Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
El Cercado, ¿nuevo elefante blanco en La Guajira?

En los municipios donde se tenía proyectado que impactara la represa El Cercado se redujo el caudal del río Ranchería, lo que no solo empeoró la situación de las comunidades indígenas y campesinas al borde de la cuenca, sino que además se inundaron sitios sagrados para los pueblos indígenas del lugar, lo que afectó su bienestar. A la fecha no ha habido una debida compensación ante las graves afectaciones ambientales y culturales ya causadas.

La represa, ubicada en el río Ranchería en La Guajira, es de tipo enrocado con cara de concreto, altura de 110 m, área inundada de 638 hectáreas y capacidad de 198 millones de m3 de agua. Con esto se abastecerían de agua los sistemas de acueducto de los municipios de San Juan del Cesar, Barrancas, Hatonuevo, Maicao, Fonseca, Uribia, Distracción y Albania.

Te puede interesar: ¿Qué pasó con el arroyo Bruno en La Guajira?.

Su construcción se pensó en 1983, en pleno auge de la bonanza marimbera de La Guajira, cuando el Gobierno nacional presentó los términos de referencia para el estudio de factibilidad del “Proyecto de embalse de uso múltiple del río Ranchería”, el cual sería el primer paso para un proyecto “estratégico” que incluiría la construcción de la represa El Cercado y las conducciones principales de riego hacia los distritos de Ranchería y San Juan del Cesar.

La construcción del embalse pretendía adecuar obras de riego y drenaje, suministrar agua a los acueductos de municipios cercanos y generar electricidad para las viviendas de la zona circundante.

El río Ranchería es el principal afluente del departamento; nace en la Sierra Nevada de Santa Marta, en la laguna Chirigua, un lugar sagrado para los pueblos indígenas, y desemboca en el mar Caribe, en Riohacha.

Su cuenca abarca parte del Resguardo Indígena Kogui-Malayo-Arhuaco, donde habitan comunidades de los pueblos Wiwa y Kogui –como la comunidad de Mamarongo–, además de 16 resguardos indígenas del pueblo Wayúu.

La posición de los pobladores ante el proyecto

Cuando los pueblos de la Sierra –Iku (Arhuacos), Kággaba (Koguis), Kankuamos y Wiwas– se enteraron del proyecto no estuvieron de acuerdo con este, pues dentro de su cosmovisión el río es un ser vivo en el que el agua circula como sangre por las venas, por lo que obstruirlo acabaría con su vitalidad.

Además, a lo largo de todo el cauce del río Ranchería han permanecido espacios sagrados y lugares de pagamento, a los cuales históricamente han acudido las autoridades espirituales para pedir por el bienestar de sus comunidades, desde una visión según la cual se considera que dichos sitios sagrados conectan la Sierra Nevada con el mar y con otros lugares del mundo.

Por su parte los Wayúu, aunque asumen el río como un bien común que estructura el territorio y es fuente de bienestar y subsistencia, en un primer momento no objetaron el proyecto –al igual que ciertas comunidades campesinas del lugar–, pues lo vieron como una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida, dadas las promesas de acueductos, riego, drenaje y acceso a la energía que les hicieron antes de la construcción de la represa.

Pese a ese entusiasmo inicial de algunos actores presentes en el territorio, las primeras críticas surgieron al asociar el proyecto con formas de privatización del agua, pues se anticipaba que sus beneficiarios serían predios privados, con el riesgo de reducir el acceso y la disponibilidad del agua para otras comunidades étnicas o campesinas.

El proceso y la participación de los pueblos de la Sierra

A pesar de la importancia vital y cultural del río Ranchería para los diferentes pueblos indígenas de la región, los estudios de factibilidad (1987) y la licitación para el diseño y la construcción de la represa (2001) continuaron sin reparos.

De hecho, y contrario a lo exigido por la ley, durante las primeras fases del proyecto no hubo un proceso de consulta previa con los pueblos indígenas, los cuales solo se enteraron de su existencia por la presencia de ingenieros y del personal encargado de realizar los estudios para el diseño detallado, durante 2002, época en la que se asistía a una crisis humanitaria en la Sierra Nevada en razón del conflicto armado interno.

La complicada situación de orden público –que incluía masacres, amenazas y desplazamientos masivos– afectó la capacidad organizativa y de respuesta de las comunidades de la zona ante el proyecto. Pese a ello, los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta manifestaron su oposición a la construcción de la represa, logrando –hacia 2003– que la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Ambiente exigieran espacios de participación y la realización de la consulta previa a Corpoguajira, entidad encargada de otorgar la licencia ambiental.

Estas deficiencias en la participación fueron constatadas por el Centro de Estudios e Investigaciones Ambientales (CEIAM), de la Universidad Industrial de Santander (UIS), cuando se evaluaron los estudios que la Unión Temporal La Guajira (UTC) entregó a la autoridad ambiental en julio de 2004, en el marco del proceso de licenciamiento ambiental.

