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Colombia, en desventaja para comercializar uña de gato de forma sustentable

Dichas especies de uña de gato se caracterizan por ser lianas con espinas largas semicurvas que les permiten adherirse a los troncos de los árboles de la selva amazónica. Si bien son reconocidas por su valor medicinal gracias a sus propiedades inmunoestimulantes, anticancerígenas, antimicrobianas y antioxidantes, el conocimiento de estas especies en Colombia es limitado.
 

La investigación realizada por la microbióloga Lina Paola Garzón Garzón, doctora en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, muestra que Colombia está un paso atrás en la comercialización sustentable no solo de la uña de gato, sino de otras especies; el país se ha quedado en la fase de explotación de la materia prima, sin elaborar productos derivados, planes ni normativas específicas para la industria de fitoterapéuticos, ya establecidas por otros países con auge en Europa.


Muestra de esto es el bajo nivel de patentes en Colombia en relación con esta planta medicinal: “esto es consistente con la tendencia a importar más que a exportar plantas medicinales como la uña de gato, lo que estaría sujeto más a una intención de compra-venta que de aprovechamiento local, en la que se conjugan estrategias de innovación e investigación académica”1.
 

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El decreto 1156 de 2018 del Ministerio de Salud y de Protección Social abrió la puerta para reglamentar los registro sanitarios de productos fitoterapéuticos en el país con el fin de que el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) actualizara el listado de plantas medicinales aceptadas con fines terapéuticos para la fabricación de productos. Sin embargo, las investigaciones que terminan en patentes son lideradas por empresas extranjeras.


Para esta investigación hubo una línea clara y una visión integral: “al hacer un estudio interdisciplinario se puede perder un poco de profundidad al no aplicar todas las técnicas de cada disciplina, pero es fundamental contribuir con estudios que articulen los saberes tradicionales con los conocimientos de varias disciplinas académicas” destaca la investigadora Garzón.
 

En dicho estudio se plantearon cuatro fases metodológicas: conocimiento local de la uña de gato; identificación de especies, paisajes y suelos; trabajo en laboratorio, y aprovechamiento de las especies.


Uno de los hallazgos más significativos de la investigación es que a pesar de que la especie U. tomentosa es la que más se ha estudiado en cuanto a las condiciones ecológicas y de regeneración natural, U. guianensisse encuentra más fácilmente distribuida en el territorio, y además las comunidades la consideran como la “propia” pues le reconocen un mayor valor medicinal y poder tanto curativo como paliativo.

Para la profesora Clara Peña, directora de esta investigación, "la planta uña de gato es de gran interés a nivel mundial por sus beneficios y compuestos activos para uso biomédico. Con esta investigación se buscó responder cuáles son las necesidades de suelo, las condiciones ambientales de la planta y saber si es viable sacarla de su territorio o si es necesario dejarla en el bosque para poder hacer amplio uso de la especie”.
 

La doctora en ecología de producción y conservación de recursos agrega que como resultado, “se encontró -a través de todas las relaciones físico bióticas con el territorio y los demás organismos presentes- que no es viable, en primera instancia, sacarla del territorio para producirla ampliamente; al respecto y al contrario, se sugeriría enriquecer los bosques amazónicos con estas especies”.
 

El trabajo en la Amazonia


Los sabedores de las comunidades indígenas de Macedonia y San Martín –la primera ubicada a 57 km de Leticia sobre la ribera del río Amazonas y la segunda a 68 km de este municipio en el margen del río Amacayacu– estuvieron presentes en el proceso, y al generar un lazo de confianza con la investigadora, compartieron su conocimiento.


Los aportes del líder comunitario Gustavo Suárez y el médico tradicional Víctor Ángel fueron fundamentales tanto para realizar el trabajo de campo como para establecer un canal de comunicación permanente con los conocedores.
 

Con un trabajo de campo de 130 días, desarrollado por medio de entrevistas a profundidad con traductores de lengua tikuna, talleres de cartografía social y recorridos en las dos comunidades, se obtuvo información sobre las características distintivas de las especies de uña de gato, los tipos de paisajes y suelos donde crecen, y además se hicieron ensayos para la siembra de las especies articulando las prácticas tradicionales con algunas técnicas sugeridas en estudios agroecológicos.

