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Cambio climático dejará a Colombia sin páramos y sin glaciares

En 2040 la nieve y los páramos pueden desaparecer por completo del territorio colombiano. El acelerado cambio climático que enfrenta el planeta ocasionaría que estos ecosistemas pierdan su capacidad de adaptarse, y por lo tanto podrían extinguirse.

Además, para finales de siglo se crearían las condiciones climáticas óptimas para que se formen desiertos, y habría un notable incremento de bosque tropical seco, que dejaría el territorio más expuesto a incendios en la cobertura vegetal.

El clima favorable para cultivos se reduciría dejando solo el 21 % del agua total del país para usos agrícolas. Para entonces lo habitual será que se presenten temperaturas más altas y poca lluvia.

Esto no es ciencia ficción. Son algunas de las conclusiones de la aplicación de un modelo matemático que permite cuantificar espacio-temporalmente los impactos que puede sufrir el país en futuros escenarios de cambio climático, los cuales se propusieron en el cuarto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), para 2011-2040 y 2071-2100.

El modelo creado se convierte en una herramienta de primera mano para quienes toman decisiones relacionadas con ordenamiento territorial, pues el evidente cambio climático exige replantear la actual normativa.

Al respecto, Juan Carlos Alarcón Hincapié, doctor en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (UN) y creador del modelo, precisa que “el país debe tener una estrategia de adaptación planificada que considere las limitaciones y potencialidades de cada región, máxime cuando cada vez se viven más de cerca –tanto en el campo como en las ciudades– las devastadoras consecuencias del cambio climático; por eso debemos hacernos menos vulnerables”.

El modelo relaciona variables climatológicas básicas como temperatura, precipitación y humedad relativa, entre otras, y permite observar cómo:

  • Cómo se alteraría la distribución normal de las lluvias
  • Cómo aumentarían las áreas susceptibles a deslizamientos e inundaciones
  • En qué zonas del país habría condiciones óptimas para la propagación de enfermedades como la malaria
  • Y cómo se afectaría la cantidad de agua disponible para usos agrícolas.

Así está el presente

Para la elaboración del modelo se tuvieron en cuenta las variables y el clima desde 1980 hasta 2010. Para esto, el doctor Alarcón tomó información de la base de datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), y la complementó con tecnologías satelitales como un sensor de lluvias para precisar datos de precipitación. Así obtuvo la definición espacial detallada de 900 m x 900 m para todo el territorio nacional.

Según datos del Ideam, han desaparecido algunos lagos andinos y lagunas; los casquetes polares se están perdiendo; los niveles del mar se han incrementado entre 0,3 y 0,4 mililitros por decenio; la precipitación está teniendo cambios, y en las zonas más cálidas –como los valles interandinos del Magdalena, la zona Caribe y el Cauca– la temperatura ha aumentado entre dos y cuatro grados centígrados.

La proyección elaborada por el modelo evidenció que en términos hídricos Colombia presenta una escorrentía (agua disponible para diferentes usos en una cuenca hidrográfica) promedio de 1.644 mm al año.

Por las condiciones climáticas del país, solo el 20 % del territorio presenta tierras aptas para cultivos, pero de estos suelos solo el 18 % tiene condiciones óptimas en términos de disponibilidad de agua.

Otro indicador es el índice de aridez, que determina la cantidad de agua disponible en el suelo; este tiene un promedio para el país de 0,23, lo que significa condiciones moderadas y excedentes de agua.

La península de La Guajira y el norte de los departamentos de Magdalena y Atlántico se identificaron como sectores con alto déficit de agua; esta zona comprende los límites de Cundinamarca y Tolima, y el sur del departamento de Norte de Santander.

El experto precisa que “cerca del 80 % de la población y sus actividades económicas están localizadas en cuencas con déficit natural de agua; además, alrededor del 9,5 % del territorio tiene alta susceptibilidad a deslizamientos de tierra, en especial el sector nororiental de la Sierra Nevada de Santa Marta, el sur de Bolívar, y el nororiente de Boyacá y Cundinamarca”.

Lo que viene

Después de comprobar que el modelo fue útil para analizar en detalle el clima actual, el doctor Alarcón modificó los datos utilizando dos escenarios del IPCC: en el optimista se presume que el país entrará en una conciencia ambiental y tendrá controles de natalidad para disminuir tanto la presión a los recursos naturales como la emisión de gases que se emiten a la atmósfera; y en el pesimista mantiene la tendencia actual con los mismos niveles de consumo y explotación de recursos.

En ambos escenarios el panorama es desalentador, pues en términos de vegetación el modelo sugiere que para mediados de siglo los páramos y las zonas nivales –donde se produce nieve– tienden a desaparecer por completo, lo que resulta preocupante ya que estos ecosistemas son fundamentales para la producción de agua.

El bosque tropical subhúmedo es la cobertura que se podría afectar en mayor proporción, con una pérdida del 11 % de su superficie original (cerca de 125.000 k2), área que se convertiría principalmente en bosque seco tropical.

La presencia de temperaturas altas y pocas lluvias favorecería la aparición de coberturas vegetales de ambientes áridos, como desiertos y matorrales desérticos, que para finales de siglo abarcarían un 6 % del país.

Las áreas óptimas para cultivos se reducirían casi en un 50 % con respecto a la superficie actual, y las zonas secas en suelos con vocación agrícola disminuirían drásticamente provocando un costo ambiental mayor para hacer productivos esos suelos.

Las áreas con un alto déficit de agua se incrementarían en la Costa Caribe, el Valle del Río Magdalena y la Orinoquia. El país tendería al aumento de zonas susceptibles a deslizamientos hasta del 7 %, y la malaria ascendería a un 44 %, sobre todo en los departamentos de Vichada, Amazonas, piedemonte caqueteño, Meta, occidente de Guainía, Urabá chocoano y antioqueño, y los valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena.

Adaptación y ordenamiento territorial

Hasta ahora el país no tenía un modelo como el diseñado, asociado con las condiciones físicas y geografías propias de su territorio, que además se puede replicar en otros lugares para analizar las condiciones de un municipio o vereda específica.

Para usarlo solo se debe suministrar la información del clima actual y futuro (obtenido de los escenarios de cambio climático) y el modelo arrojará una cartografía detallada del presente y la posible distribución espacial futura de los aspectos modelados, indicando dónde y cuándo se presentarán transformaciones ambientales.

Después de la investigación el doctor Alarcón mantiene su optimismo, por eso espera que esta herramienta y la información que puede brindar trascienda el ámbito académico y llegue a los gobernantes y a quienes toman decisiones relacionadas con el territorio con el fin de proponer e incorporar acciones en la planificación de largo plazo (gestión ambiental, manejo de cuencas, gestión de riesgos de desastres, entre otras), orientada en un ordenamiento del territorio para fortalecer dichas acciones con miras a una adaptación ante los cambios que se prevén.

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