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Después de la pandemia vendrá la producción y el mercado nacional

Estas circunstancias son resultado de décadas de predominio de una política que relegó la calidad de vida y el bienestar social por debajo de los privilegios otorgados a la especulación financiera y al poder monopólico. En consecuencia, las decisiones de política pública se enfocan en fortalecer actividades rentistas en los campos y ciudades, con escasa o nula capacidad de transformación y ocupación de fuerza de trabajo, como el sector financiero que apenas crea el 1,4 % de la ocupación total.
 

Ejemplo de ello es la expansión de la ganadería, el comercio de productos importados, el auge inmobiliario y las grotescas ganancias de la intermediación financiera, que llegaron en 2019 a 21,6 billones de pesos con recursos propios, aunque desligada de la economía real.
 

Destruyendo empleo y pagando importaciones con recursos naturales


Las estadísticas nacionales muestran el paulatino pero constante deterioro del aparato productivo tanto en el agro como en la industria, tan solo en 2019 estos sectores perdieron 273.000 ocupados, con un respectivo impacto negativo en la calidad del mercado laboral y en la propia demanda interna.
 

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Estos sectores pierden participación en la oferta total del país, aumenta la participación de las importaciones en la demanda y se incrementa el número de desempleados y de ocupados por cuenta propia, con ingresos por debajo del promedio nacional y que no cotizan a seguridad social, es decir, que no se garantiza el costo de reposición de la mano de obra.
 

Por otra parte, también se incrementa el número de trabajadores con poca o baja formación académica, ya que el 88 % de los ocupados en el país tienen máximo un título técnico o tecnológico; aumenta el desempleo de la juventud, el cual se ubicó en 17,7 % para 2019; y se amplía más la brecha de desempleo entre hombres y mujeres, la cual llega a 5,5 puntos porcentuales. Cada vez más mujeres en edad de trabajar se quedan en sus casas sin remuneración.
 

El resultado de la decisión política de no producir y limitarse a pagar las importaciones con la extracción de recursos naturales y deuda, se materializa socialmente en las condiciones adversas del mercado laboral de baja productividad, alta informalidad, bajos salarios y una demanda interna sostenida al debe y con remesas de la ciudadanía que buscó opciones laborales en países que sí protegen su producción.
 

Además de esta situación, el escaso desarrollo productivo del país se encuentra altamente concentrado en sus principales ciudades y no más de siete departamentos, lo que se convierte en uno de los principales factores de desigualdad entre regiones.


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La economía post pandemia en la que debe pensar el país


Días antes de que en Colombia y en gran parte del mundo se estableciera la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19, los mercados globales manifestaron síntomas de una nueva crisis económica, expresada en la caída de los precios del petróleo y en una fuerte apreciación del dólar.
 

De esta forma, se evidenció la grave dependencia de la economía nacional de los vaivenes de la economía internacional, generando volatilidad e incertidumbre en las actividades locales, tanto públicas como privadas. Asimismo, durante la emergencia se ha evidenciado que existe una diferencia cualitativa y cuantitativa entre garantizar el suministro de bienes y servicios esenciales con capital y mano de obra nacional, y estar sometido a la incertidumbre de los mercados externos.
 

Una vez superada la emergencia sanitaria, será importante -entonces- revivir el debate sobre el papel que juega la producción mercantil nacional y la fuerza de trabajo productiva en el desarrollo y la prosperidad de las naciones.
 

Aunque es cierto que el sector servicios ha venido ganando participación en las cuentas nacionales de las potencias económicas, a costa de la agricultura y la industria, también lo es que parte fundamental de la explicación de las crisis recientes, de 2001 y 2008, se debe a que sus fábricas se trasladaron en búsqueda de mano de obra más barata.
 

Esto ha permitido que prospere un tipo de nacionalismo, que llevó a la presidencia a Donald Trump en Estados Unidos y a la victoria del Brexit y de Boris Johnson en Inglaterra, tras cuatro décadas de fracaso de las aventuras económicas de los exmandatarios Ronald Reagan y Margaret Thatcher, respectivamente, paradójicamente pertenecientes a los mismos partidos políticos. 
 

Descentralizar el desarrollo productivo: una prioridad para las regiones


Una política de desarrollo productivo en la agricultura y la industria, así como la propia ampliación del mercado interno, necesita una estrategia territorial. Para ello cuatro variables prioritarias deben ser atendidas: el capital, el trabajo, las interconexiones y el conocimiento.

El capital está tan concentrado como el desarrollo; de la misma manera, tanto el crédito público como privado se localiza en las grandes ciudades y en los proyectos agroindustriales y mineros de sus respectivas periferias, por esto, es perentorio esparcir el crédito para estimular la inversión y el desarrollo más allá de los pocos centros industriales existentes.
 

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La fuerza de trabajo cualificada, bien formada, con altos niveles de productividad e innovación también está concentrada en los centros urbanos e industriales. Para corregir esta situación, se necesita un sistema de educación y formación laboral que fortalezca las periferias, de tal manera que construya incentivos para atraer y retener la fuerza de trabajo cualificada del sector público y privado.
 

Pero sin conectividad entre territorios, mercados, personas y conocimientos no puede haber desarrollo.


Actualmente las inversiones en las principales infraestructuras reproducen la concentración territorial de las oportunidades, por esto, es necesario descentralizar altas inversiones para financiar las carreteras secundarias y terciarias que unan los mercados locales y los conecten a los regionales y nacionales.

En la “era de las comunicaciones”, las infraestructuras de conectividad virtual son definitivas en la expansión del desarrollo, así como del sistema de educación y formación laboral, e incluso en la hoy decisiva asistencia en salud.  El desarrollo siempre es el resultado del conocimiento, de la capacidad de resolver problemas y atender sociedades cada vez más complejas. La inversión en ciencia, tecnología e investigación es muy escasa en Colombia y la poca existente se concentra territorialmente aún más que los niveles de crecimiento. Es perentorio un sistema regionalizado de Ciencia, Tecnología e Innovación como sustento de los Sistemas Territoriales de Desarrollo.
 

Una nueva economía para el desarrollo y el bienestar


Por más que se escuchen los gritos disparatados de los defensores del libre mercado, los tratados de libre comercio, el emprendimiento y la ‘economía colaborativa’, lo cierto es que tras dos siglos de revolución industrial la producción mercantil y el trabajo asociado a ella sigue siendo la principal fuente de riqueza de las naciones.
 

A eso tendrá que regresar Colombia si quiere reactivar su economía después de la pandemia, con medidas poco ortodoxas de estímulo y protección de la agricultura y la industria nacional, la financiación estatal de la capacitación técnica y tecnológica de su fuerza de trabajo, así como en la inversión en ciencia y tecnología aplicada a la fabricación de bienes y servicios de alta sofisticación, la intervención pública en el mercado crediticio y la renegociación de los tratados de libre comercio para darle prioridad al fortalecimiento del mercado interno.

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