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Barreras de coral y manglares protegen de huracanes y tsunamis

Los manglares y arrecifes coralinos son reconocidos por su importancia para el desarrollo de proyectos sostenibles, la adaptación al cambio climático, la atenuación de la fuerza del oleaje y la disminución del riesgo frente a eventos extremos como los tsunamis.
 

Después del super ciclón Amphan que golpeó a India y Bangladesh en 1999, o del tsunami ocurrido en Sri Lanka, India, Tailandia e Indonesia en 2004, sólo las poblaciones que conservaron los manglares en la línea de costa sufrieron menores pérdidas tanto de vidas humanas como de infraestructura.


En el caso de los huracanes Eta e Iota que pasaron recientemente por San Andrés, alcanzamos a medir vientos de hasta 39 nudos (72 km/h); sin embargo, gracias a solo un árbol de mangle evidenciamos cómo la velocidad del viento se redujo a 6 nudos (11 km/h), confirmando de nuevo su gran servicio de protección a viviendas e infraestructura, incluso en condiciones de huracanes de categorías 1 a 3.

 

Otra función de estos ecosistemas –considerados los más antiguos de la Tierra– es ofrecer refugio para la biodiversidad. Por ejemplo, la investigación “Evaluación de servicios ecosistémicos asociados con el ecosistema de manglar en bosques con régimen hídrico contrastante en una Isla oceánica de la Reserva de Biósfera Seaflower”, financiada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), mostró en Old Point Regional Park una alta presencia de especies marinas herbívoras como el pez loro, sobre todo en sus fases juveniles.
 

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Varios estudios adelantados por la UNAL Sede Caribe en las expediciones Seaflower (Isla Cayos de Serranilla, Isla Cayos de Alburquerque e Isla de Providencia y Santa Catalina) han servido para determinar que la barrera arrecifal cumple un importante papel en la protección de las costas en el territorio insular. De hecho, puede incluso disminuir hasta en un 95 % la altura de las olas que generalmente vienen del este del mar Caribe y que en periodos de fuerte oleaje y vientos han sido de hasta 5 m de altura en la parte externa de la barrera. Gracias a ella –concretamente a factores como el asomeramiento y la fricción generada en el fondo–, las olas se rompen y pierden fuerza (pueden pasar de 5 m a 50 cm).
 

Así mismo, dentro del proyecto de investigación “Relaciones entre la complejidad de los arrecifes de coral y los servicios de los ecosistemas en las islas oceánicas del Caribe, Reserva de la Biosfera Seaflower” se han realizado muestreos –mediante buceo autónomo y captura de imágenes aéreas obtenidas con drones– que han permitido determinar algunas condiciones de deterioro de las barreras naturales, relacionadas con la erosión, lo cual también afecta no solo la vida marina sino también el bienestar y la economía de las comunidades.

Es el caso del sector de Sound Bayen San Andrés, donde algunos hoteles y viviendas han perdido casi totalmente la playa; además, la carretera ha permanecido hundida y fragmentada, desconectando este sector sur con el resto de la Isla por la vía principal. El panorama de hoy dista mucho de lo que recuerdan los isleños, quienes narran que estas playas eran tan extensas que hasta se podía jugar softball.
 

La pérdida de coberturas en general de corales estructurantes, además de la reducción considerable de acropóridos, causan la disminución acelerada de la altura de las barreras coralinas y de su complejidad estructural, reflejado en un “aplanamiento” del fondo marino descrito también en otras áreas del Caribe por investigadores de México, Estados Unidos y Australia. Dicha situación incrementa la cantidad de energía que llega a las costas en forma de olas y corrientes, y acelera la erosión.

Por eso las investigaciones adelantadas desde la UNAL Sede Caribe se enfocan en registrar la complejidad estructural de los arrecifes en las barreras de coral, con el fin de contribuir a formular estrategias de manejo y  soluciones basadas en la naturaleza, a través de las cuales se pueda aprovechar e incrementar los servicios ecosistémicos como la protección costera que aportan los arrecifes coralinos.
 

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Para esto se emplean técnicas tradicionales y nuevas metodologías digitales como la fotogrametría para reconstruir la estructura 3D del arrecife y poder estudiar aún más a fondo su relación con diversas funciones de estos ecosistemas. Lo anterior con el apoyo de investigadores en Australia, gracias a la beca de intercambio doctoral de la Australian Academy of Science que permitió, entre otras actividades, realizar una estancia en instituciones de investigación marina en dicho país, que posee la barrera coralina más grande del planeta, lo cual nos conecta aún más con dicho país a pesar de estar al otro lado del mundo, ya que en el Archipiélago –declarado Reserva de Biosfera “Seaflower” por la Unesco–poseemos el tercer complejo de barreras coralinas más extenso del planeta Tierra.
 

Así mismo, mediante buceo autónomo hemos encontrado que en arrecifes más sanos, con mayor complejidad estructural, hay más peces en cuanto a abundancia, biomasa e incluso biodiversidad, destacando la importancia de estos ecosistemas no solo para la protección costera sino también para la seguridad alimentaria en las islas, que se convierten en “granjas naturales” clave para la producción natural y autóctona de proteína de alto valor nutricional en el Archipiélago, aspecto de gran importancia para la seguridad alimentaria en islas donde se importa más del 90 % de los alimentos.
 

El caso de la pandemia


Pese a la cuarentena y demás medidas impuestas por la pandemia de COVID-19 que afectaron el turismo –principal generador de ingresos económicos en la isla–, gracias estas granjas naturales –como podría llamarse a los arrecifes de coral, a los manglares y a los pastos marinos– varias las familias han podido solventar las necesidades de alimentación a través de la pesca.

Lo que sigue en investigación es continuar con la valoración económica ambiental para traducir los beneficios de los servicios ecosistémicos en términos económicos, y así hacer más visible su importancia, aportar argumentos para entender la rentabilidad de invertir en soluciones basadas en la naturaleza a través de la conservación, la rehabilitación y el fortalecimiento de los arrecifes coralinos y manglares del Archipiélago, lo cual permitirá mejorar la seguridad alimentaria, la economía relacionada con el turismo de sol, playa o buceo, la protección de las costas y la vida humana en las islas.
 

Conoce el especial “Voces y lecciones desde el Archipiélago”.
 

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