Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
¿Dónde confluyen América Latina y Oriente Medio?

Aunque geográficamente distantes, existen muchas conexiones sociales entre Oriente Medio y América Latina. Una muestra son las contribuciones culturales de los turcos –quienes establecieron un puente–, las cuales merecen un enfoque de estudio especial. Además de los factores sociales que unen a América Latina con el Oriente Medio, el hecho es que comparten el mismo destino en cuanto a su lugar en la política internacional.

En ambos lados la base intelectual de los movimientos independentistas poscoloniales maduró en el siglo XIX; sin embargo políticamente su influencia se hizo más prominente durante la Guerra Fría. Durante este periodo una ideología antisistema estaba al más alto nivel en ambas regiones. Pero esta ideología se manifestó en dos mundos diferentes. Los movimientos insurgentes de izquierda en América Latina y los movimientos islámicos en el mundo musulmán se convirtieron en los portavoces de los sentimientos antisistémicos y representantes de posturas políticas alternativas.

Tradicionalmente, tanto América Latina como el Oriente Medio han sido vistos como el patio trasero de los EE. UU. Y ambas regiones están asociadas principalmente con el antiamericanismo. Quizá debido a esto ese país siempre ha prestado especial atención a los acontecimientos en las dos regiones desde la época de la Guerra Fría, ya sea para controlar ese sentimiento o para prevenir la expansión de la Unión Soviética. Sin embargo es justo decir que incluso durante el apogeo de la Guerra Fría, la Unión Soviética nunca llegó a un nivel que amenazara el interés de seguridad vital de los Estados Unidos en América Latina. Además, con el papel de Turquía en el Oriente Medio, se evitó en gran medida la expansión soviética.

Cuando la Guerra Fría terminó, las ideologías y perspectivas políticas suprimidas –que ya estaban activas a nivel organizacional durante ese periodo– se volvieron mucho más visibles tanto en el Oriente Medio como en América Latina. Ambas regiones han sufrido serios cambios en términos de estructura intelectual y política, y han enfrentado serios desafíos. Así se ha demostrado en tres formas básicas de hacer política:

  • Prooccidentalismo
  • Antioccidentalismo
  • Política de búsqueda de un equilibrio

El prooccidentalismo

Como una forma de hacer política, esta corriente nunca ha faltado en ambas regiones. Para evitar la expansión soviética, durante la Guerra Fría Estados Unidos siguió una estrategia de contención orientada a crear países de bloques seguros en América Latina y en Oriente Medio, con el fin de ubicar bases militares y seguir las actividades de los soviets (juntas o asambleas de trabajadores).

La OTAN ha desempeñado un papel clave en la implementación de esta política en Oriente Medio porque gracias a sus bases militares en Turquía los soviéticos se mantuvieron a raya. Cuando esta estrategia se vio amenazada, la mejor forma de normalización fue apoyar un golpe militar. Es por eso que Turquía ha experimentado golpes militares en 1960, 1971, 1980 y 1997. El último tuvo lugar el 15 de julio de 2016 pero fracasó cuando la gente salió a las calles para resistir a los golpistas.

En otros países de Oriente Medio existen historias similares. El papel del Ejército siempre ha sido clave y crítico en Egipto, Argelia, Irak y Siria. El apoyo a la dictadura fue justificado siempre que creara una barrera a la amenaza soviética.

En América Latina no fue diferente. Golpes militares en varios países –respaldados directamente por la CIA– solo tenían como objetivo mantener el continente a salvo de los soviéticos.

En América Latina no fue diferente. Golpes militares en varios países –respaldados directamente por la CIA– solo tenían como objetivo mantener el continente a salvo de los soviéticos. Por lo tanto era muy normal para beatificar la dictadura militar mientras que Estados Unidos promovía en su discurso la democracia, los derechos humanos y otros valores. Lo que los países occidentales, especialmente EE.UU., habían hecho durante la Guerra Fría era contrario a los valores básicos que han defendido.

La esencia de todo este manejo era mantener una forma prooccidental de hacer política en ambas regiones mediante la influencia de los canales militares y burocráticos. Lo interesante es que siempre ha habido políticos para servir el interés occidental, especialmente las élites en Oriente Medio y América Latina que han actuado como una extensión natural de la influencia estadounidense en sus propios países.

El antioccidentalismo

Durante la Guerra Fría, la política antisistémica tanto en Oriente Medio como en América Latina estaba fuera de la política legal porque no había otra opción –y no porque así se quisiera–, dado que las élites gobernantes la consideraban “ilegal”.

En Oriente Medio la política del antioccidentalismo ha sido representada por islamistas, con organizaciones legales, semilegales e ilegales en casi todos los países.

En Turquía el primer partido político islámico –el Partido de Salvación Nacional, encabezado por el difunto primer ministro Necmettin Erbakan–, surgió en 1969 pero fue cerrado legalmente varias veces por un Tribunal Constitucional.

En Egipto la Hermandad Musulmana solo gozó de legalidad durante un periodo corto, al inicio de la Presidencia de Gamal Abdel Nasser, a comienzos de la década de los años cincuenta. Después de ese corto tiempo sus miembros han sido procesados y encarcelados, y sus organizaciones prohibidas por los tribunales.

En Argelia, la victoria electoral libre y justa del partido islámico (FIS) fue aplastada inmediatamente después de las elecciones por una brutal intervención militar en 1991, que dejó más de 200 mil personas muertas y destruyó la confianza social hasta hoy. La historia no fue diferente en Iraq, Siria, Jordania y otros países.

