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Decreto 1651 burocratiza la investigación en Colombia

La expedición del Decreto 1651 del 11 de septiembre de 2019, que adiciona el “Decreto Reglamentario Único del Sector Presidencia de la República, para establecer la organización y el funcionamiento del Sistema Nacional de Competitividad e Innovación”, fue un golpe para la Misión de Sabios que reúne a ocho expertos en diferentes áreas para crear una hoja de ruta para el país.

Desde la conformación de la Misión no hubo una explicación clara sobre el enfoque. El año pasado se hizo una primera reunión en la que los miembros estuvieron trabajando sobre lo preliminar. Este año, antes de la reunión en Cartagena se dio a conocer el decreto que expidió el Gobierno sobre la conformación del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación.

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La crítica principal que hacen los expertos es que con este decreto se crean demasiadas instancias, procesos y comités que, en últimas, dejan el componente de ciencia y tecnología subrogado al componente de competitividad e innovación. Además, este decreto burocratiza la investigación en Colombia.

El desdén de los dirigentes

A raíz de la publicación del Decreto, los ocho coordinadores de la Misión de Sabios dieron a conocer un comunicado en el cual llaman la atención y sientan posición frente al Gobierno porque no los tuvieron en cuenta para su expedición.

Es una crítica que se ha hecho desde tiempo atrás en el país por parte del personal que trabaja en ciencia y tecnología y que analiza su sector. Apunta a que los gobiernos, en el afán de desarrollar competitividad –que desde la apertura económica del expresidente de Colombia, César Gaviria en 1991 es el horizonte del país– todo lo supeditan a que se aporte a la competitividad y a la innovación, sin resaltar el papel que en un proceso exitoso de inserción internacional y de aumento de competitividad tiene la investigación científica básica.

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Incluso la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, llegó a plantear que “el conocimiento por el conocimiento no tiene ninguna razón de ser siempre que no sea un conocimiento útil” y en esto está demeritando a los miembros de la Misión. Al plantear que el conocimiento es lo que hay que impulsar, se refiere a la ciencia aplicada que se ha mostrado a través de la historia que es el resultado de la investigación; aún cuando no se conozcan los fines concretos que pueda tener la misma, si tendrá aplicación o posibilidades de explotarla económicamente. Si no hay este tipo de investigación básica no va a haber posibilidades de innovación.

El problema es el imaginario de la dirigencia del país, que mira con desdén y demerita la investigación básica, lo que de cierta forma constituyó un insulto para los miembros de la Misión. Por alguna razón, y frente al reclamo de los sabios, en el discurso de clausura del encuentro en Cartagena la ministra trató de enmendar su error diciendo que no se trata de que un sistema esté por encima del otro, sino de que se deben coordinar. “Que la innovación y la competitividad se complementan”, dijo, acercándose mucho a Perogrullo.

Incluso algunos dirigentes políticos y económicos lo han manifestado expresamente en el pasado: la investigación básica se la debemos dejar a los países desarrollados porque son los que tienen la plata y el conocimiento; para el resto, solo nos queda aplicar su tecnología.

Las misiones de sabios en Colombia

Los académicos e investigadores convocados a la Misión de Sabios pertenecen a diferentes campos del conocimiento como ciencias básicas, del espacio, tecnologías convergentes, industrias creativas –un espectro amplio– y finalmente lo que hicieron los convocados fue repartirse el trabajo en ocho grandes áreas o comisiones que tienen que ver con estos temas.

Aunque ellos han sido autónomos en el enfoque, en sus declaraciones algunos de ellos han manifestado que la generación de conocimiento es lo que debe guiar la inserción de Colombia en el contexto internacional, en la “sociedad del conocimiento”.

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Esta es la cuarta comisión de sabios desde 1991, ante la apertura de los noventa. La primera fue la de Gabriel Misas, llamada “Misión de Ciencia y Tecnología” que concluyó con que se tenía que ampliar la educación, de calidad, abrir doctorados, profundizar la educación, garantizarla.

En la misión de 1994 estaban el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y el científico Rodolfo Llinás, entre otros, cuyo informe “Colombia al filo de la oportunidad”, se enfocó en la educación.

Otro espacio, que no puede ser considerado como una misión, fue liderado por Pedro Amaya, de profesión administrador y profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que en 2001 produjo un documento de prospectiva titulado “Colombia un país por construir”. Se trataba de un ejercicio con expertos de amplias ramas del conocimiento, de la producción, de la industria, que trataba de identificar hacia dónde debería ir el país y las necesidades para poder llegar a esa meta.

Ahora, en la constituida en 2018, la Misión Internacional de Sabios tiene parecidos propósitos.

Los resultados que han presentado todas estas comisiones, si bien han producido efectos como la apertura y ampliación del número de doctorados desarrollados en el país, avance en el número de patentes, en publicaciones en revistas indexadas, ha sido demasiado pobre frente a las necesidades del país. Ciertamente todo esto no ha sido alcanzado porque se haya estructurado un programa o una política desde los distintos gobiernos desde 1991 de forma que realmente se pase del discurso a la acción, al diseño de políticas y también a la asignación de recursos. Colombia sigue con parecidos niveles de inversión en actividades de ciencia, tecnología e innovación y de investigación y desarrollo de hace 30 años.

Podríamos decir que la clase dirigente colombiana ejercita bien el ejercicio de la simulación: estamos muy interesados en la ciencia y la tecnología: nombremos una comisión; simulemos que nos interesan los indígenas, entonces simulemos que hacemos acuerdos y pactos con ellos para luego no cumplirlos. Lo mismo con la educación: hagamos acuerdos con los profesores, con Fecode, con los estudiantes para no llevarlos a cabo. Estamos en una sociedad de simulación absoluta.

¿Queda muy difícil investigar en Colombia? En la comunidad científica se hace lo que se puede; no podemos negar que ha habido avances en algunas áreas del conocimiento, pero con escasos recursos, poca infraestructura, y carencia de laboratorios de última generación es muy difícil que Colombia pueda llegar a ser una potencia siquiera mediana en el contexto internacional de ciencia y tecnología. Y si se le suma un decreto como el 1651 que plantea una ruta que aumenta los procedimientos para adelantar la investigación que se requiere en el país, que termina burocratizándola y con escasos recursos económicos, queda más difícil aún hacerlo.

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