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Aleteo abre la puerta al tráfico en la pesca de tiburones

El aleteo se define como la pesca de los tiburones para quitarles las aletas, que se venden en el mercado negro a un precio muy alto; quienes lo hacen generalmente botan la carne porque no es muy común que se coma. Esta práctica no es nueva en el país, pues desde 2015 cada año se publica la misma Resolución con algunas diferencias en la cuota máxima.

 

Según esta, el tiburón permitido para la pesca y recolección de aletas es el Carcharhinus falciformis, o sedoso, que es muy común encontrarlo en la Isla de Malpelo, en el Pacífico colombiano. En Colombia existen al menos 140 especies, de las cuales cinco se encuentran amenazadas, entre ellas el sedoso.

 

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Lo sucedido a partir de la Resolución abrió una puerta no solo a la desinformación para los colombianos, que al ver esta noticia protestaron en redes sociales, sino también para reflexionar sobre lo que se viene haciendo y que claramente no se encuentra dentro de la misma firmada por el ministro de Agricultura, Andrés Valencia.

 

Por ejemplo, cuando se habla de la cuota de pesca, se atribuye una porción de animales a los pescadores de una especie, y esto incluye que esta se debe identificar; sin embargo esto no es posible porque las estadísticas colombianas de pesca son rudimentarias y precarias.

 

En un contexto más claro, el tiburón sedoso –y cualquier especie– se puede identificar por medio de un análisis molecular, cuyo costo rodea los 100 dólares (aproximadamente unos 296.000 pesos). Si alguien muestra una aleta de tiburón y dice que puede identificar a qué especie pertenece solo con verlo, está mintiendo.

 

Los vacíos y las inconsistencias

 

La Resolución está llena de inconsistencias desde el punto de vista técnico, pues pone un límite que se debe verificar. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés)), el tiburón sedoso es vulnerable en todo el mundo; sus escalas de amenazas se encuentran divididas en cuatro peldaños: vulnerable, en peligro, crítico y extinto.

 

Si bien en Colombia el mismo Ministerio del Medio Ambiente clasificó la especie como “vulnerable” en 2017, con este nivel de pesca esta clasificación puede cambiar.

 

Si se leen las estadísticas del MinAgricultura, el 5 % de la pesca marina viene del Caribe colombiano, es decir que se espera que el 95 % restante provenga del Pacífico. En el primero hay mayor diversidad de especies, y en el segundo hay más biomasa, es decir más cantidad.


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En esta Resolución se firmó que el Caribe sería responsable de la pesca de 125 toneladas y el Pacífico de 350, para un total de 475; es decir que el 25 % de todo corresponde a una zona donde no hay suficiente especie, y entonces cabe hacer la pregunta: ¿cómo se comprometen quienes pescan? A esto se le puede sumar que las aletas no se consumen en Colombia, solo se comercializan en el mercado negro.

 

Haciendo un ejercicio sencillo, si cada tiburón sedoso pesa alrededor de 100 kg, y si el máximo permitido de pesca es de 5,2 toneladas de aletas, entonces se está permitiendo la captura de más de 1.000 ejemplares, a pesar de ser una especie vulnerable.

¿Quién controla estas pescas? Esto sin duda abre la puerta a la manipulación; es como autorizar la comercialización legal de cocaína y se fija un monto, pero puede salir del país más de lo permitido.

 

Además, como no hay forma de identificar al tiburón, se puede agregar otra especie, la conocida como cornuda coronada (Sphyrna corona), un tiburón pequeño pues mide menos de 1 m, mientras el sedoso puede medir hasta 3 m. Si la cuota de pesca de 2,1 toneladas se aplica en esta especie, cambiaría inmediatamente la clasificación que actualmente es “casi amenazada”, pues para cumplirla se deberían capturar por lo menos 4.200 ejemplares.



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¿Por qué establecer una cuota si esta solo se puede comercializar? Algunos lo verán como un buen negocio, y en vez de reportar 5,2 toneladas harán más. Pueden buscar culpables y señalar a los pescadores, pero si existe un tope máximo seguramente cuando se vea a un tiburón tendrán la potestad de cortar las aletas para beneficio propio, así sea de pesca incidental, es decir, que “cae” dentro de esta sin buscarla.

 

Contradictoriamente, la respuesta del actor sobre esta resolución fue aludir que desde 2010 “se reconoce la cuota de pesca artesanal sobre tiburones en Colombia, la cual no ha aumentado desde entonces, manteniéndose en un porcentaje que no afecta la sostenibilidad de las especies”. Esto sería equivalente a decir que “el hecho de que en Colombia se mueran de hambre 100 personas al mes, por ejemplo, eso no afecta; esto es legalizar la atrocidad, porque la población colombiana seguirá floreciente y robusta”.

 

El tiburón sedoso vive en las dos costas de Colombia y esta es una razón suficiente para que se le dé una mayor vigilancia y un control que permita conservar los recursos que brinda el mar.

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