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    Desalinización del agua, opción para acabar con la sequía

Quitarle la sal al agua marina para convertirla en líquido dulce apto para el consumo humano y las labores domésticas, es una de las alternativas que pueden acabar definitivamente con la sequía en regiones como La Guajira (norte de Colombia) o Buenaventura (suroriente el país). Allí aún no está cubierto el 100% del suministro pese a su cercanía con los océanos Atlántico y Pacífico.

Experiencias de este tratamiento -conocido técnicamente como desalinización del agua- han mostrado su éxito en países con escasos recursos hídricos como Israel, donde esta técnica puso fin en 2008, a la sequía más fuerte que sus habitantes habían sufrido en 900 años.

Hoy, ese país del medio oriente no solo obtiene el 55% del agua utilizada en las labores domésticas de sus 8.544.000 habitantes gracias a la desalación del agua, sino que ahora supera la oferta del vital líquido.

Óscar Rodríguez Bejarano, químico y doctor en ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, le ha hecho seguimiento a los avances de este tratamiento del agua y señala que puede ser una opción definitiva para resolver el problema estructural de falta del agua, aprovechando la cercanía que ambas regiones colombianas tienen con el mar.

El proceso de desalación se hace mediante un método conocido como “ósmosis inversa”, que se describió por primera vez en 1953, pero al cual no se ha recurrido mucho en América Latina.

Sólo Chile cuenta con plantas desalinizadoras a través de las cuales trata el agua para abastecer a ciudades como Antofagasta, en el desierto de Atacama, al norte del país.

Conseguir una gota de agua: todo un desafío diario

La península de La Guajira es un territorio desértico de 20.848 km² kilómetros, donde, según el Dane, viven alrededor de un millón de habitantes, de los cuales, el 39% pertenecen a la cultura indígena Wayúu. Es la zona más seca de Colombia, con temperaturas entre 35 y 40ºC.

Aunque la mayor parte de su territorio está circundado por el mar Caribe (Océano Atlántico), el 50% de sus habitantes viven la paradoja de que el agua no les llega a sus rancherías.

Deben ir por ella a pozos de agua o jagüeyes, para abastecerse en trayectos que les implica hasta dos horas de viaje en burro. Una tarea que generalmente es asignada a los niños de las comunidades.

Buenaventura, por su parte, es el principal puerto de Colombia en el Océano Pacífico, ubicado al suroccidente del país, en el departamento del Valle del Cauca. La falta de acceso a agua de calidad fue una de las demandas exigidas al Gobierno Nacional en el paro de 21 días, realizado por sus habitantes en mayo de 2017.

Sus líderes exigían un mejor servicio de agua porque hasta entonces, el 71 por ciento de la población sólo accedía al líquido entre cuatro y ocho horas, cada día de por medio, denunciaban.

Ambas regiones padecen los rigores del clima con un deficiente servicio de agua potable. Sin embargo, para efectos del proceso de desalinización, tienen a su favor la cercanía al océano.

Alternativa: la ósmosis inversa

El profesor Rodríguez explica que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que “el agua potable debe tener menos de 500 partes por millón de sólidos (500 miligramos por litro).

Sin embargo, el agua de mar posee en promedio 35.000, lo que implica que hay que bajarlas de 35.000 a 500 partes. Ese proceso se llama desalinización o desalación”.

Una de las técnicas más utilizadas en el mundo para destilar el agua es la ósmosis inversa. Es un proceso que consiste en separar la sal del agua a través de una membrana o una especie de malla de plástico con agujeros tan diminutos, que sólo dejan pasar el líquido pero no la sal. Por eso es semipermeable.

Es como cuando se cierne harina en un cedazo o se cuela el café de manera artesanal. Sólo que en este caso, es mucho más sofisticado porque se realiza en plantas de tratamiento que disponen de inmensos tubos colectores del agua.

Por un extremo del tubo se deposita el agua del mar. Posteriormente, se le aplica una fuerte presión para que atraviese la membrana semipermeable y salga al otro extremo como agua dulce. La concentración de la sal que resulta después del proceso se llama salmuera.

“Usualmente se logran eficiencias o rendimientos del 35, 50 y hasta un 70 por ciento” señala Rodríguez. Esto significa que de 100 metros cúbicos de agua de mar que se tratan, se pueden producir hasta 70 de agua dulce.

Otra de las ventajas de la ósmosis inversa “es que como las membranas tienen esos poros tan chiquiticos, usualmente también filtran microorganismos sólidos” con lo cual se obtiene un agua casi potable.

En la planta de Sorek (Israel) el agua de mar la pasan previamente por filtros de arena natural y luego sí se utiliza el procedimiento de osmosis inversa, precisa el profesor. “No es un procedimiento único, como en cualquier planta de tratamiento, hay varias etapas pero la parte central del procedimiento es la osmosis inversa”, agrega.

Experiencia mundial

Según cifras de la Asociación Internacional de Desalinización (IDA por sus siglas en inglés) en el mundo hay 18.000 plantas de desalinización. La más grande es la de Sorek, ubicada a 15 kilómetros de Tel Aviv (Israel). “Tuvo un costo de alrededor de 400 millones de dólares y produce 624 mil metros cúbicos de agua al día”, resalta el profesor.

También hay plantas en Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Libia, Kuwait, Catar, Estados Unidos, Japón y España, las cuales surten buena parte del agua que consumen sus habitantes gracias a la desalinización.

Si se tiene en cuenta que según la OMS el nivel óptimo del agua es de 100 litros por día-habitante puestos en su sitio de habitación, “la de Israel podría abastecer a una ciudad de 6´000.000 millones de habitantes sin problema”, calcula Rodríguez.

Para el caso de La Guajira, el químico estima que se necesitan producir 100 mil metros cúbicos de agua, teniendo en cuenta que allí viven alrededor de 1 millón de habitantes. Sin embargo, como están dispersos por todo el territorio, el experto piensa que una solución puede ser instalar varias plantas.

Teniendo en cuenta que ese departamento tenía presupuestado 443.656 millones de pesos (unos 150 millones de dólares) por el sistema general de regalías en 2016, para el profesor Rodríguez, “pensar en invertir en una planta de 100 millones de dólares o varias plantas de diez millones de dólares, cada una, no es gran cosa y sí resuelve el problema de la sequía de manera definitiva y futura”.

Una alternativa que puede considerarse en las políticas de gobierno diseñadas para contrarrestar este problema en ambas zonas estratégicas del país.

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