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    Acuerdos de paz no están en el centro de la campaña presidencial

Las recién pasadas elecciones al Congreso de la República configuraron un nuevo legislativo, caracterizado por la pluralidad de fuerzas, aunque no es suficiente la coalición de las tres bancadas más votadas para lograr mayoría y elegir directivas o aprobar iniciativas.

Tal situación puede conllevar dificultades para construir gobernabilidad al nuevo ejecutivo que se posesione el próximo 7 de agosto, pero también puede facilitar la labor de control político, tarea fundamental en un régimen presidencialista como el colombiano.

El país tiene ahora un escenario decantado de fórmulas para la Presidencia de la República. Sin embargo dos de ellas aparentemente han “escapado del pelotón”: Iván Duque, de la coalición de la derecha, y Gustavo Petro, el de la izquierda.

Todo indica que en el tiempo que resta para la elección presidencial a finales de mayo (primera vuelta) se pueden clarificar mucho mejor los escenarios posibles.

Los candidatos utilizaron las falencias del sistema y de las autoridades electorales para establecer las consultas que coincidieron con las elecciones al Congreso y no en otra fecha, como debería ser (estas se habían anunciado a finales de 2017); en noviembre del año pasado los demás partidos dejaron solo al Partido Liberal en la realización de su consulta.

Los candidatos Duque y Petro se favorecieron con la gran exposición mediática y con el esfuerzo de muchos medios de comunicación por polarizar la disputa en una especie de duelo entre derecha e izquierda, o una especie de reedición del plebiscito, que no era del todo real pero que benefició a los dos candidatos.

Todo indica que en el tiempo que resta para la elección presidencial a finales de mayo (primera vuelta) se pueden clarificar mucho mejor los escenarios posibles: el de la polarización, por el momento el más probable, o el de la consolidación de una fuerza de centro.

El “alud” de encuestas que se tendrán –unas más serias que otras–, junto con los debates presidenciales y de los vicepresidentes, así como las demás actividades proselitistas, incluidas las manifestaciones –aunque tengan menos importancia real–, configurarán la recta final de la campaña a la Presidencia del país.

Ahora se tienen seis fórmulas presidenciales: la de Iván Duque, la de Germán Vargas Lleras –otra derecha un poco más moderada–, un centro con dos candidatos, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, la de Gustavo Petro, y la de centro-derecha de Viviane Morales.

Los Acuerdos no se volverán trizas

El tema de la paz pierde centralidad en la agenda de la campaña presidencial. De un lado está el compromiso con la implementación del Acuerdo Final entre el Gobierno y las FARC, y del otro la continuidad –con sus altibajos– de las conversaciones con el ELN en Quito o en otra sede. Sin embargo, paradójicamente las favorables condiciones de seguridad derivadas del Acuerdo entre Gobierno y FARC han puesto este tema en un lugar intermedio de preocupación en la agenda pública.

En relación con la paz, los candidatos se posicionan de la siguiente manera: ninguno respalda hoy en día la idea de “volver trizas” los Acuerdos, entre otras cosas porque no es tan sencillo y porque ningún gobierno está por la labor de gastar su capital político en una batalla de esta índole, que además resultaría costosa.

Aun así, las posiciones con respecto a este asunto tienen matices. Los candidatos Duque y Vargas Lleras pretenden introducir algunos “ajustes” en lo relativo a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y a la participación política de los miembros de las FARC, lo cual desvirtuaría en buena medida el núcleo de los Acuerdos. De hecho, Juan Carlos Pinzón, fórmula vicepresidencial de Vargas Lleras, siempre ha insistido en la necesidad de cumplir lo acordado, aunque no lo compartiera.

En relación con la continuidad o no de las conversaciones con el ELN, el candidato Vargas Lleras es más radical y ha afirmado que si llega a la Presidencia terminaría con el proceso de diálogo. Por el contrario, la fórmula Duque y Martha Lucía Ramírez ha señalado que continuaría las conversaciones con el ELN, con algunos ajustes y condiciones.

Paradójicamente las favorables condiciones de seguridad derivadas del Acuerdo entre Gobierno y FARC han puesto este tema en un lugar intermedio de preocupación en la agenda pública.

Las fórmulas de centro Sergio Fajardo-Claudia López y Humberto de la Calle-Clara López han dicho en todos los tonos que impulsarían la implementación de los Acuerdos con las FARC, pero con respecto al ELN sus iniciativas varían. Mientras Fajardo ha sido más claro y categórico, De la Calle es más crítico: aunque no ha dicho claramente que las terminaría, sí ha formulado reparos a lo que se viene adelantando en la actualidad.

De otra parte, la candidata Viviane Morales tiene reparos en relación con los Acuerdos de La Habana por su influencia y militancia religiosa. No obstante es necesario mencionar que esta candidatura presidencial parece tener poca probabilidad de un resultado electoral importante en primera vuelta; incluso existen dudas acerca de si llegaría a la primera vuelta.

Estrategias de campaña dependen de avances

Que los candidatos modifiquen sus posiciones con respecto a la paz depende mucho de los eventuales avances en la Mesa de Quito con el ELN, como por ejemplo si hay un cese bilateral con vocación de permanencia, o si hay acuerdos en el punto inicial de la agenda sobre participación de la sociedad.

También sobre el inicio del funcionamiento de la JEP, es decir que empiece a ejercer plenamente sus funciones y a mostrar que sí va a ser un mecanismo central para el cierre del conflicto armado.

Por ahora, mientras el tema está en los primeros lugares de la preocupación de la comunidad internacional, ocupa un segundo nivel en la agenda interna, con excepción de aquellas regiones en las que el conflicto con el ELN, las disidencias de las FARC, o el crimen organizado siguen siendo la preocupación vital de los compatriotas que las habitan.

Ojalá la suerte de estos compatriotas que viven en un porcentaje alto del territorio colombiano pese de manera estratégica en las preocupaciones de la campaña y de los candidatos presidenciales.

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