Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
    Dar a luz en la Amazonia, una cuestión de autonomía y respeto

Desde que Tania Yimara Martínez, psicóloga perinatal y estudiante del Doctorado en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Amazonia, se enteró de que estaba embarazada, decidió que no quería tener a su hija en un hospital. Considera que los servicios de salud están deshumanizados y prefirió dar a luz en su casa, donde –según cuenta– tuvo un parto amoroso y tranquilo.

Para esto decidió formarse como doula, palabra griega que significa “sirviente de la mujer”, y que en este caso se aplica a mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras en su proceso de maternidad. Su labor consiste en dar apoyo físico y emocional durante el embarazo, el parto y el puerperio, o tiempo de recuperación después del parto.

“La mujer decide quién será su partera o partero, si desea la compañía de su esposo o prefiere parir sola, si se siente más cómoda en su casa, en el monte o en un hospital”.

Ella visitado comunidades Tikuna, Muina y Yagua, en las que indagó con las parteras cómo se atendía un nacimiento en medio de la selva amazónica. Incluso tuvo la oportunidad de apoyar un parto en la comunidad Murui-muina, del kilómetro 11 de Leticia.

Después de su experiencia, la investigadora Martínez no duda en comentar que lo más importante que pueden enseñar las comunidades indígenas es el respeto por la autonomía de la madre: “la mujer decide quién será su partera o partero, si desea la compañía de su esposo o prefiere parir sola, si se siente más cómoda en su casa, en el monte o en un hospital”, detalla. Ellas pueden moverse libremente, pedir agua y, con la orientación y el apoyo de la partera, decidir la posición que adoptarán en el momento en que nazca su hijo.

Tras de un modelo de atención intercultural

El objetivo de la investigadora es recoger todos los elementos de las costumbres de estas comunidades que puedan aportar a una propuesta intercultural y respetada para la atención al parto en la Amazonia colombiana, en la que se valoren las ventajas de las prácticas ancestrales pero también se complementen con los avances biomédicos, que no pueden ser descartados porque ayudan a evitar las muertes maternas y perinatales.

Tener un modelo de atención complementario en el departamento del Amazonas es completamente necesario pues la cobertura en atención médica institucional es baja. Según datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Mortalidad Materna Basada en la Web (SVEMMBW), en 2009 se registraron 510 muertes maternas en Colombia. Al analizar la causa de la mortalidad materna por departamentos, se encontró que en algunos de ellos –como Amazonas, Nariño, Chocó, Vaupés, Guainía, Vichada y Guajira– estas cifras se duplican o triplican con respecto al promedio nacional, alcanzando una incidencia de entre 142 y 342 muertes por 100 mil nacidos vivos.

Para 2016, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) informó que el 10 % de las muertes maternas ocurrieron en población indígena. A esto se suma que, según datos del Ministerio de Salud y Protección Social, en Amazonas la mortalidad infantil es 1,6 veces mayor que el promedio nacional y es el departamento con el mayor número de muertes por enfermedades transmisibles (68,1 muertes por cada 100 mil habitantes durante 2014) y la mayor tasa de mortalidad por tuberculosis (5,75 muertes por cada 100 mil habitantes).

Entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de la ONU se encuentra mejorar la salud materna aumentando la atención de partos en clínicas, hospitales y centros de salud, para que sean atendidos por médicos diplomados, además de incrementar el número de controles prenatales.

Sin embargo –comenta la psicóloga Martínez– en el Amazonas la dispersión geografía y las barreras para movilizarse dificultan que las mujeres en gestación accedan a los servicios de salud. “En las comunidades la atención al parto es algo natural, por lo que no es asistido como una enfermedad sino como un evento fisiológico, pero no está exento de complicaciones que las comunidades no tienen cómo atender”, explica.

En cuclillas, arrodilladas, sentadas sobre los talones, soportándose de una hamaca o de un palo, sus acompañantes pueden sostenerlas por detrás para evitar que se cansen demasiado, e incluso algunas deciden parir acostadas.

La mayoría de las parteras y los parteros tiene una formación empírica heredada por tradición oral. Se trata de mujeres y hombres que a partir de sus experiencias aprendieron a atender partos sin ninguna formación académica. No obstante, dar a luz en una comunidad indígena es un ritual que conserva costumbres y creencias que permiten que el cuerpo de la madre fluya según las circunstancias del momento y establezca con su hijo un vínculo cercano y empático desde el primer momento, aspectos que no son valorados de la misma manera en el modelo biomédico.

