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El agua llegó a la bolsa de valores, ¿eso qué significa?

El docente propone que como primera medida se tenga en cuenta este contexto: “California (Estados Unidos) es uno de los mayores centros de producción agropecuarios del mundo, tiene centrales de generación de energía y se demanda mucha agua, por lo que, basándose en la teoría económica, los esquemas tradicionales se empiezan a ver obsoletos”.


Los derechos de uso del agua suelen regirse bajo el modelo en el cual las aguas son de dominio público, y quien solicite el permiso a la autoridad ambiental obtiene el derecho de capturar ese recurso. Ese es el modelo que funciona en Colombia.


Lo que empezaron a sugerir en California, mucho antes del anuncio de finales de 2020, es que esos derechos de aprovechamiento del agua se transen en los mercados; así, en 2018 nació el índice de agua Nasdaq. “Lo que se anunció es que una empresa empezó a comercializar en la bolsa de Nueva York unos futuros que están asociados con este índice financiero, que lo que hace es seguir el precio promedio en el mercado de los derechos del agua. En últimas es un portafolio imaginario que sigue el precio de un activo real, en este caso sigue el precio del agua”, explicó el docente.
 

Puedes escuchar: Mercado de carbono: ¿qué es y cómo se puede aplicar en Colombia?.
 

Sin embargo, la novedad de este anuncio es que un grupo llamado CME empezó a transar unos futuros de agua, es decir, contratos de compraventa en los cuales se pacta que se comprará o venderá un activo a un precio determinado, en este caso el agua. Así como se venden barriles de crudo o sacos de café, el agua se transa en acres-pie, que equivalen a unos 1.233 m³.
 

Las implicaciones reales


Según el profesor Díaz, la venta de los futuros de agua no tiene mayor impacto, ya que lo que permiten es hacer cobertura de riesgos a los grandes consumidores del agua, y ese es el impacto real de este tipo de instrumentos.
 

“Si hoy el galón de agua está a 100 pesos, cuando se produzca un escenario de sequía –por ejemplo por el cambio climático– lo que se espera es que se reduzca la oferta de agua y se incremente el precio. Lo que los grandes consumidores pueden hacer para cubrirse contra ese riesgo es comprar un contrato en el que dice que dentro de un año el proveedor del futuro les suministrará agua a los mismos 100 pesos a los que está hoy. Así, si llega a subir, se beneficiarían porque no tendrían que pagan más”.


Agrega que en Colombia existen figuras similares, como la Bolsa Agropecuaria, en la cual los productores hacen futuros para que sus bienes se compren a determinado precio y se cubran riesgos para ellos y los consumidores porque se tiene un valor asegurado. 


Destaca además que este tipo de anuncios permite especular con la crisis ambiental: “es casi como crear un mercado de apuestas del fin del mundo: si alguien cree que habrá sequía entonces compra los futuros porque si el agua escasea su precio sube, y quienes le apuesten a ese escenario se enriquecen”. Pero advierte que el efecto real sobre el recurso natural es mucho menos claro y se necesitan más investigaciones.
 

¿Una medida positiva?


“Desde el punto de vista económico es un anuncio positivo; los economistas nos oponemos al principio de “primero en el tiempo”, porque el que llega primero no necesariamente es el más eficiente. Un productor puede tener una concesión desde los años 70 y ser muy ineficiente, y ahí la autoridad ambiental debe cuidar que no se use más agua de lo que cada cuenca soporta”, indica el profesor Díaz.


En este contexto, en un escenario en el que se comercializa el agua lo que pasaría es que los productores más eficientes les comprarían a los ineficientes, y desde el punto de vista económico el hecho de que se puedan transar esos derechos conduciría a situaciones óptimo-paretianas, es decir que son socialmente eficientes. Esto, visto solo desde el punto de vista económico sin tener en cuenta el ambiental.

“Si uno toma variables ambientales puede encontrar efectos perversos porque a la larga las grandes corporaciones y productores terminan siendo los más eficientes, los que tienen mayor capacidad adquisitiva y derecho de acceso al recurso, y eso se puede volver perverso porque también repercute en que se monopolice, que tanto los pequeños productores como las personas naturales no tengan acceso; desde esa mirada es negativo”.
 

Panorama en Colombia


El anuncio sucede en California porque allí se maneja una de las economías más liberales del mundo, con fuertes políticas neoliberales, en las que se han desarrollado mercados de carbono –que ya existen en Colombia–. Pese a que en el país no existen mercados del agua, el investigador asegura que en el futuro cercano es posible que ese tipo de medidas y políticas empiecen a tener algún impacto en Colombia.


“Puede pasar que esas políticas se empiecen a adoptar internamente y que en algún gobierno se proponga la comercialización de los recursos naturales; eso no solo repercute sobre el agua, sino también sobre las licencias ambientales, los permisos tanto de caza de fauna silvestre como de bosques maderables y concesiones de agua, entre otros”, señala el profesor Díaz.


En su concepto, en algún momento se podría establecer que esos derechos serían negociables en el mercado y se generarían impactos que desde lo económico serían favorables, pero desde la justicia o lo ambiental serían muy desfavorables.


Por último, destaca que aunque es bueno prestarle atención, “este anuncio es solo la punta del iceberg”, pues lo dicho por el grupo CME es lo más visible de una situación que viene de tiempo atrás; incluso antes del índice del agua de Nasdaq existían otros asociados con el medioambiente que incluían ese recurso y es una respuesta a la coyuntura global de la privatización de las políticas nacionales ambientales; y así como ya se conocen los mercados de carbono, en los próximos años se verían más mercados de agua, de biodiversidad o de bosque.


“El hecho de que las economías sean eficientes no significa que sean sostenibles: sus objetivos no necesariamente son compatibles. Eso es precisamente lo que pasa en California, economías altamente eficientes, pero que generan unos impactos ambientales enormes en términos de huella ecológica, hídrica o de carbono, estos mecanismos responden más propiamente a las lógicas económicas que a la necesidad de sostenibilidad ambiental del planeta”, concluye el investigador Díaz.

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