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    Brasil y China: lo que quieren que seamos y lo que queremos ser

Ninguna discusión rigurosa sobre la economía mundial puede ignorar hoy la importancia de China, que atraviesa temas como las finanzas, la tecnología, la moneda, el poder bélico e incluso la cultura.

En consecuencia, el análisis juicioso de cualquier economía nacional tampoco puede ignorar la economía china y sus efectos directos e indirectos sobre el país en cuestión. Para países periféricos esta necesidad es aún mayor, ya que sus economías son históricamente sensibles a los movimientos de la economía mundial.

¿Pero cuáles son los principales impactos de la economía china sobre Brasil que pueden dar alguna luz sobre las demás economías latinoamericanas?

En primer lugar es importante señalar que desde hace décadas el Gobierno chino ha mostrado una impresionante capacidad de planificar a largo plazo, basada en su gran claridad respecto a las metas a seguir, la cual también aparece en la relación de China con Brasil. Desde el punto de vista geopolítico, su principal interés en relación con este país es el apoyo para estructurar el “nuevo orden internacional” que pasa por las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS).

¿Pero cuáles son los principales impactos de la economía china sobre Brasil que pueden dar alguna luz sobre las demás economías latinoamericanas?

Desde el punto de vista económico, los objetivos chinos en Brasil son primordialmente:

  • En lo referente al comercio, abastecerse de materias primas(commodities) agrícolas y minerales y acceder al mercado interno brasileño para vender bienes industriales, en principio de consumo de baja tecnología, pero progresivamente de más alta tecnología y de capital.
  • Respecto a las inversiones chinas en Brasil, la adquisición de empresas del sector energético y otras potencialmente compradoras de bienes intermediarios y de capital chinos, el acceso a tierras y yacimientos minerales y la mejora de la infraestructura (principalmente de transportes) para el flujo de las commodities.

Estos dos vectores originarios de los efectos de la economía china sobre la brasileña determinan ciertos canales macroeconómicos de transmisión de esos impactos sobre el conjunto de la economía del país latinoamericano –principalmente mediante los precios macroeconómicos– y sobre la dinámica de la demanda agregada.

Sobre los precios macroeconómicos, el principal efecto es una tendencia a la caída del tipo de cambio (es decir, la apreciación de la moneda local), debido al auge de commodities y a la consiguiente abundancia de dólares que entran al país.

Los cambios en la estructura productiva plantean una mayor susceptibilidad de la economía brasileña a los movimientos de la economía global.

En cuanto a la demanda agregada, existe un estímulo inicial sobre el consumo, incluso por un aumento de los salarios reales derivados de esta caída en la tasa de cambio, pero con un efecto negativo a mediano plazo sobre las inversiones industriales, dada la creciente sustitución de la producción local por importaciones de bienes chinos manufacturados.

Por lo tanto, por las vías del comercio y de las inversiones (efectos directos), pero también por los canales macroeconómicos de transmisión (efectos indirectos), el resultado estructural de esa relación económica con China, con sus características de hoy, es la profundización de la especialización productiva en Brasil.

Por último, es crucial evaluar los impactos sobre la vulnerabilidad externa de Brasil. Por un lado, es claro el protagonismo de China en la configuración de las condiciones internacionales que permitieron la masiva acumulación de reservas internacionales en el país que, en principio, reduce su vulnerabilidad externa. Por otro lado, los cambios en la estructura productiva plantean una mayor susceptibilidad de la economía brasileña a los movimientos de la economía global.

Como muestra la historia, las economías asentadas en commodities se vuelven excesivamente dependientes de sus precios –que son muy volátiles–, y la fragilidad de la estructura industrial tiende a resultar en repetidos momentos de restricción externa. Por lo tanto nada nuevo en la historia del país, pero sí una preocupación que fue descuidada en el periodo del auge de las commodities y la euforia económica.

Estos efectos derivados de la actual articulación económica de Brasil con China se pueden representar en el siguiente esquema:

Para China, y en realidad para la mayoría de los agentes económicos internacionales, el papel de Brasil en la División Internacional del Trabajo (DIT), presentado antes, es muy claro y se viene realizando. Pero no tiene el menor sentido responsabilizar a China por los efectos de su economía sobre la estructura productiva brasileña, pues estos reflejan la forma como Brasil se inserta en la economía global y su incapacidad histórica de alterar su posición en la DIT.

De hecho esos “efectos China” solo potencian aquello que ya estaba inscrito tanto en el proceso de mundialización erigido sobre una estructura centro-periferia como en las reformas liberales iniciadas en 1990, e incluso en la estrategia del pensamiento económico liberal, que defiende el aprovechamiento de las “ventajas comparativas”. Sin embargo dichas ventajas chinas fueron –y van siendo– construidas por una estrategia gubernamental exitosa, mientras que Brasil optó por otra trayectoria, mirando menos al largo plazo y más al corto plazo.

En los gobiernos Luiz Inácio Lula da Silva –de forma bien tímida– y de Dilma Rousseff –de manera más explícita– hubo algunos esfuerzos por fortalecer el sector industrial, pero resultaron totalmente insuficientes ante el cuadro internacional contemporáneo y el arreglo macroeconómico vigente, lo que resultó en el proceso de la fragilización del sector y la regresión productiva.

Dichas ventajas chinas fueron –y van siendo– construidas por una estrategia gubernamental exitosa, mientras que Brasil optó por otra trayectoria, mirando menos al largo plazo y más al corto plazo.

Ahora, con el gobierno de Michel Temer, que no presenta ningún tipo de prioridad en cuanto a las características de la estructura productiva brasileña y defiende que el país explote las complementariedades con la economía china (es decir que asuma fielmente su papel en la DIT), el proceso de regresión productiva está siendo aún más intenso. Al final, tratar con esta compleja situación dentro de marcos liberales, sin un mínimo de coordinación estatal, significa profundizar inequívocamente un proceso que va siendo cada vez más difícil de revertir.

Antes de la clásica reflexión sobre lo que somos y lo que podríamos ser, es necesaria la discusión sobre lo que quieren que seamos y lo que queremos ser.

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