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EE. UU. vs. China: ¿nuevo proteccionismo, guerra comercial o pragmatismo?

La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado una serie de medidas tarifarias para comenzar a revertir lo que en sus propias palabras es “un déficit de 500.000 millones de dólares al año, con un robo de propiedad intelectual de 300.000 millones”, en sus relaciones con la segunda economía más grande del mundo: la de China.

El mandatario inició con la imposición de una tarifa del 25 % al acero y del 10 % al aluminio, provenientes de ese país y, a mediados de la semana pasada anunció medidas para cerca de 1.333 importaciones chinas, que le permiten recaudar 50.000 millones de dólares.

Frente a la reacción del Gobierno de la República Popular China de establecer aranceles del 25 % a productos provenientes de los Estados Unidos por un valor similar, el viernes pasado Trump dio a conocer nuevas medidas en materia de aranceles a las importaciones chinas, que buscarían afectar 100.000 millones de dólares.

El problema, sin duda, viene de tiempo atrás y se remite a las “quejas” que el Gobierno estadounidense manifestara hace cerca de dos años sobre los precios de exportación del acero resistente a la corrosión de China, que son imposibles de equiparar por los productores estadounidenses. En el argot económico esta práctica se conoce como dumping y ha conducido a la imposición de aranceles por parte de los Estados Unidos que han llegado incluso al 450 % sobre este producto.

Ambos países han amenazado con acudir a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el primero para demandar medidas antidumping y el segundo para señalar la obstrucción al libre comercio por parte de su socio comercial.

Esto a su vez ha molestado al Gobierno chino por una supuesta interferencia al libre comercio, que considera que “los intereses de exportación de la industria siderúrgica de China sufrirán un impacto grave y la industria siderúrgica china se opone firmemente a esto”, según el portal de noticias económicas economywatch.com.

Ambos países han amenazado con acudir a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el primero para demandar medidas antidumping y el segundo para señalar la obstrucción al libre comercio por parte de su socio comercial. Esta disputa podría considerarse, quizás, como la antesala de las recientes medidas adoptadas por los Estados Unidos y la correspondiente respuesta de China.

La economía de los Estados Unidos es la más deficitaria del mundo y mantiene de tiempo atrás una balanza comercial también deficitaria con su principal socio. Su déficit comercial ha bordeado los 800.000 millones de dólares por más de una década, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo:

  • 2005, -831.624 millones de dólares.
  • 2016, -796.745 millones de dólares.

Para 2016 las exportaciones chinas a los Estados Unidos fueron de 385.678 millones de dólares en tanto que las de Estados Unidos a este país fueron de 265.928 millones de dólares. Para febrero de este año el déficit comercial con China era del orden de los 34.700 millones de dólares, según datos del portal eleconomista.es, publicados el pasado 6 de abril.

El primer anuncio de la administración Trump y la respuesta de su contraparte china afectaron varios de los índices que dan cuenta del clima económico.

El impacto de estas medidas sobre la economía mundial no se ha hecho esperar. El primer anuncio de la administración Trump y la respuesta de su contraparte china afectaron varios de los índices que dan cuenta del clima económico. Según analistas, el Dow Jones habría caído en más de 700 puntos, un 2,8 %, mientras que el índice de Standard & Poor’s (S&P) cayó en 2,5 % y el Nasdaq en 2,2 %, por temor a una guerra comercial entre los dos países (George Mesa, El Periódico de Utah, 22 de marzo de 2018).

¿Pero qué está detrás de estas decisiones bilaterales, es el resurgimiento de un neoproteccionismo y el fin de uno de los vectores de la globalización económica como es el libre comercio? Como lo señala Mohamed El-Erian, jefe asesor económico en Allianz, en el periódico británico The Guardian, los supuestos según los cuales los beneficios del comercio beneficiarían a la mayor parte de la población y los socios comerciales establecerían acuerdos de reciprocidad reduciendo barreras tarifarias y no tarifarias “han demostrado ser excesivamente optimistas, la posición y la sostenibilidad de las políticas a favor del comercio han sufrido. El resultado ha sido un marcado aumento del populismo nacionalista, una tendencia que ha llevado a nuevas restricciones comerciales, la renegociación en curso de los acuerdos existentes (como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y una reacción violenta contra las instituciones supranacionales (como el voto del Reino Unido para salir de la Unión Europea)”.

Pero además lo que parece ser la amenaza fundamental a la economía estadounidense es la pérdida relativa de competencia tecnológica frente a los avances de países como China que, según Estados Unidos, se han hecho sobre la base del “robo de propiedad intelectual”.

El país asiático establece una obligación a las empresas extranjeras de transferencia de tecnología a sus competidoras locales, con lo cual ha logrado fortalecer la base tecnológica nacional.

China se ha propuesto avanzar en ramas de punta tecnológica como la robótica, la industria aeroespacial y la inteligencia artificial, entre otras, un objetivo sobre el cual no está dispuesto a dar marcha atrás a pesar de las amenazas de los Estados Unidos.

El país asiático establece una obligación a las empresas extranjeras de transferencia de tecnología a sus competidoras locales, con lo cual ha logrado fortalecer la base tecnológica nacional. China tendría que ceder en este punto si la “guerra comercial” continúa y, si pudiera hacerlo para contrarrestar las acusaciones de robo de propiedad intelectual, por otro lado brinda a sus empresas apoyo financiero a tasas de interés subsidiadas como una estrategia de fortalecer sus empresas de alta tecnología, algo que difícilmente podría contraargumentar el gobierno de los Estados Unidos frente a la OMC, como se analiza en el periódico The New York Times, el pasado 6 de abril.

El mismo Trump reconoce que “ya hemos perdido la guerra comercial” y pretende que su país logre “estar un poco mejor”. Lo cierto es que, más allá del déficit comercial que difícilmente podrá corregir en el corto plazo, el problema de fondo siguen siendo las condiciones de competitividad de la economía estadounidense.

Sus mismos agricultores levantan ya sus voces de desacuerdo pues dichas medidas encarecerían sus insumos y maquinaria agrícola a la vez que los granos exportados a China se pagarían con las tarifas impuestas por ellos a las importaciones de los Estados Unidos.

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