 personas asesinadas tanto en el casco corregimental como en veredas como El Balguero y en corregimientos aledaños como Flor del Monte, Canutal y Canutalito y en el municipio de Ovejas, Sucre.
 

Al respecto, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) estableció que esta masacre fue planeada en la finca El Avión, jurisdicción del municipio de Sabanas de San Ángel en el departamento de Magdalena, por los jefes paramilitares del Bloque Norte Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo, alias “Jorge 40”, así como por John Henao, alias “H2”, delegado de Carlos Castaño, quienes también la coordinaron [3].
 

Pasaron cerca de dos años para que comenzara el retorno de la población entera que fue forzada a desplazarse por cuenta de las AUC y por la falta de seguridad estatal. El retorno fue liderado desde finales de 2001 por “los viejos”, como suele llamarse a los líderes que decidieron abandonar el miedo, “coger machete”, ponerse las botas y meterse en lo que alguna vez fue su casa y ahora estaba “enmontado”. Fue así como personajes como Agustín Redondo, Sofía Rico, Samuel Torres, Lucho Torres y muchos otros decidieron volver, quitar la maleza de sus casas e ir retomando poco a poco lo que les pertenecía.
 

Puedes ver: “El gobierno estimuló la aparición de las disidencias”.

 


De esta manera, quienes decidieron volver hicieron un proceso por construir su territorio y su territorialidad (nivel de poder que se tiene sobre este), los mismos que les fueron arrebatados al ser desplazados de manera forzada por las AUC. Ambos se construyen de manera dialéctica, es decir por medio de razonamientos y discusiones, y se dan en el proceso con “los otros”; en definitiva, un proceso colectivo y por ello las ausencias se sienten tanto.

El 18 de febrero del 2002 fundaron nuevamente el pueblo y comenzaron a llegar más personas.


El nuevo Salado


A partir de este punto se fueron estableciendo más familias, se reorganizaron los barrios, el colegio y la escuela, y así mismo el Estado hizo presencia de diferentes formas: inicialmente mediante el establecimiento de tropas del Ejército y la Infantería de Marina (teniendo en cuenta que desde el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en 2002, la región de los Montes de María se estableció como Zona de Rehabilitación y Consolidación), luego con instituciones como el Centro Nacional de Memoria Histórica, y por último con la Fundación Semana.
 

Un elemento clave para entender el proceso de reparación colectiva en El Salado fue el ofrecimiento en 2008 de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) que buscaba entender lo ocurrido y los daños sufridos por la población.
 

Todas las afectaciones se resumieron en 5 elementos clave que sirvieron de insumo para la posterior creación y puesta en marcha de los artículos 151 y 152 de la Ley 1448 de 2011, en los que se establece la importancia de la reparación colectiva para las víctimas del conflicto armado [4].
 

Todo esto nos lleva a pensar en las maneras como la población –desde hace al menos 20 años– decidió hacerle frente a la violencia que los aquejaba y retornar a lo suyo. Muchos volvieron de ciudades como Barranquilla, Cartagena y Sincelejo porque no encontraron allí espacios para desarrollar la vida comunitaria a la que estaban acostumbrados, pero el retorno se debe entender de manera diferenciada y casi que por grupo etario.
 

Aquí entran en juego los procesos de desterritorialización de comunidades campesinas, al obligarlas a dejar sus territorios e irse a ciudades en las que no pueden establecer su economía ni pensar en una nueva vida; donde les toca desarrollar no solo nuevas estrategias de vida sino también abrirle paso a la reterritorialización, pues tienen que construir nuevos lazos con aquellos que les son ajenos y con los que tienen que cooperar para reconstruir sus vidas.
 

Aunque los motivos para volver de “los viejos” no son iguales a los de los jóvenes, el nuevo desplazamiento en El Salado aún se está dando –ahora por razones como el desempleo y la falta de oportunidades–, y esto implica una serie de retos.
 

Además: El rearme de las disidencias se veía venir.


La comunidad de El Salado afirma que mientras no haya oportunidades laborales y educativas en el corregimiento, el éxodo juvenil irá en crecimiento y esto solo hace que el pueblo se siga quedando solo.
 

Sin embargo, este éxodo rural es una constante nacional. Pardo (2017) afirma que la principal razón para emigrar hacia las ciudades son las oportunidades laborales que para los hombres representa el 55,6 % y para las mujeres el 31,3 %, y claro, esas oportunidades laborales no se ven en El Salado porque los jóvenes están abocados a producir tabaco, que ya no produce riqueza como antaño, o ser mototaxistas en la ruta El Salado - El Carmen, donde la carrera vale 10.000 pesos.
 

En conclusión, aunque se han adelantado procesos de reparación colectiva e individual, mientras no exista una reconstrucción del tejido social, psicosocial y económico no habrá posibilidades de futuro para la población salaera y montemariana y, como dijo el líder del proceso de víctimas, María Torres, en la Conmemoración por los 20 años de la masacre: “la reparación será posible siempre y cuando las acciones que se hagan sean acciones sin daño y donde la agencia de las y los salaeros sea respetada”.
 

Referencias

CNMH. (2009). La masacre de El Salado, esa guerra no era nuestra. Bogotá: Taurus.

Gómez Ayola, J. I. (2018). El Salado: más allá de la violencia, reconstrucción territorial. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Molinares Dueñas, C. (7 de abril de 2016). La primera derrota de Argos en los Montes de María. El Espectador.

Pardo, R. (2017). Diagnóstico de la juventud rural en Colombia. Grupos de Diálogo Rural, una estrategia de incidencia. Serie documento nº 227. Grupo de Trabajo Inclusión Social y Desarrollo. Programa Jóvenes Rurales, Territorios y Oportunidades: Una estrategia de diálogos de políticas. Rimisp, Santiago, Chile.

Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019. (2016). Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019 de El Carmen de Bolívar. El Carmen de Bolívar.

UARIV-OIM. (2012). Proceso de reparación colectiva comunidad El Salado, Carmen de Bolívar, Bolívar. Bogotá: Impresol Ediciones.


[1] El Salado: más allá de la violencia, reconstrucción territorial. José Isidro Gómez Ayola. Universidad Nacional de Colombia. 2018.

http://bdigital.unal.edu.co/64344/2/Jos%C3%A9IsidroG%C3%B3mezAyola.2018.pdf

[2] Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019, p. 62.

[3] CNMH, 2009, p. 42.

[4] UARIV-OIM, 2012, p. 10.

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