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Deuda pública externa, entre las afectadas por la devaluación del peso

En los últimos meses el peso colombiano acumula una depreciación del 10 % al pasar de 3.072 pesos al finalizar febrero, a los máximos vistos iniciando junio, de 3.400 pesos por cada unidad de dólar americano. Las causas de la marcada depreciación del peso, que lo llevaron junto a la lira turca y al peso argentino a ser las monedas más devaluadas del mundo, están relacionadas con varios factores, tanto externos como internos.

En el ámbito externo, el aumento de la volatilidad en los mercados financieros globales –provocada por la guerra comercial desatada por la administración de Donald Trump frente a sus principales socios comerciales, como China y México– ha llevado a que los inversionistas busquen la manera de llevar sus recursos a lugares seguros que ofrezcan una adecuada rentabilidad. En ese sentido, los flujos de capitales han migrado hacia activos denominados en dólares americanos en vez de otras divisas como el euro, la libra o el yen japonés, guardando una clara consistencia con los rendimientos ofrecidos por los activos libres de riesgo de esas economías.

Mientras los bonos soberanos (los que emiten los Gobiernos) a diez años de Gran Bretaña ofrecen una rentabilidad del 0,84 %, el Bund Alemán ofrece una tasa negativa del -0,22 %, y su par japonés rinde -0,13 %, lo que contrasta con el rendimiento del 2,15 % a diez años que pagan los bonos del Tesoro estadounidense. Ese amplio margen entre las tasas de rentabilidad ofrecidas por activos cuyo riesgo de crédito es similar, ha llevado a que los inversionistas globales prefieran activos en dólares y con ello se haya generado demanda por esa divisa repercutiendo en su valorización frente a las demás monedas en general. 

En relación con la situación interna, la mayor demanda de dólares llegó por cuenta de las importaciones colombianas, que crecieron 1.100 millones de dólares en el primer trimestre de este año, y con ello el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos ahora se sitúa en el 4,6 % del PIB. Así mismo, entre enero y abril el Banco de la República compró cerca de 2.313 millones de dólares para llevar la posición neta de reservas internacionales a 51.000 millones; ambos factores tienen un peso importante en la demanda por dólares y la consiguiente depreciación del peso frente al dólar.

A los factores mencionados se deben sumar tanto el ruido provocado por las tensiones comerciales que ocasionaron que el petróleo Brent se desvalorizara de 75 dólares a 62 dólares por barril, como la disminución en 1.444 millones de dólares de los ingresos del capital extranjero en la cuenta financiera, provocada por la salida de capitales a través de la inversión en cartera del sector privado y por el pago de préstamos y créditos tanto del sector público como del privado, al comparar el primer trimestre de 2019 con respecto a 2018.

Además la disminución del valor de las exportaciones de café en los primeros cuatro meses del año –provocada por el desplome en las cotizaciones que llevaron a que se negociara a 88 centavos de dólar la libra a comienzos de mayo– también afectó el balance entre oferta y demanda de dólares en el mercado nacional. Dicha caída se explicó por el incremento de las exportaciones de Brasil durante 2018 y el aumento de la producción de Vietnam, Indonesia y Honduras durante 2019. Estas situaciones inciden en la oferta de dólares en la economía y las perspectivas de la cotización en el mercado cambiario.

Beneficiados y perjudicados

Los mayores beneficiados con la depreciación del peso son los productores nacionales, pues a medida que aumenta el tipo de cambio sus productos son más competitivos en los mercados internacionales. Así mismo, los productos importados contra los que compiten internamente se tornan más costosos para los consumidores del país, lo que impulsa la demanda por bienes fabricados dentro de Colombia.

No obstante, algunos sectores manufactureros pueden ver reducidos esos beneficios si su estructura de costos involucra componentes o materias primas importadas, ya que estos se encarecen en la misma medida en que el peso pierde terreno frente al dólar.

Sin embargo la depreciación del peso se puede constituir en una de las mejores defensas de los productores nacionales, si se le compara con otras medidas como los aranceles que pueden ser demandas por otros sectores, como ha pasado con los aranceles a la importación de textiles aprobados en el Plan Nacional de Desarrollo pero que serán demandados por algunos gremios económicos.

Por otro lado, la desalineación del tipo de cambio en el pasado reciente ocasionó pérdidas en el sector industrial y provocó brotes de la “enfermedad holandesa”, en la que los altos precios del petróleo llevaron a que la mayor parte de la inversión se condujera hacia el sector energético y minero en detrimento de la inversión en otros sectores que en el corto plazo presentaban menores rentabilidades, ocasionando contracciones del aparato industrial y del sector agrícola, además de aumento sostenido de importaciones de bienes y servicios.

Quienes se ven afectados por la mayor cotización del dólar son las empresas que han adquirido endeudamiento en dólares, pues a medida que el peso pierde terreno, los costos de la deuda se incrementan, tanto en la liquidación de interés como en los saldos en pesos del capital adeudado. Así mismo las empresas cuyos procesos productivos utilizan materias primas importadas enfrentan incrementos en sus costos de producción que no pueden trasladar completamente a los consumidores, con lo cual sus márgenes de rentabilidad disminuyen.

Una situación similar sufre el Estado, puesto que en la actualidad la deuda pública externa alcanza los 73.000 millones de dólares, equivalentes al 22,7 % del PIB, con lo cual el esfuerzo fiscal que debe hacer la Nación para cubrir el servicio a la deuda se incrementa al tener que entregar un volumen mayor de pesos colombianos para cumplir con las amortizaciones de capital y el pago de intereses. Según datos de la autoridad monetaria del país en  2008  la  deuda  pública externa  en  relación  con  el PIB era  del  12,2  %,  en  2013  del  13,5  %, en 2016 de 15,7  %,  en  2017  del  25,1 %, y en 2018 de 21,2 %. Tal situación evidencia una significativa dependencia del financiamiento externo y una mayor vulnerabilidad de la economía colombiana.

Por otra parte, el aumento del precio de algunos alimentos y bienes importados puede traer presiones inflacionarias por el lado de los bienes transables, es decir, aquellos con los cuales se puede comerciar o hacer intercambios a nivel nacional e internacional. Por ejemplo, libros, zapatos, maquinaria, etc.

Finalmente, en los últimos días la tendencia de depreciación del peso colombiano con respecto al dólar parece haber disminuido influenciada por los recientes anuncios del Banco de la República de suspender su programa de acumulación de reservas (la compra de dólares) iniciado en septiembre del año pasado, para evaluar el impacto de la compra de dólares sobre la tasa de cambio nacional, o, lo que es lo mismo, la devaluación del peso. Esta adquisición de dólares buscaba preparar al país ante una posible reducción en 2020 de la línea de crédito flexible que Colombia tiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI), actualmente en 11.500 millones de dólares.

El otro factor se relaciona con la publicación de datos sobre el aumento de desempleo en Estados Unidos, lo que ha llevado al banco central americano a considerar una posible disminución de las tasas de interés.

 

* Este análisis fue elaborado por el profesor Camilo Díaz y los estudiantes Sergio Rodríguez y Andrés Sayago, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNAL.

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