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Calidad en la educación superior: del COVID-19 al “aprendizaje combinado”

No obstante, analizando de manera crítica el Objetivo 42 de los ODS sobre el acceso a la educación de calidad, se hace necesario reflexionar acerca del concepto de “calidad” y sus distintas connotaciones, lo cual sugiere abordar el fenómeno de la educación de manera integral (holística), es decir a través de una perspectiva que contemple las diversas interdependencias desde una mirada compleja y dinámica.
 

La educación es, entonces, un paradigma de lo complejo, “porque involucra y procede de seres complejos, de una sociedad igualmente compleja que justifica su existencia como parte de un sistema complejo”3.
 

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Cabe mencionar que en el contexto educativo el término “calidad” tiene varias interpretaciones, y además depende del esquema explicativo desde el cual se analice. Por ejemplo, si el punto de partida hace referencia al sistema educativo, de acuerdo con el académico Luis Alberto Pérez Bonfante, la calidad se entiende como las normas y los requisitos preestablecidos: calificación del personal académico, infraestructura, eficiencia de los recursos, entre otros.
 

Por otro lado, un estudio hecho por el profesor Nelson López en 2007, señala que existen tres percepciones de la calidad en la educación: primero, la calidad como producción de conocimiento; segundo, la calidad como eficiencia interna del sistema; y tercero, la calidad entendida como el mejoramiento en la calidad de vida.
 

Sin embargo, en Colombia –y en el mundo en general– esta se ha reducido prácticamente a la clasificación o medición internacional mediante diversas metodologías. El país ha incursionado en esa práctica de clasificación, la cual impera desde 1992 con la Ley 30, en la cual se establece la creación de entes especializados como el Consejo Nacional de Acreditación (CNA), encargado de la acreditación de los programas académicos y de las instituciones de educación superior (IES), “permitiendo la elaboración de escalafones, que el Gobierno nacional toma para el diseño de programas de cobertura y financiamiento de la educación superior”4.
 

Por lo tanto, se ha comprendido a la educación como un modelo dedicado a estandarizar criterios con el fin de medirse cuantitativamente. Esto ha significado que la educación ya no se asume como proyecto de vida, sino por el contrario, como un proceso productivo, que genera permanentemente los engranajes funcionales para la estructura de nuestra sociedad contemporánea. En búsqueda de resultados que constituyan progreso se sacrificó necesariamente el ethos social5.
 

Frente a ese problema, la Escuela de Pensamiento en Complejidad de la Universidad de La Salle se plantea una pregunta muy provocadora: “¿acaso una educación de calidad no depende de una buena salud y bienestar de los individuos y sus familias, de que padezcan hambre cero y hagan parte de aquellos que usufructúan de una era de fin de la pobreza?”6. Sumado a ello, dada la actual coyuntura de crisis económica y social por cuenta de la pandemia del COVID-19, y los desafíos adicionales que se han impuesto, en el debate público se vislumbran con mayor vigor varios de los problemas estructurales de la educación en Colombia, entre ellos la calidad en un contexto de virtualidad, particularmente en lo relativo al uso de las TIC como estrategia en los procesos de enseñanza y aprendizaje en el principal propósito de la educación: la formación, como aquella función misional predominante sobre la investigación y la extensión.
 

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Más allá de las circunstancias que esta pandemia ha impuesto y que ha obligado a un intensivo uso de las TIC para un aprendizaje remoto sincrónico7, lo cierto es que aparentemente el retorno normal a las aulas no parece ser el horizonte más probable, y que esta modalidad del uso de herramientas digitales en los procesos de aprendizaje llegó para quedarse: “la inclusión de la tecnología en la impartición de clases se está volviendo la norma”8.
 

Con el desarrollo de los nuevos dispositivos ya no solo se habla del e-learning, sino que también se nombra al mobile-learning. Esta situación y las expectativas que ella genera han puesto sobre la mesa la discusión sobre el impacto que puede tener el uso de estas herramientas en la calidad de la educación.
 

Así como las reflexiones sobre la calidad de la educación presencial han sido objeto de diferentes enfoques e interpretaciones, como se señaló antes, las condiciones de la calidad bajo la modalidad en línea –trátese de las formas sincrónicas o asincrónicas (educación virtual y a distancia)– también han suscitado , una amplia controversia por parte de los expertos.
 

Desde los aspectos de las condiciones de la infraestructura, la eficiencia del manejo y usos de los recursos y la eficacia del aprendizaje, pasando por las habilidades pedagógicas hasta las materias relacionadas con el desarrollo del pensamiento crítico y el aprendizaje autónomo del estudiante, han merecido la atención para evaluar las ventajas y desventajas que esta modalidad pueda conllevar.
 