En América Latina el antioccidentalismo fue el buque insignia de los movimientos de izquierda de Argentina a Cuba; casi cada país tenía sus propios movimientos. Su intención era crear una política alternativa para la explotación occidental, el subdesarrollo económico y el desarrollo rural. A medida que aumentaba la presión sistémica, algunos de estos movimientos legales habían convertido sus actividades en lucha militar. Cuanto más se intensificaba la lucha militar, más intervención occidental se producía en el continente.

En Argelia, la victoria electoral libre y justa del partido islámico (FIS) fue aplastada inmediatamente después de las elecciones por una brutal intervención militar en 1991, que dejó más de 200 mil personas muertas y destruyó la confianza social hasta hoy.

Es interesante notar aquí que el tema palestino-israelí ha estado en el centro del discurso tanto para la forma prooccidental de hacer política, como para la antioccidental, en América Latina y en Oriente Medio. Los islamistas y el movimiento de izquierda llevaron la bandera de la causa palestina como un símbolo de lucha a la intervención occidental y al imperialismo. En su discurso, actividades y solidaridad, la difícil situación de los palestinos nunca se ha olvidado. Este problema ha llegado a tal nivel, que la causa palestina creó una conexión transnacional entre todos los movimientos antioccidentales de todo el mundo, lo que generó fuertes puntos en común y posible cooperación.

La política de búsqueda de un equilibrio

América Latina y Oriente Medio han entrado en la era de la posGuerra Fría con esta dicotomía: por un lado, un aparato estatal fuerte, severo e inmisericorde decidido a eliminar la oposición para defender la forma occidental de hacer política a toda costa. Por otro lado, los movimientos antisistémicos que disfrutan de un enorme apoyo social pero que no pueden formar parte de la estructura política legal o no pueden tomar el poder incluso si ganan legalmente las elecciones.

En este entorno fue que el mundo entró en la década de los años noventa. El colapso de la Unión Soviética y el llamado triunfo de las políticas neoliberales disminuyeron las presiones sistémicas. Junto con el discurso posmodernista, por primera vez se les permitió a la mayoría de los opositores tomar parte en la política en América Latina y en Oriente Medio, aunque con un control estricto.

La era posterior a la Guerra Fría contribuyó a florecer una forma de hacer política que se puede llamar de búsqueda de equilibrio entre las demandas regionales, locales e internacionales, con un fuerte enfoque en la agencia, que es un actor en la toma de decisiones internacional sobre los problemas que afectan a sus ciudadanos.

Si se analiza el camino de la política en América Latina y Oriente Medio, desde los años noventa se puede hablar de la existencia y la mayor visibilidad de las dos tendencias anteriores, a medida que surge una tercera vía. En América Latina dichas tendencias son:

  • En primer lugar, políticas orientadas a los Estados Unidos, como las representadas en Colombia y Chile.
  • Segundo, las políticas antiestadounidenses y orientadas a la izquierda, como Venezuela, Ecuador y Bolivia
  • Una tercera vía que se basa en equilibrar el interés nacional y las tendencias políticas mundiales. Se podría llamar de centro-izquierda en política; neoliberal, en economía; y bien puede estar representada por el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

Es probable que el futuro de América Latina dependa del éxito futuro de estas tres formas competitivas de hacer política. Esta lucha llamada “ideológica” tiene repercusión sobre el continente porque el intercambio de experiencias y el lenguaje hacen que las ideas y prácticas se muevan fácilmente a través de los países. Por lo tanto no es significativo hablar del futuro de todo el continente, sino del futuro de un determinado país en América Latina.

En Oriente Medio el antioccidentalismo ha sido el foco principal de Irán desde la revolución de 1979. Castigado por la comunidad internacional –leídos como Estados occidentales– mediante sanciones, embargos y otro tipo de aislamientos, Irán fue tratado como un estado paria en Oriente Medio. El líder del prooccidentalismo allí siempre está representado por Egipto, en cuyas políticas es muy clara la influencia estadounidense.

Turquía también estaba en la categoría de Egipto hasta principios de los años 2000, cuando el presidente Recep Tayyip Erdogan llegó al poder con una clara mayoría. Desde 2002 es un país que se ha transformado tan profundamente en los campos social, económico, político y, lo que es más importante, de percepción global, que Ankara ya no se ve como un firme aliado de Occidente.

En cambio Turquía ha sido acusada de tramar la política occidental al insistir en su propia percepción en términos de la configuración de la política regional. Sin embargo Ankara tampoco se puede clasificar como de Irán, porque no promueve una política antioccidental. Erdogan ha buscado encontrar un equilibrio entre las demandas locales, regionales y globales con un enfoque creciente en la participación activa de Turquía en el proceso de toma de decisiones. Por lo tanto, este país se puede ver como el representante de la búsqueda del equilibrio de la política en Oriente Medio junto con Lula, de Brasil, en América Latina.

Relacionados

221,89,699,700,701

En lo que va corrido del siglo XXI América Latina ha vivido giros políticos que han pasado por una oleada de Gobiernos de centro-izquierda, que...

Muchos temas abordados en manifestaciones de estudiantes, docentes y directivos de universidades públicas y privadas de Colombia son comunes a otros...

Tres cuestiones explicarían los casos de xenofobia en América Latina: la aparición de relaciones que no existían, la ausencia de una identidad...

El líder de extrema derecha Jair Bolsonaro y la cabeza actual del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, se perfilan como los dos candidatos...

Luego de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), ¿qué sigue en la disputa que enfrenta a Chile y Bolivia desde hace más de 100 años,...

Consejo Editorial