En cuclillas, arrodilladas, sentadas sobre los talones, soportándose de una hamaca o de un palo, sus acompañantes pueden sostenerlas por detrás para evitar que se cansen demasiado, e incluso algunas deciden parir acostadas. Los beneficios de estas prácticas han sido evidentes porque cuando la mujer tiene esa sensación de control de la situación se reduce el dolor gracias a que segrega las sustancias necesarias para un buen parto. “Al tener autonomía sobre su cuerpo, la mujer expulsará una buena cantidad de oxitocina y endorfinas para que al momento de dar a luz este proceso se dé naturalmente. En cambio, si una madre se estresa, su cerebro activa un sistema de defensa que genera una gran cantidad de adrenalina que puede ocasionar complicaciones”, agrega la investigadora Martínez.

La naturaleza, aliada de la maternidad

La mayor Gladys es una abuela de la comunidad indígena Yucuna, quien comenta que cada etnia tiene sus secretos para atender el parto, pero muchas veces no los revelan porque no se valoran. “Algunos secretos son muy bonitos y sencillos; por ejemplo cuando un parto ya empezó, o se está acercando, el esposo de la mujer, o quien la esté acompañando, puede utilizar la albahaca, esta matica tiene un poder significativo y muy poderoso”, explica.

Aunque las comunidades indígenas han hecho de la naturaleza una gran aliada para la maternidad, las parteras y los parteros pueden no tener conocimientos suficientes para manejar algunas complicaciones perinatales y neonatales, y no cuentan con los implementos necesarios para atenderlas.

“Machucar” ramas de albahaca, incluidas las semillas, y hacer infusiones para que la madre tome tres vasos diarios tres días antes de que el bebé nazca, ayudará a que no sienta dolor. Después del parto se puede dar un poco de agua hervida con uña de gato (Uncaria tomentosa), una planta trepadora de la familia de las Rubiáceas, originaria de Perú, para que detenga el sangrado.

“Cuando el niño nace tiene  que permanecer 20 minutos o media hora junto con la placenta  para que llore, abra los ojos y conozca el mundo al que vino. En ese momento las parteras tenemos que ponerle el bebé en el pecho de la mamá para que ella le hable”, agrega la mayor Gladys. El algodón morado y la corteza de uvo también son algunas de las plantas más utilizadas en el parto, ya que tienen propiedades oxitócicas con las que se pueden hacer baños o infusiones para sanar la matriz.

En el Amazonas se tiene la noción de la consustancialidad, es decir que las propiedades de alimentos y productos vegetales o animales se pueden adquirir cuando las comunidades las consumen o utilizan. Por eso en el parto usan manteca de raya y de gallina, consideradas como animales que paren muy fácil, mezclan el aceite con la pelusa del lulo y lo untan en la barriga de la madre para que el bebé resbale.

Aunque las comunidades indígenas han hecho de la naturaleza una gran aliada para la maternidad, las parteras y los parteros pueden no tener conocimientos suficientes para manejar algunas complicaciones perinatales y neonatales, y no cuentan con los implementos necesarios para atenderlas.

“El modelo biomédico ha avanzado para evitar las muertes perinatales y maternas, y cuenta con tecnología y medicamentos suficientes para afrontarlas. Pero no se debe dejar de lado el conocimiento ancestral de las comunidades que también brinda beneficios”, advierte la psicóloga Martínez.

La investigación, que continuará en las comunidades Bora y Cocama, de los municipios de Leticia y Puerto Nariño, en las zonas urbana, periurbana y rural, ya tiene elementos que podrán fortalecer un modelo intercultural para mejorar la experiencia del parto para las mujeres al tiempo en que se garantiza un buen estado de salud, ya que se trata de una etapa que tiene un impacto importante en la salud física y mental de la mujer y del bebé, tanto al momento del nacimiento como del posparto y los primeros años de vida que definen la salud mental y física en la etapa adulta.

Relacionados

452,449,453,100,38,99

La crisis venezolana se transformó en un éxodo masivo sin precedentes, con un impacto hemisférico que apenas comienza. Brasil y Colombia, donde recae...

Durante los últimos 20 años, en Colombia se ha construido una institucionalidad engorrosa por lo que no hay claridad sobre la eficiencia y el impacto...

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre delimitación marítima entre Costa Rica y Nicaragua debe alertar al Estado colombiano acerca...

Con piezas de video, esculturas y pinturas en gran formato, el artista plástico Juan David Laserna plantea la manera como la pedagogía de la historia...

Expresiones como “hecha la ley, hecha la trampa” reflejan que la corrupción viene de un legado colonial muy deplorable que ha trascendido hasta hoy y...