Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Biodiversidad de Colombia se agotaría en 280 años

Las recientes declaraciones de María Claudia García, viceministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, han puesto el tema de la deforestación en un punto álgido. Ella ha afirmado que la meta del Gobierno es mantener en 220.000 hectáreas (ha) la cifra de deforestación anual hasta 2022. 

Varias ONG, ambientalistas y académicos han afirmado que se trata de una meta poco visionaria, pues representaría la pérdida de unas 800.000 ha desforestadas en cuatro años, lo cual afectaría dramáticamente el patrimonio de biodiversidad del país. Así, se estarían dando las primeras puntadas para que se acepte como irremediable la desaparición en Colombia de bosques, selvas, matorrales, frailejonales, pajonales y numerosos tipos de vegetación, cuya extinción o transformación profunda quedan incluidas en el alcance del término “deforestación”.

Desde hace más de dos décadas, junto con otros colegas hemos  caracterizado la vegetación en todo el territorio de Colombia, señalando varias acciones que podrían servir en la delineación de la estrategia o cruzada para salvar lo que queda de la cobertura vegetal.

Las estimaciones realizadas en 2010 por el Grupo Biodiversidad y Conservación, de la Universidad Nacional de Colombia (UN), sobre los remanentes de la cobertura vegetal original en Colombia, arrojaron la cifra de 787.163 km2 (78.716.300 ha). Por diferentes procesos adelantados por el hombre se habían perdido definitivamente 354.605 km2, es decir el 31 % de la cobertura original de la vegetación del país, con lo cual nuestro capital natural (bosques, selvas y otra vegetación) quedaba en 79 millones de hectáreas.

El proceso de deforestación está directamente relacionado con los actores y las herramientas. Hasta 1960, los totales estimados por varios investigadores variaban entre 6 y 29 millones de hectáreas, por la agricultura, los asentamientos (machete y hacha) y la minería artesanal. Entre 1960 y 2004, con el uso de herramientas más elaboradas (motosierras, maquinaria de alto impacto), fluctuaron entre 20 y 35 millones de hectáreas. En los últimos quince años la irrupción de la minería a gran escala con supermáquinas aumentó tanto la superficie afectada como la tasa de deforestación.

La pérdida de cobertura vegetal ha tenido tanto periodos críticos como agentes. Por ejemplo, entre 1920 y 1960 con las concesiones forestales; entre 1960 y 2000 con el auge de los cultivos ilícitos, y en los últimos quince años con la minería a gran escala y el nuevo auge de ilícitos. Hasta 2010, las tasas de deforestación estimadas por los investigadores variaron entre 400.000 y 500.000 ha por año; se trata de cifras muy alejadas de los montos promedio reconocidos por las entidades gubernamentales.

El 16 de diciembre de 1959 se promulgó la Ley 2, o Ley Forestal, en cuyos enunciados se constituyeron como reserva forestal 51.376.621 hectáreas en siete grandes áreas geográficas (ver mapa). Se puede afirma que la promulgación de esa ley y su permanencia hasta hoy se han constituido en la “tabla de salvación” de la vegetación nativa de Colombia. Si no hubiese sido así, prácticamente el capital natural (biodiversidad) del país ya se habría extinguido; sería una isla de parches de vegetación natural (existirían solo en el sistema nacional de áreas protegidas) y una matriz de pastizales y de terreno erosionado a su alrededor.

Las tasas anuales de deforestación

Durante la última década los ejercicios gubernamentales se han limitado a anunciar cifras sin un fundamento académico robusto, confiable y cercano a la realidad del territorio y de su vegetación.

Entre las escasas investigaciones con sustento científico en Colombia figuran las relacionadas con el proceso de deforestación entre 1959 y 2004 en áreas del Magdalena Medio, cuyos estimativos situaron la tasa anual de deforestación en 81.000 ha. En Caquetá, los trabajos de investigadores de la Universidad Javeriana arrojaron una tasa anual entre 25.000 y 40.000 ha.

