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    Colombia busca señales de cambio climático en la Antártica

El comportamiento de las aguas del Caribe y el Pacífico colombianos puede estar asociado con fenómenos océano-atmosféricos en la Antártica. Ante el calentamiento global, científicos de la Universidad Nacional de Colombia buscan herramientas para predecir lluvias, huracanes y otros fenómenos naturales con mayor precisión.

El buque ARC 20 de Julio de la Armada Nacional de Colombia fue el encargado de llevar a Nancy Villegas, la única ingeniera oceanóloga colombiana, a tierras y glaciares de la Antártica. Su equipaje científico cabía fácilmente en su bolso de mano: un GPS, una cámara fotográfica profesional, un martillo geológico y un equipo meteorológico del tamaño de un celular, aunque un poco más voluminoso.

Con el instrumento meteorológico, la investigadora hace mediciones de temperatura del aire; dirección e intensidad de los vientos; humedad relativa; punto de rocío y presión atmosférica. Con la cámara toma la nubosidad, el tipo de nubes, el estado del mar, el oleaje y la visibilidad; con el martillo extrae muestras de rocas, y con equipos del ARC 20 de Julio y del Instituto Antártico Chileno (INACH) analiza la transparencia y el nivel del mar, además de la temperatura, salinidad y batimetría (profundidades en el océano).

Cada dato recopilado se convierte en un insumo para el análisis y modelamiento numérico de las aguas del estrecho de Gerlache, con el objetivo de comparar y establecer cómo se comportan estas aguas y las del Caribe y Pacífico colombiano, debido a la interacción entre distintos fenómenos océano-atmosféricos como las oscilaciones Atlántico Norte, Decadal del Pacífico y de la Antártica, y del Sur; este último comprende las fases de El Niño y La Niña.

El estudio de las aguas del Caribe y del Pacífico colombianos se amplía a la Antártica, desde donde la investigadora pretende obtener herramientas que aporten elementos para hacer predicciones climáticas más precisas –especialmente ahora con el calentamiento global–, lo que permitiría trazar acciones oportunas de prevención ante los riesgos que sugieren huracanes como los que han azotado recientemente a Miami y a las islas caribeñas.

Aunque a primera vista sorprende que sea necesario irse hasta la Antártica para analizar el clima y los fenómenos naturales que pueden ocurrir en Colombia, la docente de la UN Sede Bogotá aclara rápidamente la inquietud: el comportamiento de las aguas oceánicas del país es influenciado por las teleconexiones, es decir por las relaciones (o enlaces) entre anomalías climáticas de zonas distantes entre sí.

Al respecto, recuerda –por ejemplo– que investigadores de otros países han encontrado que la Oscilación Antártica influye en la intensidad y en el inicio de los monzones en la India; también se ha establecido que esta variabilidad atmosférica está ligada a las oscilaciones en el Atlántico y el Ártico, y estudios recientes han concluido que existe una modulación importante entre ella y El Niño.

Por eso no resulta descabellado ir a la Patagonia a investigar procesos que pueden afectar las aguas del territorio colombiano, pues “las corrientes marinas no están en un solo sitio; las masas de aire se mueven de un continente a otro según las temperaturas, humedades relativas y presiones atmosféricas”.

Además, tales procesos tienen ciclos –como las estaciones– o fenómenos que pueden tardar de cinco a diez años, los cuales cambian la salinidad, la temperatura o el nivel del mar, explica la investigadora.

Así mismo se pregunta: ¿si la Oscilación Antártica es tan fuerte, cómo está influyendo en la dinámica del Pacífico y del Atlántico? Si hay una respuesta se podría entender por qué existen ciertos cambios tanto en la ocurrencia y la intensidad de eventos cálidos y fríos del Caribe y del Pacífico como en el nivel del mar y en los procesos oceanográficos y meteorológicos.

A partir de esta inquietud, la profesora Villegas indaga cuál es la teleconexión entre tres procesos de interacción océano-atmósfera: las oscilaciones Antártica, la del Niño –en el cual está inmerso el de La Niña– y la del Atlántico Norte, que en aguas del Caribe presenta una fase cálida y otra fría.

“Es probable que encuentre una relación importante entre los procesos de las oscilaciones de El Niño, del Atlántico Norte y de la Antártica, con la que también mejoraría la predicción de fenómenos locales como huracanes, sequías y lluvias”, subraya.

Información compartida

El Programa Antártico Colombiano, de la Comisión Colombiana del Océano, aprobó el proyecto “Variabilidad en la termodinámica de las aguas superficiales del estrecho de Gerlache y de regiones marinas de Colombia, asociada con el calentamiento global y la teleconexión entre El Niño-Oscilación del Sur, la Oscilación Atlántico Norte y la Oscilación Antártica”, con el que la investigadora Villegas realizó a comienzos de este año la travesía hasta la Antártica, junto con un diverso grupo de investigadores que incluía desde biólogos hasta geógrafos de distintos países como China, Japón, Brasil, Polonia, España, Argentina y Chile.

Para el estudio, la ingeniera oceanóloga obtuvo información preliminar de la primera expedición que hizo Colombia a la Antártica en 2015, que le sirvió para viajar al archipiélago de Palmer, en el estrecho de Gerlache, donde apoyó y compartió información con otros investigadores tomando datos de:

  • Temperatura
  • Salinidad
  • Batimetría (profundidades en el océano)
  • Reportes meteorológicos de temperatura del aire, nubosidad, vientos, oleaje y nivel del mar.