Te puede interesar: Escucha ‘Somos Planeta’, programa sobre la represa El Cercado, de UN Radio.

Así mismo el CEIAM señaló varias debilidades del proyecto, como la falta de precisión sobre los riesgos para la estabilidad del embalse y la falta de atención a territorios que debían ser incluidos como parte de su área de influencia directa. La recomendación fue considerar, de manera específica y urgente, el estudio de potenciales impactos socioculturales, económicos y de procesos de desplazamiento.

A pesar del informe y de la abierta oposición de los representantes del pueblo Wiwa en las reuniones de consulta realizadas entre marzo y mayo de 2005, en julio de ese año el Gobierno nacional declaró el proyecto Río Ranchería como “obra de importancia estratégica”, y un mes después Corpoguajira dio por cerrado el proceso de consulta previa, otorgándole la Licencia Ambiental.

Las obras y sus consecuencias

En 2006 las obras iniciaron con una primera emergencia ambiental: cuando se lavó el túnel de desvío para la realización de obras asociadas con la represa, el agua se contaminó con productos químicos y estructuras de hierro ocasionando la muerte de más de 3.000 peces, lo cual se atribuyó a que la Unión Temporal La Guajira (UTG) no cumplió las recomendaciones del plan de manejo ambiental.

Así mismo en 2010, cuando se entregaron las obras, Colombia enfrentó el fenómeno de La Niña, que trajo consigo fuertes lluvias y crecientes de los ríos, entre esos el Ranchería, lo que anticipó el llenado del embalse en 4 meses, cuando estaba previsto que ocurriera en 2 años.

Al respecto, la Contraloría señaló que el llenado anticipado causó serios impactos ambientales y socioeconómicos, incluyendo la inundación de comunidades que ni siquiera se habían contemplado dentro del área de influencia del proyecto, como las comunidades de Caracolí, Piñón y Piñoncito.

A estos incumplimientos en las obligaciones de la Licencia Ambiental se le suman otros relacionados, como la falta de coordinación con las autoridades indígenas para el levantamiento de hallazgos arqueológicos y sitios de pagamento, la no compensación y mitigación de los efectos atribuidos al aprovechamiento forestal; además de la omisión en la implementación de acciones para facilitar la subienda de los peces, pues no había estructuras que lo permitieran.

Pese a que estos incumplimientos se hicieron evidentes desde 2010, la autoridad ambiental no tomó acciones efectivas sancionatorias o la suspensión de la Licencia Ambiental con miras a evitar la prolongación de los impactos en el tiempo.

Para los Wayúu, lo que prometía ser esperanza se convirtió en muerte, pues después de la construcción de la represa los caudales del agua superficial y subterránea disminuyeron intensificando los efectos de la extrema sequía que se experimenta en sus territorios, aquejados por otras actividades impulsadas desde el Gobierno nacional, todo lo cual tiene al borde de la extinción a una de las comunidades indígenas más numerosas del país.

Para los pueblos de la Sierra, factores como el desconocimiento tanto de sus territorios ancestrales –incluida la Línea Negra (contemplada desde 1973)– como de su sistema organizativo –que asume las decisiones de los cuatro pueblos desde el Consejo Territorial de Cabildos y no como pueblos separados–, además de que no se incluyeron dentro del área de influencia directa por parte del ejecutor del proyecto –de la cual debía apersonarse la autoridad ambiental– contribuyeron a la vulneración de sus derechos a la participación, amenazando la integridad de los territorios sobre los cuales fundamentan su subsistencia y referentes culturales.

Desde un principio, el “Proyecto río Ranchería, distrito de riego río Ranchería, San Juan del Cesar, La Guajira” se definió como un proyecto estratégico y multipropósito que incluyó la represa El Cercado. Sin embargo, frente a la continuación de las siguientes fases, el Gobierno nacional ha manifestado que no dispone de recursos, lo cual llevó a que la Contraloría General de la República estimara en 2018 un detrimento patrimonial de 637.369 millones de pesos colombianos.

Paradójicamente, este “elefante blanco” que afectó gravemente la vida y caudal del río Ranchería, actualmente gasta millonarios fondos para su mantenimiento.

Relacionados

2177,2481,108,502,104,930,235,100,2482

La situación de los indígenas en prisión exige abordar con seriedad las propuestas de entendimiento intercultural realizadas por sus pueblos: la...

La enramada: historias de arena y viento, una serie documental de la Alta Guajira realizada por el estudiante Franklin Bonivento van Grieken, de la...

Liviano y rápido, así es el prototipo que descontamina el agua proveniente de la minería ilegal o de la producción de cocaína. En 2020, unidades de...

El uso del agua es una de las actividades que hemos hecho parte de nuestro acervo de manera casi natural. Solo cuando algo falla, se empiezan a poner...

Los paneles solares se han convertido en una de las opciones más acertadas para las empresas a la hora de contribuir con el medioambiente y disminuir...

Consejo Editorial