De manera simultánea al trabajo realizado con los sabedores, se tomaron muestras para la identificación botánica de las especies de uña de gato en el Herbario Amazónico Colombiano y muestras de suelo para su análisis fisicoquímico en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC). A esto se suma un trabajo microbiológico en el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), que analizó la relación simbiótica entre las especies con hongos formadores de micorrizas arbusculares, los cuales se adhieren naturalmente a las raíces de las plantas para mejorar su nutrición, especialmente en suelos poco fértiles como los de la Amazonia.
 

Para plantear los lineamientos para el aprovechamiento sustentable de las especies de uña de gato, la investigadora Garzón realizó un análisis agroecológico mediante el cual se identificaron de manera participativa las prácticas que las comunidades conocen ampliamente y aquellas en las que consideran que necesitan capacitación y apoyo técnico para poder aplicarlas adecuadamente.
 

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También definió la red de valores en la cual se identifican tanto las actividades como los actores involucrados en las fases de provisión, producción, transformación y distribución o comercialización, necesarias para el desarrollo de iniciativas productivas cultural y ecológicamente adecuadas.
 

Una frontera de protección humana


Contrario a otras latitudes del país, que con el fin de buscar crecimiento económico han explotado o consumido a un ritmo desproporcionado los recursos no renovables, en la región de la Amazonia hay una resistencia que se mantiene a través de las comunidades que tienen generaciones de convivencia en su territorio, al que le dan un gran valor.
 

Incluso hay oportunidad de cerrar puertas a interesados en entrar allí: “sin duda para adelantar iniciativas productivas sustentables con las comunidades indígenas se necesita un proceso de ‘diálogo de saberes’ entre el conocimiento científico, académico y el conocimiento tradicional. Algunas instituciones solo buscan validar el conocimiento local y para que realmente funcione un trabajo colectivo debe haber respeto y una revalorización de las prácticas tradicionales de las comunidades”, explica la doctora Garzón.
 

En su concepto, algunos proyectos pensados exclusivamente desde “afuera” suelen ser muy impositivos y en ocasiones se quieren hacer investigaciones sin tener en cuenta las características propias de la población: “estas van en contravía de la lógica de una comunidad, y en consecuencia esta se desvincula y se cierra”.
 

“Para garantizar de forma indirecta la protección del conocimiento tradicional de las poblaciones indígenas en Colombia es necesario realizar la consulta previa y una distribución equitativa de recursos, pues infortunadamente aún no se cuenta con una normativa específica para esto” enfatiza la doctora Garzón.
 

"Desde hace mucho tiempo estamos trabajando el diálogo de saberes que puede ser una gran herramienta para procesos de investigación; se trata del intercambio de conocimiento desde perspectivas interdisciplinares e interculturales”, agregó el profesor Carlos Franky, segundo director de esta investigación.

Espacios de participación


El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) es de las pocas instituciones que se ha acercado al territorio amazónico para capacitar a las personas en la elaboración de productos derivados de otras especies vegetales con comunidades como San Martín de Amacayacu; no obstante aún tienen grandes retos para realizar los procesos, limitados en el procesamiento a mayor escala de las especies –de forma que no afecte las actividades del territorio– a falta de normativas que tengan apoyo de otras instituciones.


Para la investigadora “es necesario abrir la participación en este mercado, para orientar un manejo adecuado y sostenible de la planta, tanto en términos botánicos y ecológicos como sociales y culturales, para lo cual las comunidades Tikuna de San Martín de Amacayacu y Macedonia han manifestado su interés en desarrollar actividades productivas con esta planta”.


“Todavía hay un proceso por delante; se llegó a la puerta de la generación de productos y se está condicionado por varios elementos: ahora se sabe cómo estamos, qué hace falta y qué necesitamos para avanzar” concluye la doctora Garzón.

 


1 Lina Paola Garzón Garzón. “Ecología, manejo y aprovechamiento sustentable de la uña de gato (Uncaria guianensis (Aublet) y Uncaria tomentosa Willd. DC) en comunidades Tikuna del sur de la Amazonia colombiana”. Universidad Nacional de Colombia. 2020.

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