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El plan para conservar el Hospital San Juan de Dios, patrimonio de todos

Contrario a lo que se podría esperar, por su condición como patrimonio cultural colombiano, el Gobierno nacional, por medio del Ministerio de Cultura que debe garantizar su conservación, promovió esa decisión, de acuerdo con el Distrito Capital porque en Bogotá se localiza.


La declaratoria del San Juan de Dios como Bien Cultural valora el conjunto arquitectónico que se conformó en el siglo XX, cuando allí se atendió a los colombianos sin distingos hasta su cierre, pero también resalta la importancia histórica de la institución, que simboliza el avance de la medicina y la atención en salud para todos, desde la Colonia, cuando se concebía como “caridad cristiana”, pasando por el concepto de “beneficencia” en la República, hasta llegar a la salud como un “derecho” para todos, aunque no se haya conquistado plenamente.


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Como ese avance tenía que ir de la mano de la ciencia y del conocimiento, su función como hospital universitario fue esencial y se reconoció en la ley que lo declaró como patrimonio cultural colombiano.


La torre central, construida por la firma colombiana Cuellar, Serrano, Gómez, se valoró porque sus características reflejan el cambio de paradigma de la primera parte del siglo XX en cuanto a hospitales se refiere, puesto que concreta la idea del bloque unitario y compacto para concentrar funciones, derivado de la influencia norteamericana, que surgió como desarrollo del hospital de pabellones, proveniente de Europa.


Al analizar este edificio no se puede obviar su potencial de uso –por el área construida disponible de aproximadamente 43.000 m2– y el tipo arquitectónico, fácilmente adaptable por la planta libre, como quedó claro en el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) formulado en 2014 y 2015 por la Universidad Nacional de Colombia, con el fin de recuperar el San Juan de Dios y poner en marcha el proceso de reapertura y funcionamiento.


En 2007, por solicitud del Ministerio de Cultura, la Universidad Nacional de Colombia  empezó a estudiar el Hospital San Juan de Dios a través de la Maestría en Conservación de Patrimonio Cultural Inmueble, estudio que se retomó en 2013, cuando el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural le pidió a la Universidad que hiciera el PEMP, y junto con el Ministerio de Cultura, la Secretaría Distrital de Planeación y la Secretaría Distrital de Salud, unieron recursos para adelantarlo y supervisarlo.


Se trataba de una oportunidad que sería gratificante porque La Hortúa –como se conocía– había sido el hospital universitario de la Universidad hasta el momento de su cierre, y poder juntar esfuerzos con el Gobierno nacional y el distrital para recuperarlo, era casi un sueño.
 

No fue tarea fácil definir cómo recuperar el San Juan de Dios porque el hospital está abandonado hace cerca de veinte años y el lugar refleja las consecuencias de la desidia estatal.


Había tantos problemas de todo tipo, que a pesar del estado de conservación en que aún están la mayoría de los edificios, esto era lo más fácil de resolver. Llegar a acuerdos con las instituciones que contrataron a la Universidad y equilibrar los diferentes enfoques que tenían sobre el San Juan de Dios fue realmente complicado, pero la tarea de desarrollar el PEMP se acoplaba perfectamente al tipo de iniciativas que debe afrontar la Universidad, y aunque balancear las fuerzas del grupo interno tampoco fue sencillo, sin duda, fue un proyecto importante que dejó algunos pesares pero varias satisfacciones.


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Por eso no se entiende por qué estas mismas instituciones que invirtieron recursos financieros y humanos, además de tiempo, para sacar adelante el PEMP, sean las que decidieron modificarlo para hacer lo contrario, porque este instrumento se creó para definir cómo proteger y conservar el patrimonio cultural, no para destruirlo, y mucho menos para trasladar lo que le corresponde a un bien cultural nacional –en este caso el Hospital San Juan de Dios– a otro que no es el objeto de protección de la ley ni tiene nada que ver, el Hospital Santa Clara, que tiene su propia sede, es patrimonio cultural bogotano y el Distrito debe conservarlo. Como el Santa Clara está localizado en el área de influencia del San Juan de Dios, el PEMP lo reguló normativamente, y no sólo el Distrito tiene que protegerlo, sino también, el nivel nacional debe controlar que se cumpla esa tarea.
 

En ningún momento la Universidad definió en el PEMP que se demoliera alguno de los edificios que se valoraron como parte esencial del conjunto, después de un profundo trabajo de reconocimiento y análisis.


Se valoró el San Juan de Dios como un conjunto construido a lo largo de la historia que articula tiempos, ideas, gentes y país, y se previó la localización de nuevas edificaciones acordes con el patrimonio existente, como es lógico, para suplir nuevas necesidades.


En diciembre de 2015 el PEMP se presentó ante el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y fue aprobado, pero en esa sesión el Ministerio de Cultura anunció que se debían cambiar las alturas y los niveles de intervención que había definido la Universidad, porque al “entrante Secretario de Salud” le parecía que era costoso restaurar y hacer el reforzamiento estructural de la torre central. Sin explicaciones ni fundamento razonable.


No había salido la resolución de aprobación del PEMP, que es de abril de 2016, ni se había comenzado a aplicar, pero ya se anunciaba hacia dónde habían virado drásticamente las instituciones que tomaban las decisiones. Sin duda, ya no se trataba de unir esfuerzos para conservar el patrimonio cultural y reabrir el San Juan de Dios, y por lo tanto, la Empresa de Renovación y Desarrollo Urbano de Bogotá lideró la nueva propuesta.


En mayo de 2016 se planteó abiertamente que se demolería la torre central del San Juan de Dios y en su lugar se construiría el Hospital Santa Clara. De ahí en adelante, simplemente se blindó el escenario para evitar problemas en el futuro y en el 2019, todo quedó listo con el desvió hacia la renovación.

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