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    Conozca el mapa de la desigualdad del ingreso en Colombia

América Latina es una de las regiones del mundo con mayor desigualdad del ingreso. Aunque países como El Salvador y Uruguay tienen bajos niveles en esa dimensión del bienestar social, otros como Brasil y Guatemala tienen indicadores muy altos de disparidad en los ingresos familiares.

A pesar de la moderada reducción de la desigualdad en Colombia, el país continúa estando en el listado de países con mayor concentración en la distribución. Los niveles de desigualdad personal del ingreso en un país se pueden explicar por dos factores: por un lado, por las brechas en el ingreso medio entre regiones o departamentos, y por otro, por la desigualdad que se presenta en la población dentro de esas divisiones geográficas.

Por consiguiente, a pesar de que en Antioquia y Boyacá hay una similar (y elevada) concentración del ingreso, la diferencia de 48,4 % en el ingreso medio entre esos departamentos incide en el nivel de desigualdad del país de manera significativa.

Del mismo modo, aunque dentro de todos los departamentos la desigualdad se redujera, en el total nacional podría aumentar si las brechas entre ellos se incrementaran. De ahí la importancia de las diferencias de ingreso geográficas en la explicación de la distribución en Colombia.

¿Qué tan agudas y sistemáticas son esas diferencias en el país, cómo ha cambiado la desigualdad dentro y entre departamentos entre 2002 y 2015, qué fuentes de ingreso han contribuido a modificar los patrones distributivos, cuáles alternativas de política podrían solucionar esas disparidades? Son algunas de las preguntas que intenta responder la investigación “Desigualdad del ingreso en Colombia: un estudio por departamentos”.

En la indagación se analiza la distribución del ingreso en el país entre 2002 y 2015, tomando como fuente de información las encuestas de hogares realizadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y considerando como unidad de análisis los departamentos (23 de los que se tiene información y Bogotá) y como variable de estudio el ingreso per cápita familiar. Además las estimaciones tuvieron en cuenta indicadores de desigualdad como el coeficiente de Gini y el índice de Theil.

Brechas nocivas

El desarrollo económico y social no es un proceso de espontánea convergencia, sino que está diferenciado espacialmente, por lo que un aspecto esencial que explica la desigualdad en los países es la brecha que existe entre los territorios o áreas geográficas que lo integran.

Una de las conclusiones de la investigación es que en Colombia existe una elevada polarización entre los principales centros económicos geográficos y los demás departamentos que tienen mayor participación en la población que en el ingreso (ver gráfica “Participación en la población y en el ingreso por departamento”).

Así, Bogotá, Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca y Santander –donde habita el 48,6 % de la población– concentran el 63,3 % del ingreso doméstico del país, mientras que Caquetá, Cauca, Chocó, Córdoba, La Guajira y Sucre –donde vive el 13 % de colombianos– perciben el 7 % del ingreso nacional.

Un ejemplo que ilustra la magnitud de esas disparidades es que el ingreso promedio de un habitante de Quibdó equivale al 32,8 % de uno de Bogotá; a su vez, el ingreso diario de un habitante que pertenece al 10 % más rico de Antioquia equivale al que tiene por 50 días una persona del 10 % más pobre de Cauca.

Las diferencias geográficas en los niveles de vida de la población limitan las ventajas que podría tener una mayor integración y articulación económica y social entre distintas regiones y departamentos del país. Además producen círculos viciosos de persistencia de la pobreza, profundización de rezagos en el desarrollo, problemas de desempleo y bajas remuneraciones, lo que se agrava cuando no existen instituciones y políticas que logren contener el atraso y mejorar el acceso de la población a bienes básicos.

Las brechas que se constatan son nocivas para el desarrollo social y económico, por cuanto generan segregación, polarización y falta de cohesión social, e incluso ponen en riesgo el orden institucional.

Las diferencias geográficas en los niveles de vida de la población limitan las ventajas que podría tener una mayor integración y articulación económica y social entre distintas regiones y departamentos del país.

Un ejemplo de ello son los paros cívicos de los últimos años en Chocó, departamento con la más alta desigualdad del país, donde la mayoría de los hogares presenta bajos niveles de vida, alta tasa de dependencia económica y su población tiene elevada incidencia de desempleo e informalidad laboral, todo ello sumado a fragilidades institucionales, corrupción y violencia.

