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Colombia en la OTAN: ¿una alianza para qué?

El pasado 31 de mayo se formalizó el vínculo de Colombia con la OTAN, en calidad de socio global. Surgida en 1949 como un sistema de defensa colectiva en la que los países participantes acuerdan defender a cualquiera de sus miembros si son atacados por una potencia externa, la OTAN es la mayor alianza militar del mundo y cuenta con 29 Estados de Norteamérica y Europa como miembros plenos.

En la Organización también participan otros países bajo modalidades diversas –como asociación para la paz, programas de diálogo y socios globales– mediante las cuales forman parte países como Afganistán, Australia, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda, Pakistán y Colombia, primer socio global admitido de la región latinoamericana. ¿Qué implica el acuerdo para el país? ¿Cuáles fueron las razones que llevaron al Gobierno nacional a buscar esta alianza? ¿De qué modo incide esta decisión en el actual proceso de posconflicto?

Por ejemplo, los socios pueden contribuir en las operaciones militares de la Alianza Atlántica, ya sea directamente con el envío de tropas, o de otras maneras.

Para empezar, convertirse en un socio global de la OTAN implica un estatuto de mayor cooperación en seguridad y defensa, pero no la membresía plena, la cual está reservada solo para los países europeos. En términos generales, el modo de asociación en el que ingresa Colombia implica establecer mecanismos de cooperación de interés mutuo para enfrentar riesgos y desafíos de seguridad emergentes. Se trata de un marco flexible de colaboración en el que, de manera individual, y de común acuerdo con el organismo multilateral, los países deciden en qué áreas y a través de qué formas quieren participar. Así, por ejemplo, los socios pueden contribuir en las operaciones militares de la Alianza Atlántica, ya sea directamente con el envío de tropas, o de otras maneras. La asociación también da la posibilidad de:

  • Acceder al intercambio de información.
  • Recibir capacitación de las fuerzas militares.
  • Participar en ejercicios militares conjuntos.
  • Estandarizar procedimientos y protocolos de seguridad.

En busca de aliados estratégicos

¿Cuáles fueron las razones que llevaron al Gobierno nacional a buscar esta alianza? Fundamentalmente estas tienen que ver –directa e indirectamente– con el conflicto armado interno y su solución. De hecho el acercamiento a la Organización ya se había iniciado en 2006, cuando la administración de Álvaro Uribe Vélez buscó socios extrarregionales para respaldar su política de seguridad democrática y contrarrestar las críticas de los gobiernos de izquierda que predominaban entonces en la región.

No obstante, será el gobierno de Juan Manuel Santos el que impulse decididamente la iniciativa. Desde 2013 se firmó un acuerdo de intercambio de información y seguridad, lo que les permitió a militares colombianos participar en cursos y entrenamiento en Alemania e Italia. Así mismo, fuerzas colombianas formaron parte de operaciones navales conducidas por la Alianza Atlántica para contrarrestar la piratería marítima en el Cuerno de África. Estos acercamientos dieron lugar a que el país fuera admitido en la Organización en mayo de 2017, y es precisamente esta decisión la que acaba de ser ratificada.

Para la administración Santos se trató de una jugada a varias bandas. Desde el punto de vista militar, la asociación con la OTAN le daría continuidad al proceso de modernización de las fuerzas armadas colombianas que tuvo lugar con el Plan Colombia, gracias al cual fue posible debilitar militarmente a las FARC, con la subsecuente negociación del Acuerdo de Paz.

Desde 2013 se firmó un acuerdo de intercambio de información y seguridad, lo que les permitió a militares colombianos participar en cursos y entrenamiento en Alemania e Italia.

En la perspectiva del posconflicto, le permitiría al Gobierno colombiano responder a dos imperativos: por una parte, darle una nueva orientación y uso al dispositivo militar más grande y eficaz con el que ha contado el país en su historia republicana; y de otra, mantener la capacidad coercitiva del Estado frente a amenazas como las disidencias de la guerrilla, las Bacrim y el narcotráfico, un asunto de vital importancia a resolver en estos primeros años de posconflicto. Así mismo, este pacto contribuiría a afianzar la legitimidad ganada por las fuerzas armadas colombianas, tanto a nivel interno como externo.

Desde el ámbito de la política internacional, la asociación a este sistema de defensa colectiva corresponde al objetivo del gobierno Santos de cambiar la percepción externa negativa que predominó por varios años; a través de ella se busca ganar prestigio y proyectar internacionalmente a Colombia como un Estado confiable, estable y cooperativo. Tal estrategia está, pues, en concordancia tanto con el impulso a los programas de cooperación militar que el país proporciona a otras naciones latinoamericanas con el respaldo de Estados Unidos, como con el reciente ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Para algunos críticos el acercamiento a la OTAN implicaría darles la espalda a los esfuerzos regionales de integración como Unasur y su Consejo Suramericano de Seguridad

Desde el punto de vista de la región, Colombia cuenta en este momento con una relativa ventaja comparativa en materia de capacidades militares que, en términos generales, no se percibe como de carácter ofensivo (salvo para el régimen de Maduro y eventualmente para Ecuador).

Si bien para algunos críticos el acercamiento a la OTAN implicaría darles la espalda a los esfuerzos regionales de integración como Unasur y su Consejo Suramericano de Seguridad, para otros significa capitalizar estas capacidades para reforzar la posición regional del Estado colombiano en temas de seguridad y defensa, además de afianzar el respaldo internacional a la construcción de la paz.

Más allá de las motivaciones y las expectativas del presente, el verdadero impacto de esta decisión dependerá tanto de la voluntad y la visión de la nueva administración que inicia en agosto, como de su habilidad para ponerla al servicio de los intereses nacionales.

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