Guardadas las proporciones los requisitos de calidad que impone el uso de las nuevas tecnologías guardan relación con las exigencias de la misma educación presencial. Una inadecuada o limitada infraestructura, en este caso, en materia de conectividad, puede sin duda comprometer las condiciones mismas de la enseñanza basada en el uso de las TIC. La habilidad del uso de estas herramientas por parte del personal docente, podría ser equivalente al buen manejo del pizarrón o de otras ayudas, pero además a las prácticas pedagógicas utilizadas; pero como efectivamente se trata de un instrumental distinto, la capacitación a los docentes en el uso de estas tecnologías se hace indispensable.
 

Sin duda esto está relacionado con la curva de aprendizaje tanto de docentes como de estudiantes en el manejo de estas tecnologías9, así como de la calidad de los contenidos, que requieren una adecuada integración con la tecnología y las prácticas pedagógicas. 

Las nuevas modalidades de enseñanza-aprendizaje han generado desde la visión más pesimista sobre su uso en defensa de las formas tradicionales de enseñanza dentro del aula de clase como el terreno por excelencia de la relación docente-estudiante, hasta las más entusiastas que verían en la virtualidad la panacea de la educación tanto por su capacidad de cobertura como por la variedad de opciones que ofrece. Sin duda, más allá de los contenidos y las formas pedagógicas, muchos analistas señalan la importancia no solo de la relación cara a cara entre estudiantes y profesores, sino el mismo aprendizaje entre pares que supone la presencialidad, no solo en aspectos académicos como en las dinámicas sociales mismas.
 

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Por ello, ante el reconocimiento de que las TIC llegaron para quedarse, ha venido ganando terreno la idea del aprendizaje combinado (blended learning), que utiliza a la vez tanto las herramientas del aula de clase física como las aulas virtuales.
 

Las mismas actividades virtuales se han vuelto más físicas. Las nuevas tecnologías permiten interactuar más allá del espacio físico y ampliar las fronteras del trabajo colaborativo no solo entre estudiantes sino también entre los pares académicos de los docentes.
 

Dichas tecnologías también cambian la misma relación docente-estudiante, pasando del “sabio en el escenario” al de “guía acompañante”, toda vez que ya el docente no posee el monopolio de la información. Y aquí, el papel del docente es fundamental para el desarrollo de un pensamiento crítico y para estimular el aprendizaje autónomo del estudiante. Finalmente cabe mencionar las potencialidades que ofrece la tecnología misma, el blockchain, las simulaciones por computador, la realidad virtual, la realidad ampliada y la inteligencia artificial entre otros, como entornos de aprendizaje que permiten precisamente el intercambio de conocimiento casi sin fronteras, facilitar el trabajo colaborativo y un seguimiento casi que personalizado del estudiante que posibilita aprehender de sus fortalezas y dificultades y “adaptar el proceso de aprendizaje para acomodarse a los estilos de aprendizaje individual de los estudiantes”10.
 

El mayor reto para los países en vías de desarrollo como el nuestro, lo constituye la brecha digital que tiene diferentes expresiones, las desigualdades en accesibilidad de una buena parte de la población colombiana, en particular de los sectores más vulnerables socialmente, el “analfabetismo” digital de un buen número de docentes que esgrimen diferentes razones para su actualización: falta de tiempo, falta de apoyo, problemas de accesibilidad, o ausencia de destrezas11, el rezago tecnológico y, en consecuencia, los requerimientos de mayor inversión en ciencia y tecnología en el país.

 


1 “Cada objetivo de la Agenda 2030 necesita de la educación para dotar a todas las personas de los conocimientos, las competencias y los valores necesarios que le permitirán vivir con dignidad, construir sus propias vidas y contribuir a las sociedades en que viven” (Unesco, 2020).

2 Objetivo 4: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. El objetivo se propone 7 metas y 3 medios de implementación.

3 Reyes, Díaz, Dueñas y Bernal. (2016) ¿Educación de calidad o calidad de la educación? Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el camino para el desarrollo humano. Revista de la Universidad de La Salle, 71, 258.

4 Pérez Bonfante, L. A. (2019). Análisis de la calidad de la educación superior de Colombia. Criterio Libre, 17(31), 194.

5 Araneda, A. (2016). Genealogía de la construcción de un concepto de calidad aplicado para la educación. Revista Educación - Comando de Educación y Doctrina (43), 10-21.

6 Reyes, Díaz, Dueñas y Bernal, op cit.

7 Janssen, Luna (2020). How COVID-19 exposed challenges for technology in education. https://www.gstic.org/inspiration/how-covid-19-has-exposed-the-challenges-for-technology-in-education/

8 Kim, Andrew. (S. F.). How Technology Is Changing Education. Steelcase WorkSpace Futures. https://www.steelcase.com/research/articles/topics/technology/how-technology-is-changing-education/

9 Bryant, Jak; Child, Felipe; Dorn, Emma (2020). New global data reveal education technology’s impact on learning. Junio 12, https://www.mckinsey.com/industries/public-and-social-sector/our-insights/new-global-data-reveal-education-technologys-impact-on-learning#

10 Janssen, Luna,  2020.

11 Raja, R. y Nagasubramani, P.C. (2018). Impact of modern technology in education. Journal of Applied and Advanced Research, 3(Suppl. 1) S33-S35.

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