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El espíritu Ubuntu para la reconstrucción de la Isla de Providencia

También se necesita de una amplia participación comunitaria de las personas, familias y sectores que sufrieron en carne propia el rigor de un huracán grado 5 y que de manera abrupta experimentaron la pérdida de seres queridos, paisajes, lugares de referencia emocional, vínculos afectivos y pertenencias materiales. Personas que quedaron frágiles, angustiadas, perplejas o estresadas por los hechos vividos durante las interminables horas  del paso del huracán en el Archipiélago.
 

La historia del Caribe está repleta de casos que dan cuenta de cómo con los huracanes e incendios que se repiten a menudo, también llegaron los repoblamientos, las expropiaciones y los despojos territoriales disfrazados de ayudas humanitarias, de gestión del riesgo y de atención a crisis. Los despojos, entendidos como procesos violentos de reconfiguración socioespacial y socioambiental, limitan la capacidad que tienen las comunidades de decidir sobre sus medios de sustento y sus propias formas de vida1, llevando a que la reconstrucción sea más traumática que el huracán.
 

Reconstruir un territorio es igual a repararlo. Providencia debe leerse como un espacio en el cual coexisten capas múltiples de devastación2: la que dejó la esclavitud en la Isla, el declive del auge del algodón, la secesión de Panamá, la fragmentacion del “maritorio” por el Fallo de La Haya, la de los vacíos que dejan aquellos jóvenes que un día desaparecieron en la mitad del Caribe cuando cabalgan en una lancha rápida, y hoy, las huellas del huracán Iota.
 

Una isla es un entramado de relaciones sociales y culturales atravesadas por una historia de larga duración; de jerarquías sociorraciales inscritas en los sectores de la Isla, en los tonos de piel y sus cuerpos, en los apellidos etc. Pero también es un lugar en el cual esos habitantes han imaginado proyectos de vida acordes con sus cosmovisiones contrahegemónicas a la colonialidad del poder del Estado nación. No obstante, las relaciones de poder asimétricas entre el “Estado colombianizador” y estos “maritorios” han impedido que dichos proyectos se potencien y que se pongan en práctica a gran escala. La reconstrucción entonces es la oportunidad de construir de nuevo el presente y el futuro en clave isleña situada y anclada.

Activar mecanismos de participación comunitaria significa antes que todo reconocer la etnicidad del pueblo raizal providenciano y su derecho a la Consulta Previa, el cual “permite que los grupos étnicos incidan en las decisiones administrativas, legislativas y de otro orden, que puedan afectarles”3. Recordemos que todas aquellas decisiones sobre el territorio que afecten la vida y la localización de los pueblos étnicos se deben someter a este mecanismo. Pero, sobre todo, valorar sus conocimientos ecológicos, arquitectónicos, económicos, marítimos, pesqueros,  y políticos, ojalá estableciendo una fluida interlocución no jerárquica en creole, en castellano y en inglés estándar. No olvidemos que la lengua es espíritu, y el Ubuntu raizal es el que debe orientar la materialización de su propia reconstrucción.
 

Este sería un gran paso para que por primera vez el Estado colombiano actúe en perspectiva intercultural radical, demostrando que se toma en serio la gestión política de la diferencia cultural constitutiva de la nación colombiana. Este acontecimiento del desastre que dejó Iota, posibilita que este asuma el reto de relacionarse de otra manera con un pueblo que posee raíces africanas, británicas, españolas; con una diferencia lingüística; y que pese a que la Virgen María de Santa Catalina sobrevivió al huracán Iota4, es una tierra de protestantes bautistas y adventistas.
 

Durante años los providencianos han defendido su derecho a la autodeterminación, no solo por su condición de pueblo étnico reconocido por el Estado colombiano y la legislación internacional, sino por sus prácticas relacionales con el “maritorio”,las cuales les han permitido sostener un estrecho vínculo de vida con la gran biodiversidad del Caribe suroccidental tropical en donde se encuentran ubicados ancestralmente, y por lo cual se declaró Reserva de Biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en el 20005.
 

Por ello la reconstrucción debería estar centrada en el relacionamiento biocultural sostenible del pueblo raizal, sin imponer visiones de desarrollo económico ni propuestas arquitectónicas inconsultas o alteraciones paisajísticas en nombre del turismo masivo y depredador: ¡la sociedad isleña no apoyará propuestas insostenibles biofísicamente!
 

Después de cualquier catástrofe, las personas se encuentran física y psicológicamente agotadas, sus redes de solidaridad y de apoyo emocional están  afectadas o son incapaces de responder a las  solicitudes de ayuda, en ocasiones estas redes familiares quedaron vulnerabilizadas. La falta de apoyo tangible y emocional puede generar un sentimiento de abandono o de  desesperanza colectiva que se debe evitar en Providencia, es importante poner de presente la utilidad de  programas serios  de apoyo psicosocial con sensibilidad étnico cultural como  parte integral de la oferta institucional que hoy se despliega y desplegará en el “maritorio”.
 

El llamado entonces a las instituciones del Estado y a las instancias del Gobierno nacional y departamental encargadas de atender la devastación en Providencia, incluyendo por supuesto a la Gerencia de la Reconstrucción del nivel nacional, es que sea el espíritu del Ubuntu isleño, los anhelos, los conocimientos, los saberes y sentires del pueblo raizal quienes orienten la materialización de su propia reconstrucción y renacimiento.
 

Para consultar:

Monografía breve del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, escrita por Tatiana Herrera Rodríguez, Claudia Mosquera Rosero-Labbé y Ana María Murcia Sotelo. 2019.
 

Consulta aquí el especial, “Voces y lecciones desde el Archipiélago”.
http://unperiodico.unal.edu.co/voces_del_archipielago/

 


1 Ojeda, D. (2016). “Los paisajes del despojo: propuestas para un análisis desde las reconfiguraciones socioespaciales”. Revista Colombiana de Antropología, 52(2), 19-43.

2 El antropólogo Alejandro Castillejo  ha teorizado  el concepto de  capas situadas de devastación, nos inspiramos en su trabajo.

3 https://www.semillas.org.co/es/revista/la-consulta-previa-un-derecho-fundamental-de-los-pueblos-indgenas-y-grupos-tnicos-de-colombia

4 https://www.elespectador.com/noticias/politica/duque-destaca-virgen-que-quedo-en-pie-tras-huracan-como-muestra-de-fe/

5 Márquez Calle, G. (2006). “Desarrollo sostenible y conservación: propuesta de Reservas de Biósfera y un caso de estudio para Colombia: las islas de Providencia y Santa Catalina”. En A. D. Britton Howard, J.F. Archbold Ramírez, C. Newball Bryan, G.E. Márquez Calle & M.E. Pérez García (Eds.). El archipiélago posible: ecología, reserva de biosfera y desarrollo sostenible en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. (pp. 51-78). Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

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