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Dos especies que se deben mantener “como unos robles”

Los datos permiten caracterizar de forma detallada los diferentes tipos de ecosistemas en que viven estos robledales. Igualmente sirven para implementar estrategias de uso sostenido y mecanismos de restauración que garanticen su conservación.

Los bosques del roble rosado (Quercus humboldtii) crecen de manera homogénea y son dominantes en zonas que van desde el trópico hasta el páramo, entre los 700 y los 3.400 msnm. Sus majestuosas alturas, que en algunos casos alcanzan hasta los 35 m y diámetros de hasta 1,5 m, evitan que pasen desapercibidos.

Según el ingeniero forestal Andrés Avella Muñoz, coautor del libro Colombia diversidad biótica XV. Los bosques de robles (Fagaceae) en Colombia: composición florística, estructura, diversidad y conservación, los robledales andinos se estructuran en tres subtipos:

  • Los que se encuentran en la parte alta de las montañas, por encima de los 1.500 msnm.
  • Los de ambientes húmedos-templados, que suelen “convivir” con gran variedad de otras especies.
  • Los robles puros, propios de bosques subandinos.

En el trabajo básico que fue su tesis de doctorado en Biología en la Universidad Nacional de Colombia (UN), Avella tomó muestras en 100 parcelas de 500-1.000 m2 de superficie de distintas regiones del país, como el Corredor de Conservación Guantiva - La Rusia - Iguaque (GRI), al norte de la cordillera Oriental, entre Boyacá y Santander.

Los robledales de la parte alta de las cordilleras tienen en promedio 198 especies asociadas, con una preponderancia de robles equivalente al 58 %. Los de la parte media o región subandina presentan cerca de 574 especies asociadas, con una proporción de robles equivalente al 26 %.

Estas cifras muestran la necesidad de establecer medidas de conservación y protección de las áreas en las que se establecen los robledales, dados sus servicios ecosistémicos como fuentes de agua, suministro de polinizadores para los cultivos, conservación del suelo y oferta básica para las comunidades locales.

Con una presencia equivalente al 50 % respecto a otras especies, los robledales negros (Colombobalanus excelsa), por ejemplo, son todavía un árbol muy representativo del paisaje de la Región Cafetera.

Ruta por América

Las especies de Quercus son numerosas en Estados Unidos, México y Costa Rica, mientras que las Colombobalanus excelsa (roble negro) se encuentran solo en el sureste asiático. En Suramérica ambas se hallan exclusivamente en Colombia. Chachagüí (Nariño) y González, en la Serranía del Perijá (Cesar), son dos de las localidades del país donde se ha detectado la presencia de Q. humboldtii.

Q. humboldtii entró por el Caribe, desde las montañas de Panamá a través del Darién, para dispersarse en dos posibles rutas: por las estribaciones de la cordillera Occidental –para pasar después a la Central y Oriental– o a partir de los cerros del Caribe, de donde se habrían propagado hasta llegar a la Serranía del Perijá, para proseguir su ritmo de dispersión hacia la cordillera Oriental, y de ahí a las demás cordilleras”, explica el profesor Jesús Orlando Rangel Churio, director del Grupo de Investigación en Biodiversidad y Conservación de la UN y director de la tesis de doctorado.

Esta misma ruta guarda grandes similitudes con la que, se cree, siguieron las primeras migraciones que llegaron al continente desde el norte, como lo evidencia la gran presencia de robles en Estados Unidos y México, donde hay más de 100 y 80 especies respectivamente, para luego disminuir a 2, en Panamá.

En Suramérica ambas se hallan exclusivamente en Colombia. Chachagüí (Nariño) y González, en la Serranía del Perijá (Cesar), son dos de las localidades del país donde se ha detectado la presencia de Q. humboldtii.

“No pasan a Venezuela ni a Ecuador y su expansión queda suspendida en la frontera”, subraya el profesor Rangel, quien enfatiza en que los hallazgos del polen fósil arrojan datos que permiten establecer una antigüedad (fecha de arribo a Colombia) de entre 350.000 y 400.000 años. Este lapso corresponde al periodo Pleistoceno, marcado por abruptos cambios de temperatura (glaciaciones).