Diversidad geográfica

En Colombia existe una gran diversidad geográfica en los niveles de desigualdad dentro de los departamentos. En contraste con la pobreza –que se concentra en las regiones costeras del país–, la distribución de ingresos es espacialmente diferenciada y no hay un patrón entre su magnitud y su concentración (ver mapa del coeficiente de Gini por departamento).

En tal sentido, departamentos con ingreso per cápita familiar bajo (Chocó y La Guajira, en promedio, 244.400 pesos y 353.300 pesos, respectivamente) tienen la mayor desigualdad; sin embargo Antioquia presenta un elevado nivel de ingreso (698.400 pesos en promedio) altamente concentrado. Mientras en Atlántico y Caquetá un individuo perteneciente al 10 % más pobre tendría que multiplicar su ingreso por 6,5 para pertenecer al 10 % más rico de cada departamento, en Chocó debería hacerlo por 21. Esa diversidad es clara al observar que incluso departamentos con el mismo nivel de ingreso tienen notables diferencias en su desigualdad.

De este modo, un mayor nivel de desarrollo no garantiza mejoras en términos distributivos, lo mismo que en algunos territorios el rezago no conlleva necesariamente a amplias desigualdades en el ingreso de su población. Este resultado resalta la importancia de comprender la desigualdad del ingreso del país no solo como producto de brechas entre departamentos, sino también de complejidades en las explicaciones de las disparidades dentro de ellos.

Un ejemplo de lo anterior es la forma en que las fuentes del ingreso personal adquieren mayor o menor relevancia en la explicación de la desigualdad según la estructura ocupacional. Así, en Antioquia y Cundinamarca, que tienen un mayor rol de la producción industrial y de servicios, el ingreso de los asalariados (aunque es menos desigual que el de los trabajadores cuenta propia) tiene mayor peso a la hora de explicar la desigualdad en esos espacios geográficos.

Un mayor nivel de desarrollo no garantiza mejoras en términos distributivos, lo mismo que en algunos territorios el rezago no conlleva necesariamente a amplias desigualdades en el ingreso de su población

En contraste, en departamentos de la Costa Atlántica (Córdoba, Magdalena y Sucre) y de frontera (Nariño y Norte de Santander) donde hay mayor informalidad laboral en las ciudades y empleo agrícola en áreas rurales, el ingreso derivado del trabajo por cuenta propia adquiere particular relevancia en la explicación de la desigualdad.

Cambio en la desigualdad del ingreso

La moderada reducción de la desigualdad en Colombia (entre 9 % y 20 % de 2002 a 2015 según el indicador considerado) ha estado vinculada principalmente a cambios distributivos en los departamentos, pero no al cierre de brechas entre ellos.

En la medida en que la política tributaria es un elemento sustancial para lograr una distribución del ingreso más equitativa, sería pertinente pensar un mecanismo de diferenciación tributaria.

No todos los departamentos han presentado redistribuciones positivas ni en la misma magnitud: Antioquia, Atlántico y Bogotá han liderado la reducción de la desigualdad, mientras que Caldas, Norte de Santander y Tolima no presentaron un patrón redistributivo importante en el periodo analizado. Además persisten las brechas de ingreso entre los principales departamentos del país y los periféricos, lo que ha limitado el mejor reparto del bienestar.

Reducción de la desigualdad en prospectiva

Las grandes brechas en el ingreso entre departamentos, su persistencia en el periodo reciente, y las heterogeneidades en los niveles y en la explicación de la desigualdad dentro de ellos, implica que la generación de política pública debe considerar estrategias diferenciadas en la búsqueda de un país más equitativo, incluyente, y así apuntar a una sociedad más integrada y menos dividida, lo que en prospectiva del marco del posacuerdo es un elemento fundamental para la construcción de paz.

En la medida en que la política tributaria es un elemento sustancial para lograr una distribución del ingreso más equitativa, sería pertinente pensar un mecanismo de diferenciación tributaria. Dicho elemento tendría que moderar las brechas entre los departamentos, además de promover el desarrollo de las zonas rezagadas en términos del bienestar de su población.

En ese sentido, es necesario considerar aspectos como la calidad y la cobertura educativa en todos los niveles (descentralización de la calidad e inversión en infraestructura escolar); políticas activas del mercado laboral que consideren la vulnerabilidad económica y la estructura ocupacional (programas de empleo a jóvenes y mujeres cabeza de hogar, formulación de iniciativas de empleo y desarrollo rural); alternativas productivas en determinadas regiones (cooperativas, trabajo y propiedad comunitaria, acceso a mercados de la producción campesina); política sectorial focalizada, y potencialidades de la migración laboral.

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