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Colombia y la cocaína en el contexto internacional: distorsiones y populismo punitivo

Colombia se consolida como el país con mayor potencial de producción de clorhidrato de cocaína del mundo, al pasar de 1.053 toneladas en 2016 a 1.379 en 2017, lo que representa un incremento del 31 %.[1] Con esta cifra supera de lejos el peso específico frente a Perú (410 toneladas) y Bolivia (275 toneladas)[2], es decir que el potencial productivo de toda la Región Andina alcanza las 2.064 toneladas, dentro del cual Colombia tiene el 67 % de toda la producción mundial de cocaína, frente a un 20 % de Perú y un 13 % de Bolivia.

Dos factores de mayor peso le dan impulso a esa producción:

  1. El vertiginoso incremento de la demanda mundial.
  2. El incremento importante de las incautaciones de cocaína.

La demanda mundial (punto 1) se caracteriza por una fuerte diversificación de los mercados, la ampliación de las rutas y la configuración de nuevas dinámicas de redes transnacionales que se distinguen por ser consorcios que ya no se definen por pertenencias nacionales sino por el grado de control de rutas, contactos, capacidad de soborno y relacionamiento con autoridades de países de tránsito. En ese contexto, Estados Unidos solo representa un tercio de toda la demanda mundial. La distribución que oficialmente ofrece la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos (ONDCP por sus siglas en inglés) es la siguiente:

Cuadro 1. Distribución mundial (%) del consumo de cocaína por regiones 2015

 

Región de demanda

Porcentaje (%)

Estados Unidos

34

Europa Occidental

22

Latinoamérica

22

África

 8

Asia

 5

Ex URSS y Europa Oriental

 4

Canadá

 3

Oceanía

 1

Total

100

Fuente: The Office of National Drug Control Policy – USA White House

 

Según esta información, la cocaína se globalizó y prácticamente no hay lugar en el mundo que de una u otra manera no participe de los tránsitos o la demanda de esta sustancia. En el hemisferio americano, Colombia con ese 67 % de toda la producción mundial es el epicentro de salida a través de cinco espacios geográficos: Pacífico, asociado con el incremento productivo de todo el núcleo de ese andén con 57.000 ha, Venezuela, que conecta la producción del Catatumbo (28.000 ha) y ahora el estímulo en Arauca (de solo 9 a 121 ha entre 2016 y 2017), Ecuador (que recoge parte de la producción de Nariño y Putumayo con 42.000 ha), la Amazonia (que es el único núcleo que experimentó una disminución del 15 % asociado con la sustitución en Guaviare) y el Caribe que renace con gran ímpetu en incrementos de las zonas con mayor conexión como Antioquia con 13.600 ha e incremento del 55 %, Córdoba con 4.800 ha y un incremento de casi el 80 % y Bolívar con más de 6.000 ha y un incremento por encima de 50 %.

Esta última zona que se agrupa dentro de la región central es la más activa en el incremento de los cultivos de coca. El paso por el Caribe levanta interrogantes sobre los flujos en el Darién, el golfo de Morrosquillo, La Guajira y San Andrés, zonas que se consideran bajo control institucional con fuerte presencia de organismos de seguridad estatal y de EE. UU. La ruta involucra hoy a Centroamérica, Puerto Rico, que reexporta hacia el sur de EE. UU., y República Dominicana, epicentro de distribución hacia EE. UU. y Canadá, y Europa Occidental (Italia, Suiza, España y Bélgica).

Las incautaciones transnacionales (punto 2) se consideran buenas pistas de las dinámicas de los mercados globales, y en este punto Suramérica es el espacio más activo con el 61 % de las incautaciones tanto por la importancia de Brasil –como primer punto de exportación hacia Europa vía África– como por los incrementos en la demanda principalmente en el Cono sur (véase cuadro 2).

 

Nuevas tendencias en la demanda

El porcentaje mundial de la demanda de cocaína en el último año es del 0,4 %. Para Norteamérica el promedio de uso es del 1,6 %, mientras en Suramérica el promedio alcanza el 1,5 %. El cuadro 2 muestra la discriminación de los porcentajes por países.

Cuadro 2. Consumo de cocaína en Suramérica (promedio de uso en el último año)

 

País

%

Uruguay

1,8

Brasil

1,75

Chile

1,73

Argentina

0,73

Colombia

0,70

Perú

0,69

Venezuela

0,64

Bolivia

0,36

Paraguay

0,25

Ecuador

0,08

Promedio

1,5

Fuente: UNODC informe Mundial 2017

 

Según el cuadro 2 los cuatro países que lideran el consumo de cocaína en Suramérica viven hoy una situación difícil de emergencias hospitalarias, lo que la constituye como la región del mundo con más casos críticos de salud asociados con el uso problemático de ese psicoactivo. Así mismo se observa que Colombia no tiene un problema epidémico de consumo de cocaína pues su demanda está por la mitad del promedio suramericano y muy por debajo del de Uruguay, Brasil y Chile. Esto a pesar de que el precio por gramo de cocaína en Colombia es el más bajo de Suramérica.[3] No obstante para este país se ha impuesto una narrativa sin evidencia confiable de incremento exagerado de la demanda de cocaína en razón a una supuesta sobreoferta que se deriva del alto nivel de incautaciones en el territorio colombiano, con 435 toneladas en 2017.