Después se trasladó hasta la pequeña isla Doumer, ubicada en la zona donde se encuentran las presiones de referencia de la Oscilación Antártica.

Partiendo de Punta Arenas (Chile), el ARC 20 de Julio llevó a la investigadora hasta Doumer, desde donde navegó en una embarcación más pequeña hacia la base chilena de Yelcho, en la Bahía Sur. Allí se instaló en la cabaña del INACH, donde compartió laboratorio y vivienda con investigadores canadienses, chilenos, dinamarqueses, suizos y chinos, entre otros.

El viaje de regreso lo realizó en un helicóptero de la Fuerza Aérea Chilena hacia el buque Aquiles, también del Gobierno chileno, con el cual atravesó el estrecho de Gerlache y el estrecho de Drake.

Un laboratorio pequeño

Desde Bahía Sur –con temperaturas de entre 4 y 6 o C de verano austral–, la ingeniera oceanóloga colombiana inició su rutina de investigación: toma de cuatro muestras a las 11 a. m., 2, 5 y 11 p. m., tanto a nivel del mar como en una montaña con alturas entre los 80 y 100 m. En los recorridos no faltaban el agua, una chocolatina, su equipo meteorológico y un colaborador.

También, por instrucción del administrador de la Estación, siempre llevaban consigo radio, una cuerda, abrigo adecuado y gafas para protegerse de la nieve y del viento.

Al finalizar las jornadas de campo se instalaba en el laboratorio para bajar la información en un computador, procesarla, analizarla, hacer gráficas, revisar las fotografías y clasificar las nubes por sus formas, que se relacionan con algún tipo de tiempo.

La estadía de cerca de 20 días en Yelcho también le permitió compartir información, especialmente con el jefe de esta Estación, César Cárdenas, quien le facilitó los datos de dispositivos instalados a 10 y 20 m de profundidad en el océano, para ver la temperatura y la luminosidad del mar: “él los necesitaba para sus análisis biológicos, y yo para mis estudios desde la física”, aclara la docente.

De las mediciones realizadas en la zona y su respectivo análisis hubo un primer hallazgo en torno a las dos condiciones meteomarinas que se dan en Doumer, relacionadas con los vientos que predominan en la región: cuando estos vienen del noreste, se presenta una temporada muy lluviosa, con tempestades y agua nieve, además de vientos fuertes; y cuando provienen del oeste (occidente), las condiciones cambian a una temporada de días despejados, sin nubosidades, lluvias ni vientos; días muy bonitos: “nos llamó la atención esa variabilidad tan fuerte del tiempo en un sitio tan pequeño”, comenta.

De esta manera se estableció que en la parte noreste de la isla hay perturbación dada por montañas, lo que explica por qué los vientos vienen cargados de tanta agua: cuando descienden de las montañas lo hacen de una manera tan forzada, que la masa de aire luego de desalojar su humedad en forma de precipitación empieza a bajar creando mal tiempo, lo cual no ocurre con los vientos provenientes del oeste, pues como allí no hay barreras, se tornan en una brisa marina más suave.

“Este laboratorio natural nos permitió apreciar el efecto de la montaña y del mar abierto en el clima”, sostiene la investigadora. En su opinión, este hallazgo también explica la diferencia en el comportamiento de los seres marinos que habitan allí.

Tercera expedición

El análisis realizado en este primer año de investigación es netamente local, es decir de las condiciones meteomarinas de Bahía Sur. Sin embargo la información es muy útil para alimentar el modelo numérico en el que trabaja la profesora Villegas con su esposo, el también ingeniero oceanólogo Igor Malikov, de nacionalidad rusa.

La expedición, denominada Almirante Padilla, es la tercera de Colombia a la Antártica, y por supuesto vendrán más, aunque en la del próximo año no estará la profesora Villegas, pues debe cumplir otros compromisos con organizaciones internacionales como el Centro Internacional de Física Teórica (ICTP), de la Unesco, por lo que debió viajar de la Patagonia chilena hasta Italia.

La reemplazará Javier Díaz, investigador del Grupo de Investigación en Oceanología (Cenit) de la un, que ella lidera, clasificado en la categoría B de Colciencias y del cual forman parte estudiantes de la Maestría en Meteorología y del Doctorado en Geociencias de la Institución.

“Ya nos aprobaron el proyecto que se desarrollará en la expedición de 2018, y el propósito es presentar otra para 2019”, destaca la docente, quien tiene la certeza de que los aportes de su trabajo repercutirán positivamente en la interpretación y proyección del cambio climático no solo en aguas y tierras colombianas, sino también en otras partes del planeta.

La investigadora destaca el Programa Antártico Colombiano, de la Comisión Colombiana del Océano, y el interés de la UN por apoyar estas iniciativas que buscan llamar la atención de los científicos colombianos para que se vinculen a organismos internacionales y ganar mayor protagonismo nacional en la Antártica.

“Precisamente para 2020 el propósito del Programa es contar con una base científica, para lo cual es necesario conocer más la región y seguir haciendo ciencia”, advierte la profesora Villegas, quien alude a su ciudad natal, Pasto, con el orgullo de que, a pesar de ser de una región de provincia, es la única nariñense, y colombiana, graduada en Ingeniería Oceanológica, lo que le motiva un profundo interés por desarrollar nuevos modelos numéricos y métodos para “medirle la temperatura a los mares”.

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