La superficie inicial considerada en la Ley 2 de 1959 fue de 51.376.621 ha; el área que se ha sustraído por diferentes concesiones y autorizaciones es cercana a los 2 millones de hectáreas, lo que significa una tasa anual de deforestación de 40.000 hectáreas, y eso que se trata de una “área de reserva amparada por la ley”. Estas consideraciones y los trabajos en diferentes regiones naturales de Colombia constituyen un interrogante válido sobre la viabilidad ambiental del país si siguen el alcance de afectación (superficie) y la tasa de deforestación. De las 79 millones de hectáreas con vegetación original, las reservas naturales que por ley deben ser de conservación a perpetuidad (intangibles) abarcan 13 millones de hectáreas, por lo cual la superficie susceptible de destrucción y transformación (¿incorporación al desarrollo?) sería de 66 millones de hectáreas.

Las cifras presentadas por los investigadores Do-Hyung Kim, Joseph Sexton y John Townshend en la revista Geophysical Research Letters sitúan el área deforestada y la tasa promedio de deforestación anual para Colombia, así: entre 1900 y 2000, en 1.300.000 ha y 130.000 ha/año, y entre 2000 y 2010 en 363.000 ha/año, con lo cual en el periodo 1990-2010 la tasa promedio anual de deforestación fue de 246.500 ha. De seguir esta tendencia, en 283 o 192 años se agotaría el capital natural del país; pero si se tiene en cuenta el caso más extremo de una tasa de deforestación de 450.000 ha/año, como la estimada por los grupos colombianos de investigación, esto sucedería en 147 años.

Si estas cifras se comparan con los promedios para los mismos periodos en Brasil (superficie deforestada 45.340.000 ha y 2.267.000 ha/año) y en áreas tropicales de América Latina (65.240.000 ha y 3.262.000 ha/año), se podría pensar que Colombia no está tan mal, lo que les daría argumentos a la viceministra de Ambiente y Desarrollo y a otros expertos que admiten como cifras “no preocupantes” una pérdida anual de entre 100.000 y 220.000 ha de vegetación natural.

La tragedia de las cifras oficiales en Colombia

En el país ha imperado la consideración de que “quien tiene o representa el poder, siempre tiene la razón”. En el caso de la biodiversidad hay cierta excepción a esta “norma”, ya que el conocimiento científico –que incluye la parte básica de los inventarios de la variedad y riqueza de nuestros bosques y selvas– ha sido adelantado por grupos de investigación universitarios; sin embargo, paradójicamente, sus contribuciones y su conocimiento generado rara vez se tiene en cuenta en la planeación del manejo del territorio y de las expresiones de la biodiversidad.

En relación con los estimativos sobre deforestación, las entidades gubernamentales no tienen en cuenta una de las causas de mayor impacto, que es el consumo de madera y con ello la desaparición del bosque nativo.

Suplir la demanda de madera del país significa el uso y la extinción de cerca de 128.000 ha/año de bosque nativo. Los programas de reforestación nunca han alcanzado las metas propuestas, ante lo cual, para cumplir con las demandas de madera, se acude a estos ecosistemas.

La incorporación de nuevas tierras en las cadenas de producción no se ha controlado a pesar de que existen tanto los Planes como los Esquemas de Ordenamiento Territorial, en los cuales necesariamente debieron quedar consignados los usos probables del territorio, enunciados que en el plano teórico deben ser controlados por las corporaciones regionales. Aunque en los últimos años la fase de monitoreo de superficie sembrada con cultivos ilícitos arroja cifras alarmantes en el aumento del área sembrada, es importante reiterar que el control no se puede traducir en daños colaterales severos.

Cada año el Gobierno, a través de entidades del Ministerio de Ambiente y Desarrollo, comunica la cifra de deforestación. En 2012 fue de 310.349 ha; en 2013, de manera increíble, anunció que era de 120.933 ha, y hace una semana indicó que en 2018 fue de 220.000 ha.

En las cifras “oficiales” se ha vuelto recurrente citar como áreas “calientes” de deforestación a:

  • Amazonia,
  • Pacífico,
  • Orinoquia y
  • algunas zonas de la Región Andina.