Gracias a estos cambios, el roble logró dominar en diversos ambientes en las cordilleras de Colombia, excepto en el páramo. Su presencia es notable entre los 1.000 y los 3.300 m, con la particularidad de que lo hace en determinadas zonas de las cordilleras debido a los diferentes climas que se presentan en las vertientes (costados) de la montaña. “La cara oriental de la cordillera Oriental tiene un comportamiento climático distinto a la de su cara occidental”, explica el docente.

Hoy se sabe que el roble andino está en las tres cordilleras y los macizos aislados del Caribe (serranías de San Lucas, Perijá y Nudo de Paramillo), mientras que el roble negro se puede encontrar en

  • ciertas localidades de la cordillera Oriental,
  • los parques nacionales Los Guácharos y Puracé, en Huila, y Virolín en Santander,
  • la cordillera Occidental (Farallones de Cali),
  • algunas regiones aisladas de Antioquia y
  • la Serranía de San Lucas.

Especies en peligro

Debido al uso indiscriminado de la madera del roble, en 1974 se expidió una ley para prohibir su extracción comercial y en 2006 se realizó una veda nacional. Sin embargo las comunidades campesinas lo siguen extrayendo de los pocos bosques que quedan para hacer postes para cercas de fincas, leña y parte de la estructura de sus viviendas.

Se estima que en la actualidad alrededor del 40 % del territorio colombiano ha sido transformado por el aumento demográfico y el cambio de uso del suelo. A esto se suma que la tasa de deforestación en la Región Andina ha afectado y modificado al menos el 60 % de su área original en ecosistemas naturales.

“Los bosques de roble sufrieron el impacto de la tala por nuestros tatarabuelos, quienes al usar su madera indiscriminadamente (leña, ebanistería) determinaron la desaparición de extensas zonas de robledales en la cordillera Oriental”, señala Rangel.

Con base en las tasas de crecimiento que en varios casos son favorables para un uso sostenido del bosque, se podrían elaborar productos con valor agregado como barriles para almacenamiento de licor (ron y vino) y artesanías.

Por eso urge identificar y adelantar mecanismos de conservación que permitan hacer negocios verdes para producir madera a partir de estos bosques, los cuales suelen sustituirse con espacios para actividad ganadera y de cultivos, a un ritmo de 20 m3 por año, con el riesgo que ello implica para las fuentes de agua y la preservación del suelo.

“Zonas comúnmente conocidas como nacederos por las condiciones geológicas y del terreno, y otras donde se infiltra el agua, suelen contar con una notable presencia de robles”, subraya el doctorante Avella.

Recurso renovable

Entre las principales conclusiones de la tesis y del librose destaca la necesidad de optimizar las prácticas actuales de aprovechamiento forestal a escala doméstica e implementar subsidios económicos para lograr la transición hacia el uso de otras fuentes de combustible, dado que las actuales tasas de desperdicio son muy elevadas.

Con base en las tasas de crecimiento que en varios casos son favorables para un uso sostenido del bosque, se podrían elaborar productos con valor agregado como barriles para almacenamiento de licor (ron y vino) y artesanías.

“Los bosques de roble sufrieron el impacto de la tala por nuestros tatarabuelos, quienes al usar su madera indiscriminadamente (leña, ebanistería) determinaron la desaparición de extensas zonas de robledales en la cordillera Oriental”,

Para los investigadores, el manejo y la siembra de estas especies se deberían hacer por medio de alianzas con instituciones académicas –que son las que han generado este conocimiento– y con gubernamentales como el Ministerio de Ambiente o las corporaciones autónomas regionales, entre otras, para comenzar a apostar por ensayos piloto con participación de las comunidades. En su opinión, así se evita que estas propuestas se vean como una imposición o exigencia.

“Los bosques de las veredas son importantes para las mismas fincas porque protegen pequeñas quebradas de las que se suplen de agua o evitan que el suelo se erosione”, destaca el ingeniero forestal, para quien –aunque circunstancias óptimas requerirían de áreas superiores a las 1.000 hectáreas– todo suma.

Gracias a iniciativas como el trabajo realizado por la Fundación Natura desde hace 10 años junto con comunidades locales e instituciones nacionales e internacionales, se logró establecer el corredor de conservación Guantiva - La Rusia - Iguaque.

Con 171.293 hectáreas, es una de las áreas de bosques de roble más extensa del país, fundamental en la preservación de los ríos Suárez y Chicamocha, principales fuentes de abastecimiento de agua potable para gran parte de la población de estos departamentos.

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