Colombia sigue siendo el lugar de procedencia de la cocaína (90 %) que se distribuye en EE. UU. El resto proviene de Perú, y aún así la tecnología de refinamiento que se detecta en la cocaína incautada sugiere que es manipulada por procedimientos propios de los colombianos, lo que puede implicar que se importe a Colombia pasta básica de cocaína (PBC) desde Perú o que colombianos controlen laboratorios dentro de Perú.[4]

Pero también en concordancia con el incremento de áreas de coca desde 2015, Colombia aparece emergiendo de nuevo como el mayor oferente de cocaína en Europa. Los reportes para ese año señalan un incremento del 67 % en los reportes de la procedencia hacia Europa.[5] 

Los informes de incautaciones de cocaína procedente de Colombia (80 % del total) se incrementaron de tal modo que los reportes emitidos por Venezuela (12 %) y Ecuador (12 %) involucran a Colombia como el país de origen.[6]

Ideas fantasiosas que confunden

En este contexto, un gran interrogante es el tipo de conexión que existe hoy entre núcleos de traficantes colombianos con Brasil, país que hoy constituye el primer punto de exportación mundial de cocaína al cual le sigue Colombia. De hecho Brasil recibe alijos en tránsito desde Perú y Bolivia pero no se conoce su peso específico ni las cantidades que se envían desde Colombia.

En contraste con lo anterior, la generación de narrativas distorsionadoras del problema colombiano de cocaína genera confusiones y debilidades para la formulación de una estrategia más razonable, o por lo menos que ponga un punto de partida más realista. Aquellas se observan en la generación de miedos en la opinión creando imaginarios de una situación epidémica en la demanda interna, mientras se hace poco en materia preventiva y de tratamiento. De otro lado, se ha creado la fantasiosa idea de que los carteles mexicanos son los amos absolutos del comercio mundial de cocaína, que manejan los grupos organizados en armas, que controlan los espacios internos del negocio en Colombia, con lo que se crea una cortina frente a unas estructuras transnacionales colombianas que se mueven como pez en el agua en conexión con estructuras que abarcan el escenario mundial. Aquí también se ocultan los nexos que garantizan el lavado de activos incluida la tierra en Colombia y las relaciones con ámbitos de la legalidad que se nutren de los dineros del narcotráfico y que terminan por borrar la frontera entre legalidad e ilegalidad.

Conclusiones

  1. En la escena del circuito mundial de cocaína, Colombia ha recobrado un incremento exponencial, manejando casi el 70 % de la oferta mundial.
  2. Solo EE. UU. representa un tercio de la demanda global de cocaína, lo que pone en contexto la importancia de Europa y Suramérica en el tema, contrastando con su débil protagonismo en el contexto internacional.
  3. En el interior de Colombia, esta escala transnacional es distorsionada por narrativas que ponen el problema en un supuesto escalamiento exponencial de la demanda interna, en razón al detenimiento del flujo de cocaína por el incremento de las incautaciones. Las principales medidas del alto Gobierno y la Fiscalía se mueven en esa dirección, es decir que se desconoce el núcleo central del problema y se lleva a medidas de populismo punitivo para usuarios y productores, amén de la fuerte presión para volver a poner las fumigaciones con glifosato como la “bala de plata” para resolver el problema. Se desconoce así la memoria de más de 40 años de fracasos con el uso del herbicida, con consecuencias negativas en el orden de salud, ambiente y en lo social, que sustentan el principio de precaución que argumentó el Consejo de Estado en 2013 y 2014.[7]
  4. Los imaginarios que se han venido creando de una sobreoferta de cocaína para el mercado interno ha servido para justificar medidas con un direccionamiento ciego, como la incautación, las cantidades previstas por la ley como dosis personal o para afectar la sentencia razonable de la Corte Constitucional sobre la dosis de aprovisionamiento, imponiendo una tasación absoluta que impide ver escenarios complejos que acompañan las situaciones de uso de psicoactivos, sobre todo los considerados problemáticos.

 


[1] UNODC Colombia, Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2017. Resumen Ejecutivo, septiembre 2018.

[2] Parker Asmann “Cifras de cocaína en Bolivia y Perú indican que Colombia promueve boom andino”, InSight Crime. Agosto 29 de 2017 en https://es.insightcrime.org/noticias/noticias-del-dia/cifras-cocaina-bolivia-peru-indican-colombia-promueve-boom-andino/

[3] Miranda, Boris, “Por qué Sudamérica es donde más crece el consumo de cocaína en el mundo”, BBC Mundo, junio 30 de 2016. En https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-36669258

[4] UNODC World Drugs Report 2017. The cocaine market pág. 29.

[5] UNODC World Drugs Report 2017. The cocaine market, pág. 31.

[6]Ibidem pág. 32

[7] Consejo de Estado. Sentencia del 11 de diciembre de 2013 y del 20 de febrero de 2014.

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