Pero si se comparan los mapas publicados en los medios de comunicación con los elaborados por expertos desde hace un par de décadas, se constata que las áreas de deforestación siguen siendo las mismas; es decir, ¿cómo se incorporaron en los cálculos actuales de deforestaciones zonas que ya fueron estimadas hace años? Por ejemplo en la Amazonia se sigue contabilizando todo el frente de deforestación del Napo (Putumayo), conocido hace más de veinte años con punto de inicio en localidades de Ecuador que se ha extendido hacia Colombia.

Lo mismo sucede con el frente de deforestación del Caquetá, que incluye áreas en las cuales en 2000 se impulsaron zonas de manejo especial con la guerrilla y cuyos registros fotográficos mostraban extensos pastizales y áreas desprovistas de bosques. En la Orinoquia siempre aparecen localidades de la serranía La Macarena y ahora localidades del sur en límites con la Amazonia; en el Caribe áreas de la Sierra Nevada de Santa Marta y de la serranía de Perijá. También es frecuente que se añadan sectores de los macizos montañosos en Córdoba, zona limítrofe con Antioquia.

Es importante recordar que para validar las cifras sobre el alcance (área) y la velocidad de la deforestación es fundamental contar con el punto de inicio (cartografía temática). Las manifestaciones de alarma no benefician la iniciativa que debemos tener los colombianos de proteger el capital natural “biodiversidad”, en el país más rico del mundo.

¿Es posible una estrategia?

Desde que era estudiante de Biología, hace varias décadas, escuchaba de investigadores como Jorge Hernández Camacho “el mono Hernández”, Thommas van der Hammen (mi profesor) y del gran geógrafo y profesor de nuestra universidad, Ernesto Gul, que sin los mapas y la cartografía temática cualquier discusión sobre riqueza, diversidad y distribución de los bosques en Colombia se quedaría simplemente en exposición de puntos de vista y especulaciones sin argumentos.

Por eso es inconcebible que en Colombia no exista un mapa o una construcción cartográfica de bosques, de selvas, de pajonales, de frailejonales, etc. que permita conocer en detalle la distribución, el estado actual de conservación, las posibilidades de perpetuación y, porque no, de uso sostenible en casos bien consolidados y argumentados.

Los mapas y aproximaciones cartográficas permitirán saber no solo el área real de distribución, la conformación según especies características y dominantes de los diferentes ensambles, sino que también ayudarán a responder la pregunta sobre las posibilidades de uso sostenido de algunas de estas formaciones vegetales sobre las cuales el conocimiento científico así lo recomiende.

Es indispensable trazar la línea roja que permita conocer y proteger el remanente de lo que fue la cobertura vegetal. Con un inventario forestal verdadero, y con los mapas de distribución de los numerosos y variados tipos de vegetación en el territorio, producto de un enfoque científicamente comprobado, se tendrán los referentes apropiados para darle validez y confiabilidad a los estimativos. Será además la fuente básica o el instrumento de referencia para todo lo relacionado con conservación, protección (declaración de nuevas áreas) y utilización sostenible de la biodiversidad y del territorio colombiano.

Las cifras gubernamentales sobre la deforestación reciben una categórica calificación de “débiles”, por lo cual cabe preguntarse: ¿será que en algún momento habrá plena conciencia para impartir la directiva de que entre todos aunemos los esfuerzos y logremos un mapa de la vegetación actual de Colombia, con estadísticas que constituyan la fuente apropiada, real y confiable para trazar las políticas para su protección, manejo y uso sostenible?

Relacionados

729,2121,27

Mirlas, alcaravanes, mariposas de diferentes especies y cigarras, entre otros animales, fueron hallados en el campus de la Universidad Nacional de...

Los apartes del Plan Nacional de Desarrollo que impulsan esta iniciativa fueron aprobados por la Cámara de Representantes y solo se está a la espera...

Tras conocerse los resultados del mayor informe sobre biodiversidad en el mundo realizado hasta la fecha, la ONU ha advertido que alrededor de 1...

Al asumir la Presidencia, el representante del Partido Social Liberal, calificado como un líder político de extrema derecha, crecen las expectativas...

En ambientes oceánicos del Caribe rastrean individuos con información genética similar para garantizar la sostenibilidad de esta vegetación, base de...

Consejo Editorial