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Ébola: pese a las alarmas de la OMS, la situación ha cambiado

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado un “estado de emergencia de salud pública de preocupación internacional” por el brote del virus del Ébola en el occidente de África. En esta ocasión el país sacudido por los nuevos casos es la República Democrática del Congo.

El virus del Ébola se identificó en los años setenta en poblaciones de la selva africana. Es reconocido por su alta transmisibilidad y su gran mortalidad. Se transmite de los murciélagos a los humanos y produce una enfermedad que puede ser de leve a muy grave, usualmente caracterizada por diarrea y sangrados, por lo que se incluye en el grupo de las “fiebres hemorrágicas”. En Colombia este grupo está representado por el virus del dengue.

El nuevo brote de Ébola recuerda aquellos en los que la OMS ha lanzado alertas en otras regiones de África, como el de 2014, cuando el mundo fue sacudido por la epidemia más grande que se haya reportado hasta entonces, que afectó a Sierra Leona, Liberia y Guinea, en especial a su capital, Conacri.

Quizás muchos recuerden las imágenes en televisión que registraban los casos de enfermos y fallecidos, las dificultades de los países africanos para enfrentar la situación y las noticias del traslado de pacientes a hospitales de Europa y Estados Unidos, que ampliaba la posibilidad de transmitir la enfermedad a otras regiones, y por lo tanto de que se diseminara a lo largo del planeta. En ese entonces, los Gobiernos establecieron medidas sanitarias en aeropuertos con el fin de identificar posibles enfermos y evitar la diseminación de la enfermedad.

Cambios respecto al pasado

Desde la última gran epidemia han cambiado muchas cosas. En primer lugar, en 2014 el brote se registró en una zona en la que tradicionalmente se conoce el virus, por lo cual la preparación y la experiencia fueron mucho mayores.

La epidemia se presentó en zonas extremadamente pobres donde los recursos en salud eran muy limitados, por eso la mayor parte de los esfuerzos para contenerla se destinaron a desarrollar una infraestructura que permitiera la atención de un número importante de pacientes mientras se evitaba la transmisión del virus.

Hoy en día la infraestructura disponible en el Congo –tanto sanitaria como de laboratorios– es considerablemente mejor, lo que ha permitido un mayor control del brote local y regionalmente. Sin embargo muchas de las alertas se han desatado por que pacientes infectados salieron de las zonas donde se encuentra confinado el brote y han migrado a otras más densamente pobladas.

Precisamente las noticias han destacado el relato de un misionero europeo que evadió el cerco sanitario y se trasladó a la ciudad de Goma, que tiene una población estimada de 2 millones de habitantes, aeropuerto internacional y se encuentra situada cerca a la frontera con Ruanda.

La actual epidemia del Ébola empezó en junio de 2018 y había estado delimitada a zonas rurales del noreste del Congo, muy cerca de la frontera con Uganda, país en el cual también se han identificado tradicionalmente brotes del virus. El brote aumentó su magnitud entre marzo y abril de este año, con disminución en el número de casos a partir de entonces. Según datos al 14 de julio, se han identificado 2.501 casos, que han causado 1.668 fallecimientos.

Como en otros brotes de este virus, la mortalidad ha superado el 50 %, muy probablemente porque persiste la identificación y atención tardía de los pacientes. Del mismo modo que en ocasiones anteriores, un número importante de casos son resultado de la transmisión en instituciones de salud. De hecho, hasta ahora 132 casos corresponden a trabajadores de la salud.

Teniendo en cuanta lo anterior, además de la identificación de un caso en Goma –en la República Democrática del Congo–, el pasado 17 de julio la OMS declaró el “estado de emergencia de salud pública de preocupación internacional”.

¿Qué se debe hacer?

Esa advertencia debe llevar a una mayor participación de los países, no solo en la región sino también en otras partes del mundo, con miras a retomar las medidas inicialmente instauradas durante 2014.

Además debe llevar a una mayor cooperación internacional que debería expresarse en un esfuerzo más denodado de entes gubernamentales, centros de investigación, decisores y financiadores, con el fin de identificar estrategias para el manejo apropiado a los pacientes, prevenir la transmisión y lograr el control de la epidemia.

Uno de los elementos más importantes que ha cambiado en relación con el brote de 2014 es la actual disponibilidad de una vacuna. Aunque no se han completado todas las fases del desarrollo usual de una vacuna, y probablemente aún se encuentra en estado experimental, esta se ha utilizado exitosamente para controlar la epidemia.

A la fecha más de 140.000 contactos han sido evaluados, se dispone de ocho laboratorios a lo largo del Congo que poseen tecnología de punta para lograr el diagnóstico apropiado de la enfermedad, y además hay 14 centros de tratamiento y tránsito que operan en el país y que han resultado en más de pruebas realizadas para identificar a los pacientes. La realización de pruebas se ha llevado incluso hasta la frontera con Sudán, lo que ha evitado hasta el momento la transmisión de la epidemia a este país.

Las medidas actuales recomendadas por la OMS para otros países advierten que “ningún país debe cerrar sus fronteras o imponer restricciones a los viajes y al comercio, pero las autoridades nacionales deben trabajar con las aerolíneas y otros transportes y turismo”.

Hasta el momento no existen recomendaciones para volver a realizar lo que se hizo en la epidemia anterior: establecer inspecciones a la entrada de los aeropuertos y otros sitios de ingreso (por ejemplo puertos fluviales) fuera de África.

Colombia, por lo tanto, aún está en un escenario relativamente seguro. Y solo si la epidemia se expande a otros países por fuera África (como sucedió hace unos años por el traslado de pacientes enfermos a centros en ciudades en países desarrollados) veremos un incremento en las medidas instauradas.

Sin embargo, como en la epidemia anterior, es muy posible que veamos diferencias gigantescas entre países con altos ingresos y nuestros países en América Latina en términos de la disponibilidad de recursos efectivos para tratar y controlar un brote en caso de que llegara al país.

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